Arranca el nuevo curso político con la incertidumbre de la fecha de los comicios catalanes. El Covid-19 y el deseo de Carles Puigdemont de ganar tiempo para consolidar su nuevo proyecto político complican la posibilidad de una cita electoral a corto plazo. Uno de los principales motivos del expresidente catalán para alargar el mandato en contra de los deseos de Quim Torra es torpedear la mesa de diálogo entre Gobierno y Generalitat, la gran apuesta de sus rivales republicanos.

Fuentes de ERC no ocultan la preocupación que supone la negociación de los Presupuestos Generales del Estado entre Pedro Sánchez y Ciudadanos, ya que una de las condiciones que la formación naranja, sin duda, pondrá al presidente español es renunciar a ese diálogo con los independentistas sobre el futuro de Cataluña. Y el partido de Oriol Junqueras no puede permitirse fracasar en su principal estrategia electoral. ¿La única frente a Junts per Catalunya (JxCat)?

 

 

Rufián avisa al Gobierno que debe elegir entre Cs o ERC (01/08/2020)  / EP

ERC también necesita incluir en sus credenciales una buena gestión del coronavirus, pues no solo están al frente de las áreas de salud y asuntos sociales en el gobierno catalán, sino que también son los responsables de las políticas educativas, en el foco mediático y social debido a la inminente vuelta al cole.

Los republicanos están obligados, por tanto, a cubrir dos flancos: el pragmático, que representaría un buen historial de gestión, y el sentimental, el que tiene que ver con los coletazos procesistas. Y aunque la lógica induzca a pensar que la crisis sanitaria, social y económica es la principal preocupación de los catalanes, el gran temor de los republicanos es que motivos mucho menos racionales, los que todavía sostienen la marca Puigdemont, se impongan de nuevo en las elecciones catalanas.

Pedro Sánchez (i), junto a Quim Torra (c), Pere Aragonès (2d) y Elsa Artadi (d), en una imagen de archivo / EFE

Diálogo 'versus' confrontación

El de Waterloo se sabe fuerte en ese terreno y, por ello, ha optado por una “confrontación inteligente” vacía de contenido, pero a la que se han sumado con pasión los principales voceros del independentismo unilateral. El eslogan de JxCat no deja ser el enésimo dardo contra el diálogo que abrazaron hace meses los republicanos, logrando así un protagonismo político y mediático amenazador para los neoconvergentes.

Carles Puigdemont y el presidente del PDECat, David Bonvehí / TWITTER

La pandemia y el tacticismo del Gobierno de Sánchez, que conoce los riesgos de dar demasiada coba a los independentistas catalanes, ha dejado en el aire esa mesa de diálogo. Máxime cuando la nueva temporada política a nivel nacional comienza con los primeros contactos para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. De nuevo, Sánchez deberá elegir entre Ciudadanos --que a pesar del incendio provocado en Cataluña con la imposición de Carlos Carrizosa como candidato autonómico sigue siendo la gran esperanza de un sector económico que rechaza populismos podemitas y separatistas-- y ERC, que apoyó su investidura.

La inmunidad de Puigdemont y la inhabilitación de Torra

Las cosas hubieran sido más sencillas para Sánchez si los comicios catalanes se hubieran convocado en primavera tras la aprobación de las cuentas catalanas, como prometió Torra, o incluso en septiembre u octubre, a pesar de la agitación soberanista que suele desatarse en la Diada y en los aniversarios del referéndum del 1-O y de la aprobación de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI).

Pero el fugado Puigdemont, pendiente de que el Parlamento Europeo se pronuncie sobre su inmunidad --otro momento procesal que JxCat quiere exprimir bien--, prefiere posponer los comicios, a la espera de que ERC fracase, tanto en la mesa de diálogo como en su gestión del Covid-19. No así Torra, que busca una salida digna antes de que el Tribunal Supremo confirme su inhabilitación.

Corredor, Rodalies, financiación...

Por ello, ERC necesita con urgencia que de esos contactos con Sánchez salga algún acuerdo sobre Cataluña que evite el descalabro. Descartada cualquier concesión que haga referencia a un referéndum de autodeterminación por parte del PSOE, los republicanos se encomiendan a medidas más económicas o sociales. En realidad, éstas se discuten en otras comisiones bilaterales, pero se enmarcan en la “agenda para el reencuentro” que el presidente Sánchez expuso en febrero al Gobierno catalán en la reunión celebrada en el Palau de la Generalitat y que podrían salvar la estrategia de ERC: nueva financiación autonómica (nueva distribución de recursos y competencias fiscales) o infraestructuras (Corredor Mediterráneo, o un hipotético traspaso total de Rodalies).

Cayetana Álvarez de Toledo con el diputado del PPC Daniel Serrano (i) y el presidente de los populares catalanes, Alejandro Fernández, en el Parlament / EFE

El PSC también ha hecho suya esa apuesta por el diálogo, en la línea de convertirse en el referente de un catalanismo que en las elecciones de 2017 dio un voto de confianza a Cs. Las encuestas preelectorales, las mismas que dan por ganadora a ERC, apuntan a un importante crecimiento de los socialistas catalanes, a la espera de que ese nuevo catalanismo que sigue marcado por un amasijo de siglas --PNC, PDECat, Lliga, Units, Lliures, Convergents-- decida unificarse o mantenerse atomizado. De momento, la mayoría de estos partidos siguen llamando a la puerta del PSC para explorar posibles alianzas electorales.

El reto del centroderecha catalán

Romper los bloques, esto es, lograr un trasvase de votos entre independentistas y constitucionalistas que ponga fin a la mayoría secesionista es el gran reto de PSC, Ciudadanos y PP, mientras que los comunes, el referente podemita en Cataluña, siempre ha mantenido los puentes con ERC. El pacto presupuestario en Cataluña fue el embrión de un nuevo tripartito que choca con las malas relaciones de Miquel Iceta con los republicanos. A pesar de los rumores sobre un posible relevo del líder socialista por Salvador Illa, cuya gestión como ministro de Sanidad le ha hecho subir muchos enteros, lo cierto es que la maquinaria electoral del PSC ha arrancado con Iceta como cabeza de lista. Illa parece que está llamado a ocupar cargos más importantes en el Gobierno de Sánchez.

En paralelo, Cs y PPC se miran de reojo de cara a una hipotética Cataluña Suma como la navarra, pero de momento no hay ninguna decisión tomada. Los populares no quieren ser la muleta de Cs, un partido al parecer en caída libre, aunque tampoco renuncian a un centroderecha fuerte que neutralice la entrada de Vox en el Parlament pues, a fin de cuentas, será este partido de extrema derecha el que acapare el voto de castigo a Puigdemont si una opción conservadora y moderada no se consolida como alternativa a los independentistas.