Alberto Gimeno, entrevistado en Crónica Global con motivo de la publicación del libro ‘Mónica García, de la marea al chapapote’ Barcelona
Alberto Gimeno: "El sectarismo de Mónica García en el Ministerio de Sanidad ha sido lesivo para la ciudadanía"
Crónica Global entrevista al periodista con motivo de la publicación del libro sobre la ministra
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El periodista Alberto Gimeno (Barcelona, 1964) acaba de publicar Mónica García, de la marea al chapapote, un libro editado por Crónica Global en el que repasa la trayectoria de la ministra de Sanidad, una de las más polémicas del actual Gobierno.
En una conversación con este medio, el autor profundiza en las motivaciones que le han llevado a escribir esta obra y avanza algunas de las claves que los lectores descubrirán en el texto.
Alberto Gimeno: "El sectarismo de Mónica García en el Ministerio de Sanidad ha sido lesivo para la ciudadanía"
–Señor Gimeno, ¿qué se encontrará el lector en este libro?
–Pues se encontrará un relato de la gestión de la ministra de Sanidad, Mónica García, y una correlación de actuaciones para situar al lector en las sombras, porque la gestión tiene más sombras que luces. Es un recorrido sobre el funcionamiento de su gestión en el Ministerio de Sanidad y también, para situar al lector, un poco a grandes trazos la vida de Mónica García como política, como médica, como activista, un poco un toque general a su persona y una lupa específica en la gestión de Sanidad.
–¿Y por qué ha creído necesario escribir este libro?
–Bueno, es uno de los sectores clave de la economía española. Es un sector que está en pie de guerra como no lo está prácticamente ningún otro sector. Hay muchas dificultades en otros sectores, pero que todo el colectivo sanitario, o que todo el colectivo que cointegra un sector, esté en pie de guerra con su administración es bastante inaudito. Y por esa razón era importante. Luego tengo bastantes amigos médicos que su situación me había permitido conocer un poco más de cerca las dificultades y los problemas que tienen.
–Como dice, Mónica García se ha enfrentado o está enfrentada a todo el colectivo, a médicos, a pacientes, a empresas sanitarias, incluso a los estudiantes de medicina, es decir, a prácticamente todo el colectivo, a todos los agentes. ¿Por qué cree que está enfrentada a todos ellos?
–Pues por su modo de gestión, probablemente. Yo creo que hay políticos que digamos que su habilidad está en incentivar una tensión realmente importante en el sector. Ella creo que quiere implantar sus ideas, ahí podemos estar de acuerdo ideológicamente, sí o no, con las ideas que cada político desea plasmar en su obra. Pero luego la manera de, digamos, imponer sus ideas se ha realizado en un modo que ha tensionado a todo el mundo. Porque aquí no estamos hablando de que haya tensionado al sector profesional de la sanidad más conservador y que el lado progresista esté secundando a la ministra. No, no. Es que, como decía una cirujana que aparece en el libro y que deseó que no saliera su nombre por miedo a las represalias, esta ministra nos ha unido a todos los médicos, a los de izquierdas, a los de derechas, a los jóvenes y a los veteranos.
Alberto Gimeno, entrevistado en Crónica Global con motivo de la publicación del libro ‘Mónica García, de la marea al chapapote’ Barcelona
–¿Es Mónica García, entonces, la peor ministra de Sanidad de la democracia?
–Eso es muy difícil de decir, pero sí que realmente es la ministra que yo recuerde, y ya tengo unos cuantos años, que más tiene tensionado a todo el sector y que ha tomado más cartas en el asunto, pero no para aliviar las tensiones sino para seguir azuzando los problemas que tiene el sector. A lo mejor no era su voluntad, pero es lo que ha conseguido.
–Y, entrando un poco en las motivaciones o en los porqués, ¿cree que a Mónica García le servirá su paso por el Ministerio de Sanidad como una especie de trampolín para liderar lo que sería el espacio político de Sumar o su gestión tan criticada va a ser un lastre para ese salto que parece que está dispuesta a dar?
–Yo creo que su salto al Ministerio de Sanidad ella lo podía interpretar como una plataforma de lanzamiento para el futuro. Tengo la sensación de que en su voluntad está la de seguir creciendo políticamente más en el área política que no en la política más relativa a la sanidad como es el Ministerio de Sanidad. De todos modos, yo tengo la sensación de que eso no lo va a conseguir, y no solo por su gestión en el Ministerio de Sanidad, sino porque realmente tiene otros candidatos dentro de su formación política que también están levantando la mano y que el modo de gestión así tan agresivo creo que no es el cuadro más preferido por los votantes. Incluso los votantes de su formación política.
–En el subtítulo del libro se habla de la trayectoria política de Mónica García. ¿Hasta qué punto sigue siendo aquella anestesista de la Marea Blanca? ¿O ya es una política profesional de manual, por decirlo de alguna forma?
–Yo tengo la sensación de que siempre ha sido una política de manual, incluso cuando no era política. De hecho, algunos compañeros suyos en el Hospital 12 de Octubre de Madrid ya la recuerdan como una activista. Pasará a la memoria de esos profesionales más por su posición política dentro del hospital que no por su ingente cantidad de trabajo sanitario dentro del hospital. Ella ya tenía ese gen político. De hecho, es hija también de un médico psiquiatra que también había militado y había tenido cargos en el Partido Comunista. Yo creo que ese gen lo tenía ella adquirido. Es decir, no se ha perdido o no se ha trasvasado un médico a la sanidad, sino que es una política que estudió medicina, estuvo en sanidad y luego ha vuelto a la política.
Alberto Gimeno, entrevistado en Crónica Global con motivo de la publicación del libro ‘Mónica García, de la marea al chapapote’ Barcelona
–Usted utiliza el término "chapapote" como metáfora del fango, del desgaste del poder. ¿Cuál cree que ha sido el sapo más difícil de tragar o la mayor contradicción ideológica que ha tenido que asumir la señora García desde que llegó al ministerio?
–Bueno, el término chapapote, más que nada, está utilizado como metáfora de en lo que ha convertido en este momento el sector de la sanidad. Tampoco, que no se lleve a engaño el lector, la sanidad era una Arcadia feliz en la que todo funcionaba perfectamente. También hay que darle esa salida del ajedrez a la ministra García. O sea, la sanidad ya venía con problemas y tenía muchos problemas y había muchas cosas por solventar. Pero ella, con su gestión, con su talante, con su manera de hacer y sobre todo con esa búsqueda de un enfrentamiento en colectivos que realmente a lo mejor ella hubiera tenido la facilidad para sacar determinados acuerdos, ha convertido al sector en un auténtico chapapote. Si ella viene de una marea que se prometía una acción limpia y transparente, esas aguas ahora son muy turbulentas y son las que sufre el ciudadano, las que sufren los profesionales de la medicina y las que contaminan el sector en general.
–Pero, ¿cuál es el punto negro más específico?
–Pues no me atrevería a decirte ninguno, pero yo creo que esa fijación por combatir todo lo que huela a privado, y especialmente todo lo que huela a privado en la Comunidad de Madrid. Yo creo que ese es un problema. No se puede gestionar con inquina. Cuando gobiernas con inquina tienes un problema, del signo que sea la inquina, ¿eh? Podríamos estar hablando de un ministro de centroderecha o de derecha marcada que tenga una inquina con un asunto anterior del mundo progresista. La inquina es mala para gobernar, y yo tengo la sensación de que la ministra García ha gobernado la sanidad con demasiada inquina, demasiados prejuicios respecto a todo lo que compete a la privatización y, sobre todo, por encima de todo, a las relaciones público-privadas, que son la esencia para que la sanidad en España funcione bien. ¿Usted se imagina una sanidad pública en España sin privada? Saltaría por los aires. No tenemos capacidad para dar buen servicio a toda la ciudadanía.
–¿El “chapapote” generado por la ministra ha sido solo por una cuestión ideológica o también quizás por su perfil personal? En Madrid vimos que su liderazgo se basaba en una especie de confrontación directa y visceral contra el ayusismo. Pero el Ministerio de Sanidad lo que normalmente necesita es muchísima capacidad negociadora, engrasadora, no solo con los agentes, sino con las comunidades autónomas, etc. ¿Quizá no era el mejor perfil para un ministerio como el de Sanidad?
–Probablemente no. Lo que pasa es que imagino que colocaron a Mónica García ahí por su condición de médica. Que está bien que un político acceda a un ministerio de una materia que conoce perfectamente, pero, claro, una cosa es tener la carrera de medicina, haber ejercido como médico, y la otra es saber gestionar un maremágnum de cuestiones y de opciones que tienen a todo un país en vilo.
–Y más en un ministerio que necesita tanto equilibrio, tanto cuidado… Poner ahí a una persona con una ideología tan marcada…
–Los toques marcados, sectarios, no son el mejor perfil para un político. En general, no debería ser el mejor perfil para ningún ministerio, pero, por supuesto, en sanidad… aunque exista la creencia de que las comunidades autónomas son las que gestionan completamente toda la sanidad en todo el país, y es verdad que las comunidades tienen el peso máximo de la de la gestión, el ministerio tiene una función que hacer, puede legislar, como ha intentado hacer la señora García, sin éxito, porque ha conseguido sacar adelante unas leyes que no se van a implementar. No va a desaparecer la sanidad público-privada. De momento, la ley del tabaco no ha conseguido la prohibición absoluta de fumar en las terrazas, a día de hoy. Hay cosas que a lo mejor es mejor dialogar, abordar, querer llegar a consensos. Pero para dialogar con éxito tienes que querer llegar a consensos. Tengo dudas de si realmente ese era el objetivo de la gestión de ese ministerio.
Alberto Gimeno, entrevistado en Crónica Global con motivo de la publicación del libro ‘Mónica García, de la marea al chapapote’ Barcelona
–Para escribir el libro imaginamos que ha hablado con mucha gente de su entorno, tanto gente que está a favor de su gestión como detractores. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido que dijeran sobre la ministra en privado que quizá no se atreven a decir en público?
–En público no se atreven a decir casi nada. Hay mucha gente con la que se ha hablado en el libro, pero hay pocos citados directamente. Y mucha gente que está citada también sale porque ha publicado cosas. Yo he querido basarme también en muchas publicaciones de la prensa en general porque son cuestiones que ya han visto la luz y que también están marcando el hilo argumental de una gestión analizada desde muchos vectores diferentes. Hay gente que no se atreve a dar su nombre porque cuenta cosas que no serían favorables a la opinión pública de la ministra. Algunas aparecen reflejadas y otras cuestiones no aparecen en el libro porque no ha sido posible tener una verificación más a fondo de de esas cuestiones, y no vamos a publicar una cosa de la que no tenemos una certeza absoluta.
–¿Cómo cree que la ven desde el Partido Socialista, desde los socios de gobierno? ¿Valoran positivamente la gestión de Mónica García? ¿La ven como un activo valioso o como el precio que tienen que pagar por la coalición a pesar de las fricciones y el posible lastre que les pueda generar?
–Yo creo que en la esfera del PSOE hay muchas opiniones diferentes. Pero dentro del mundo PSOE, que no es el mundo Sumar ni el mundo Más Madrid, hay bastante crítica de fondo con la gestión. Crítica que nadie se va a atrever a dar en público, pero, insisto, un sector clave de la sociedad española, como es la sanidad, lo ideal es llevarlo por unos derroteros de mayor consenso, de mayor engrase, como usted decía, de mayores facilidades que intenten al menos conseguir posiciones comunes para resolver los problemas. A lo mejor no se pueden resolver. Ninguno de los ministros precedentes de Sanidad ha logrado un pacto inequívocamente perfecto para el sector. Pero a ningún ministro anterior, ni del PP ni del PSOE, le han armado un follón como le están armando a Mónica García y lo está haciendo gente que probablemente en las urnas vote opciones idénticas o similares a las que defiende la señora García.
Alberto Gimeno, entrevistado en Crónica Global con motivo de la publicación del libro ‘Mónica García, de la marea al chapapote’ Barcelona
–El libro empieza haciendo un repaso de su pasado, de su entorno familiar y personal. Habida cuenta de que en su ámbito político la moralidad es uno de los elementos que se plantean como crítica a otras opciones políticas, parece que la ministra ha caído en ciertas contradicciones personales, como el estatus que le permitió tener una juventud muy desahogada, el tema del chalé, el bono social que cobraba cuando no debía… ¿Cree que esas contradicciones han mermado la credibilidad de la ministra entre sus potenciales votantes, entre ese público de Sumar o da igual y lo dan por descontado?
–Hombre, yo creo que algunas actitudes deberían poner en guardia a muchos de sus posibles votantes. Por ejemplo, ella cometió dos errores importantes, que fue cobrar el bono social térmico y cobrar indebidamente una parte de salario en la época que cohabitaba profesionalmente entre el 12 de Octubre y la Asamblea de Madrid. En ambos casos tuvo que devolver el dinero. En uno de los casos el titular del bono era su exmarido, no era ella, pero, bueno, en los dos problemas el error ha beneficiado a Mónica García o a su familia. Casualmente el error no ha sido en contra de ella, ha sido a favor de ella. Estas cosas yo creo que cualquier político tiene que vigilarlas, pero los políticos que además hacen una defensa tan extensiva del sesgo moral, con más motivo. El chalé en Navacerrada, bueno, está en una zona que la legislación ahora determinó como que es una construcción que no es legal. Se está empezando a actuar, la justicia ya ha dicho su última palabra y la familia de Mónica García pues tiene ahí un chalé en una posición irregular. ¿Esto es culpa de Mónica García directamente? No, esto viene de su familia. Pero, bueno, ella es la ministra de Sanidad, hay que dar ejemplo de moralidad. Los políticos en general, de derechas también. Que aquí la moralidad no solo la tiene que cumplir la gente de izquierdas. La moralidad es imprescindible para hacer política y para ostentar cargos públicos. Y si, además, tú te eriges en un referente moral, pues mucho más todavía.
–¿Qué cree que más le molestará a Mónica García de este libro?
–El objetivo no es que le moleste, el objetivo es explicarle a la gente las cosas que, desde mi punto de vista, no se han hecho bien, y a mí me encantaría que Mónica García diera un giro copernicano a su gestión. O sea, no es un problema con Mónica García, a la que no conozco. Es un tema de que ese tipo de gestión y ese tipo de hacer política personalmente creo que es nociva y afecta no solo a una parte del electorado, yo creo que afecta por igual a todo el electorado, incluso, como usted decía antes, a la gente que vota su opción política.
–Si tuviera que resumir en una sola palabra el balance de estos dos años y medio de gestión de Mónica García al frente del ministerio que se analiza en el libro, ¿cuál sería esa palabra o ese sintagma?
–Pues no sé si una palabra sola, pero yo creo que el sectarismo en esa gestión ha provocado un resultado lesivo para la ciudadanía.