Vegetación en un bosque
“La sostenibilidad genera culpabilidad; la regeneración genera esperanza”
Òscar Gussinyer, cofundador de Resilience.Earth, trabaja para introducir en Cataluña una nueva mirada sobre la transformación de personas, organizaciones y territorios
En 2017, la autora y consultora empresarial estadounidense Carol Sanford publicaba The Regenerative Business, un libro dirigido a empresas y organizaciones con el objetivo de popularizar una manera de entender el cambio que iba un paso más allá de la sostenibilidad. No se trataba ya de limitar el daño o de mantener lo que existe, sino de regenerar: crear las condiciones para que las personas, las organizaciones, las comunidades y los territorios recuperen sus capacidades, evolucionen y prosperen.
La idea de regeneración ha ido ganando terreno en los últimos años, también en Cataluña. Uno de los principales impulsores de esta corriente es Òscar Gussinyer, cofundador de Resilience.Earth, una cooperativa con sede en Olot que trabaja con comunidades, cooperativas, empresas e instituciones para avanzar hacia modelos “más resilientes y regenerativos”. ¿Pero qué significa regenerar? ¿En qué se diferencia de la sostenibilidad?
Dos conceptos diferentes
Para Gussinyer, licenciado en Ciencias Ambientales y especializado en sostenibilidad, permacultura y desarrollo regenerativo, la diferencia va más allá de la semántica. La sostenibilidad parte de una pregunta: ¿cómo conseguimos que lo que hacemos haga menos daño? Mientras que la regeneración plantea otra: ¿cómo creamos un modelo nuevo?
“Si hablamos de reciclaje, por ejemplo, podemos preguntarnos por qué generamos tantos residuos. En lugar de trabajar sobre el problema, vamos al origen”, explica. El objetivo no sería únicamente gestionar mejor los residuos, sino preguntarse qué cambios permitirían que ese residuo ni siquiera llegara a generarse.
La misma lógica se aplica a los territorios y a las organizaciones. La resiliencia busca que un sistema pueda resistir y recuperarse ante una perturbación; la regeneración pone el foco en la capacidad de las personas que forman parte de ese sistema para convertirse en agentes capaces de transformarlo.
De la alimentación a la energía
En el sector agroalimentario, Resilience.Earth ha acompañado, por ejemplo, el nacimiento de Artiga Coop, el primer supermercado cooperativo de la Garrotxa, y el FESSrural, el primer Festival de la Economía Social y Solidaria Rural de Catalunya, que este verano cumplió su 7ª edición, en el municipio de Riner (Solsonès).
En el terreno energético, Resilience.Earth apoya la creación de comunidades energéticas, como la creada por un grupo de vecinos de Montolivet (La Garrotxa) basadas en modelos descentralizados que combinan la producción local de energía renovable con la gobernanza colectiva. “Así, se minimiza la dependencia de los monopolios energéticos y se reducen los impactos ambientales, adaptando los sistemas a las necesidades concretas de cada territorio”, aseguran en la web.
“No se trata de alargar lo que ya tenemos, sino de crear un modelo nuevo, más participativo”, sostiene Gussinyer. La diferencia entre conceptos puede parecer sutil, sostiene, pero cambia de forma radical el punto de partida.
Mirada regenerativa
Según Gussinyer, en lugar de preguntar qué estamos haciendo mal, la mirada regenerativa pregunta qué potencial existe en nosotros mismos y en las organizaciones que lideramos, y qué podemos hacer con él. Otro ejemplo que le gusta poner es el papel que tuvieron en la elaboración del Plan de Acción Sectorial del Ámbito de Turismo de la Cerdanya (PAS-Turisme), en 2019, un proyecto de diagnosis y co-creación que invitaba tanto a la administración pública, como al sector privado y la sociedad civil a reflexionar sobre qué modelo turístico deseaban para su comarca.
“La sostenibilidad genera culpabilidad; la regeneración genera esperanza”, sostiene Gussinyer. Frente a una cultura basada en reducir, limitar y compensar —consumir menos, contaminar menos, emitir menos—, la regeneración propone cambiar el punto de partida: asumir responsabilidad no desde la culpa, sino desde la capacidad de crear algo diferente.
Imagen de un encuentro sobre regeneración
Ese cambio de mirada está en el centro del trabajo de Resilience.Earth, que además de asesorar a administraciones públicas —entre ellas, departamentos de la Generalitat, consejos comarcales y municipios—, así como a organizaciones y cooperativas, también en proyectos de ámbito europeo.
Por otro lado, la cooperativa de Olot coordina la única edición en castellano a nivel global del Regenerative Practitioner (TRP), un programa online impartido por el Regenesis Institute, uno de los principales centros internacionales de formación en desarrollo regenerativo. El programa, de seis meses de duración y enfoque práctico, está dirigido principalmente a personas que ya trabajan en organizaciones y quieren potenciar su capacidad de transformación. Entre los participantes hay personas de Latinoamérica que para acabar el curso volarán a Catalunya para participar en el intensivo de tres días en La Garrotxa, “un territorio con una identidad ecológica y cultural fuerte que nos ofrece lo que el desarrollo exige: tiempo, contexto y relación”, describen en la web.
“La elección de Olot como base del proyecto no es casual”, no es casual, asegura. Gussinyer creció en un entorno rural y, después de estudiar Ciencias Ambientales en Barcelona y en la Fairleigh Dickinson University, en Estados Unidos, pasó una temporada en Colombia, viviendo de cerca la violencia y la injusticia social. Aquella experiencia, según explica, fue un punto de inflexión. Allí pudo comprobar de cerca cómo decisiones tomadas lejos de un territorio pueden acabar teniendo consecuencias profundas sobre comunidades que no han participado en ellas.
La experiencia terminó de orientar una inquietud que ya arrastraba desde joven hacia el medio ambiente y que acabaría convirtiéndose en una profesión: ayudar a los territorios y a las organizaciones a desarrollar su propio potencial de transformación.