El armador y confidente de Juan Carlos I, Josep Cusí

El armador y confidente de Juan Carlos I, Josep Cusí EP

Política

Josep Cusí, el amigo catalán de Juan Carlos I que estuvo mucho más cerca del poder de lo que contaban las regatas

Instructor de tiro de Franco, armador de los Bribón y confidente del rey emérito, la biografía de este empresario atraviesa algunos de los episodios más delicados del monarca. Se le relacionó con la financiación de la luna de miel de Felipe y Letizia y con una sociedad panameña vinculada a una cuenta en Andorra con diez millones de euros

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Josep Cusí Ferret ha muerto en Barcelona a los 92 años dejando tras de sí una biografía que, leída únicamente desde la vela, podría parecer la historia extraordinaria de un empresario catalán, deportista y aventurero que terminó convirtiéndose en uno de los mejores amigos de un rey.

Pero existe otra manera de contar su vida. Una menos complaciente y probablemente más reveladora sobre cómo funcionaron durante décadas los círculos privados alrededor de Juan Carlos I.

Cusí no fue simplemente el hombre que navegaba con el Rey. Fue durante casi medio siglo una de las personas que gozaron de mayor intimidad con él. El País llegó a definirlo como el “guardián de sus secretos”. Su relación sobrevivió al final del franquismo, la Transición, cuatro décadas de reinado, la abdicación, los escándalos financieros de Juan Carlos I y su marcha de España.

Tras su fallecimiento este miércoles, el rey emérito ha viajado personalmente a Barcelona para asistir a su despedida.

De Franco al príncipe Juan Carlos

La conexión de Cusí con las élites del poder español comenzó antes de la democracia. Nacido en Barcelona en 1934 en una familia acomodada, fue ingeniero electrónico y participó desde joven en el negocio familiar de componentes eléctricos.

También llevó una vida deportiva poco común: natación, waterpolo, submarinismo y tiro olímpico. Compitió en México 1968 y participó siendo muy joven en expediciones relacionadas con Jacques Cousteau.

Pero hay un episodio mucho más revelador para entender su posterior trayectoria. Durante aproximadamente 12 años fue instructor de tiro al plato de Francisco Franco.

Fue precisamente en una de las cacerías del dictador donde coincidió por primera vez con el entonces príncipe Juan Carlos. La amistad se consolidaría posteriormente, alrededor de 1972, cuando Juan Carlos se preparaba en Barcelona para competir en vela en los Juegos Olímpicos de Múnich.

La imagen resulta significativa: Cusí enlaza dos épocas. Primero frecuenta el entorno cinegético de Franco y posteriormente se convierte en uno de los hombres de absoluta confianza de quien sería jefe del Estado durante casi cuatro décadas.

El empresario que puso los Bribón

La vela fue el elemento visible de esa relación. Cusí se convirtió en armador de la saga de los Bribón, los barcos con los que Juan Carlos I participó durante décadas en competiciones nacionales e internacionales.

El propio Cusí financiaba las embarcaciones y navegaba junto al monarca. El País recuerda que llegó a ser armador de alrededor de quince Bribón y que puso también a disposición de la Familia Real otras embarcaciones para sus desplazamientos privados.

La explicación pública siempre fue sencilla: amistad, deporte y pasión por el mar.

Pero observada con perspectiva, la relación muestra algo más interesante. Durante décadas, un empresario privado asumió gastos y proporcionó bienes utilizados por el jefe del Estado para actividades personales. No se trataba de una relación institucional entre una empresa y la Casa del Rey. Era una relación de confianza entre particulares.

Cusí formaba parte de esa reducida constelación de empresarios y amigos capaces de solucionar necesidades privadas del monarca sin que prácticamente trascendiera nada al exterior. Su principal virtud era precisamente la discreción.

Los 269.000 dólares de la luna de miel de Felipe y Letizia

Esa discreción comenzó a resquebrajarse en 2020. The Telegraph publicó entonces que la luna de miel de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz después de su boda de mayo de 2004 había tenido un coste aproximado de 467.000 dólares. Según la investigación del periódico británico, Juan Carlos I habría asumido una parte y la sociedad Navilot, propiedad de Josep Cusí, habría pagado facturas por unos 269.000 dólares. El viaje llevó a los entonces Príncipes de Asturias por destinos como Camboya, Fiji y California.

El abogado de Cusí declaró entonces que no le constaba que su cliente hubiese pagado esas facturas.

Pero la información planteaba una pregunta incómoda que iba mucho más allá del viaje: ¿por qué una sociedad privada perteneciente a uno de los amigos íntimos del jefe del Estado asumía centenares de miles de dólares de gastos relacionados con el hijo del Rey?

Un análisis posterior de la información mercantil de Navilot añadió otra anomalía. El diario Ara señaló que la empresa perdió aproximadamente 322.000 euros en 2004, precisamente el ejercicio en el que, según The Telegraph, habría desembolsado unos 240.000 euros para aquel viaje.

El mismo periódico constataba que la dimensión económica conocida de las empresas vinculadas a Cusí hacía difícil explicar a simple vista la capacidad para realizar regalos de semejante magnitud.

Aquello transformó al viejo compañero de regatas en un personaje de interés para las investigaciones sobre las finanzas privadas del entorno real.

La sociedad panameña y los diez millones de Andorra

Un año después llegó la información más delicada. En junio de 2021, El Confidencial publicó que una cuenta en Andbank vinculada a Juan Carlos I había llegado a mantener saldos de hasta diez millones de euros. Formalmente, la titular era una sociedad panameña denominada Stream SA.

La investigación sostenía que las acciones de esa compañía estaban depositadas en manos de Josep Cusí y calificaba al empresario como presunto fiduciario del monarca. La estructura habría permitido establecer diferentes barreras entre el dinero de la cuenta y Juan Carlos I.

El elemento resulta especialmente relevante porque conecta a Cusí con otro de los grandes nombres de las investigaciones financieras alrededor del emérito: Álvaro de Orleans-Borbón.

La Fundación Zagatka, vinculada al primo del Rey, transfirió al menos 150.000 euros a Stream SA, según la documentación citada por El Confidencial. Zagatka fue posteriormente investigada por haber sufragado durante años millones de euros en vuelos privados utilizados por Juan Carlos I.

Stream había sido creada en Panamá mediante Alcogal, uno de los grandes despachos especializados en sociedades offshore y posteriormente protagonista de los Pandora Papers. La mercantil permaneció operativa hasta 2016.

Nada de esto permite afirmar por sí solo que Cusí cometiera un delito. Pero sí modifica sustancialmente la imagen del personaje.

El hombre al que durante décadas se presentó únicamente como compañero de regatas del Rey aparece también en investigaciones periodísticas sobre algunas de las estructuras societarias utilizadas alrededor del patrimonio privado del antiguo jefe del Estado.

Más que un amigo

Quizá por eso la palabra “amigo” se queda corta para explicar la relación. Cusí era amigo, pero también armador. Confidente, pero también financiador de embarcaciones. Compañero deportivo, pero igualmente una persona cuyo nombre terminó apareciendo relacionado con sociedades y pagos privados de extraordinaria sensibilidad para la Familia Real.

Su papel recuerda al de otros hombres de absoluta confianza que rodearon a Juan Carlos I: empresarios, aristócratas o financieros que, desde estructuras privadas, facilitaron vuelos, barcos, viajes o recursos al monarca.

Álvaro de Orleans gestionaba Zagatka. Otros empresarios asumieron posteriormente el mantenimiento o financiación de embarcaciones. Pedro Campos convirtió Sanxenxo en uno de los principales refugios deportivos y personales del emérito después de la abdicación.

Cusí pertenece a una generación anterior y posiblemente más importante: la que estuvo junto al monarca desde antes incluso de que llegara al trono.

La discreción como sistema

Durante décadas prácticamente nadie preguntó cuánto costaban los Bribón, quién pagaba determinadas actividades privadas del Rey o qué estructuras económicas existían alrededor de su círculo de amistades. Esa ausencia de preguntas fue también una característica de la España de Juan Carlos I.

Cusí encarnaba perfectamente aquel modelo. Apenas concedía entrevistas. No explicaba sus conversaciones con el monarca. No revelaba detalles de sus viajes, cacerías o relaciones familiares. Incluso cuando las controversias comenzaron a rodear al Rey, siguió defendiendo públicamente a su amigo.

Su biografía puede por tanto leerse de dos maneras. La primera es la historia romántica del aventurero catalán que navegó con Cousteau, compitió en unos Juegos Olímpicos y terminó compartiendo durante medio siglo regatas con un rey.

La segunda es políticamente mucho más interesante. Es la historia de un hombre que conoció a Juan Carlos en el universo social de las cacerías de Franco, acompañó su ascenso al trono, financió durante décadas las embarcaciones que utilizaba, apareció relacionado con cientos de miles de dólares del viaje de boda de su hijo y terminó figurando en investigaciones sobre una sociedad panameña asociada a una cuenta andorrana de hasta diez millones de euros vinculada al entorno patrimonial del emérito.

Durante muchos años Josep Cusí fue conocido simplemente como “el armador del Bribón”. Quizá su verdadera importancia estuviera precisamente en todo aquello que sucedía cuando no estaba navegando.