Alejandro Tercero opina sobre Jordi Clos
Jordi Clos, Interprofit y la libertad de información
"El veto del presidente del Gremi d'Hotels de Barcelona a 'Crónica Global' demuestra la importancia de una prensa libre e independiente"
La máxima de Jefferson de que es preferible una prensa sin Gobierno a un Gobierno sin prensa es aplicable a todos los ámbitos de poder. Especialmente, al económico.
Cuando los poderosos no tienen quien les fiscalice, tienden a cometer todo tipo de abusos. Por eso, para una democracia plena, son fundamentales medios de información libres e independientes, y por eso los poderosos suelen detestarlos, atacarlos o tratar de comprarlos.
De hecho, uno de los dilemas a los que se ha enfrentado la prensa desde su nacimiento es la permanente búsqueda del equilibrio entre la libertad de información y la servidumbre que intentan imponer mecenas y anunciantes.
Crónica Global ha recibido todo tipo de presiones y desprecios en sus más de diez años de existencia. Y sigue recibiéndolos.
Esta misma semana, este medio ha sido vetado para cubrir la rueda de prensa de balance de la campaña de verano de la cadena Derby Hotels Collection, de la mano de la agencia de comunicación Interprofit. Y no ha sido la primera vez que ha sido excluido.
La censura se produce tras la publicación por parte de Crónica Global de una serie de informaciones críticas con Jordi Clos, máximo accionista de la compañía y presidente del todopoderoso Gremi d’Hotels de Barcelona, la principal patronal del sector.
Entre otras noticias, este medio ha revelado las presiones del Gremi a los bufetes que se atrevieran a defender a los pequeños propietarios de pisos turísticos.
La patronal apoya la eliminación de las licencias turísticas –anunciada por el Ayuntamiento de Barcelona para 2028– para los pisos sueltos, pero aboga por el mantenimiento de dichas autorizaciones para aquellos que estén en edificios completamente dedicados a esa actividad.
Curiosamente, Clos, a través de la marca Barcelona Apartment explota centenares de apartamentos turísticos en edificios completos en la capital catalana.
De conseguir sus pretensiones, el negocio sería redondo, pues eliminaría de una tacada la competencia de los hoteles y de su imperio de apartamentos turísticos.
Y denunciarlo, convierte a quien lo hace en un elemento incómodo al que conviene ningunear, arrinconar y marginar.