Fotomontaje de David Bonvehí y Marc Solsona frente a la sede del PSC

Fotomontaje de David Bonvehí y Marc Solsona frente a la sede del PSC

Política

El PSC engulle los restos del PDECat

De los 198 concejales que obtuvo la extinta formación en las últimas elecciones municipales, aproximadamente la mitad prevén concurrir junto a los socialistas en 2027

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El PSC está negociando con varios concejales del extinto PDECat su fichaje para las próximas elecciones municipales.

Los herederos de Convergència, tras encadenar fracasos electorales y arrollados finalmente por Junts –con quienes llegaron incluso a los tribunales por cuestiones de marca–, se disolvieron oficialmente en octubre de 2023.

Pero hasta 198 regidores, fruto de los comicios locales de mayo del mismo año, siguen en ayuntamientos repartidos por todo el territorio catalán. Maniobrando para sobrevivir al deceso de su partido y sin querer oír hablar de la formación de Carles Puigdemont, que en su día declaró la guerra a quienes no abrazaron su escisión unilateralista.

Ara Pacte Local

La fórmula del PDECat para morir matando en sus penúltimas elecciones, pues se presentaron también en las generales de aquel verano, fue la plataforma municipalista Ara Pacte Local, integrando también a otros partidos de ámbito comarcal.

Adoptaron nombres distintos en los más de 150 municipios en los que se presentaron, y lograron gobernar algún ayuntamiento relevante como el de Mollerussa, capital del Pla d'Urgell.

Su alcalde, Marc Solsona, es uno de los impulsores de que la organización siga en pie más allá del PDECat, y está dispuesto a dar la batalla en 2027, como acordaron el pasado fin de semana en un congreso celebrado en Vilobí d'Onyar.

Área metropolitana

Si bien la voluntad de los municipalistas es presentarse en solitario en localidades donde les fue bien en 2023 –Manresa, Vic, Blanes, La Rápita, Malgrat de Mar o la propia Mollerussa son algunos ejemplos–, la mayoría de candidatos del área metropolitana de Barcelona buscan integrarse en listas con más opciones.

En este sentido, la dirección de Ara Pacte Local deja "libertad" a cada sección municipal para elegir. Pero si hace tres años había otras opciones preferentes, ahora muchos se dejan seducir por los socialistas, que les han invitado a unirse a su proyecto como ya hiciera Units per Avançar, formado por exmiembros de Unió Democrática, en 2017.

Según fuentes de la plataforma, y a la espera de una reunión formal con la dirección del PSC, que aseguran se producirá pronto, "aproximadamente la mitad de las candidaturas serán en coalición". Es decir, alrededor de 75 de las 150 previstas.

David Bonvehí

El último presidente del PDECat, David Bonvehí, también juega un papel importante en esta alianza por la que el partido de Salvador Illa, con toda la intención, prevé engullir a los restos convergentes que desprecian a Junts.

Diputado en el Parlament durante siete años, Bonvehí se incorporó al Govern socialista en 2024. Concretamente al llamado sottogoverno, como Director General de Economía Social de la Generalitat, en el Departamento de Empresa y Trabajo que lidera Miquel Sàmper.

El actual conseller, militante de Convergència i Unió durante 30 años y con pasado tanto en los demócratas como en Junts, fue una de las sorpresas del nuevo Consell Executiu. Y es ahora su número dos, implicado como una de las caras visibles en Ara Pacte Local, con la que ultima su integración parcial en el partido que gobierna Cataluña.

Pragmatismo

Y es que para muchos exconvergentes es el PSC quien encarna el pragmatismo que precedió a la locura del procés en la derecha catalanista moderada. Son perfiles que apuestan por el entendimiento con el Estado, gobernar para el conjunto de la ciudadanía y hacerlo de la mano del empresariado, que está mayoritariamente cómodo con los socialistas.

En este sentido, pese a que sobredefinirse ideológicamente supone una "limitación" para Ara Pacte Local, sus cuadros comparten la voluntad de "ser útiles y defender los servicios públicos", dos ejes prioritarios que posibilitan esta jugada.

Una maniobra en la que, de paso, el primer partido de Cataluña consigue debilitar a su principal competidor.