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Montaje en el que aparecen dos niños de camino a la escuela con una imagen de la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Míriam de Saint-Germain

Montaje en el que aparecen dos niños de camino a la escuela con una imagen de la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Míriam de Saint-Germain Crónica Global

Zona Franca

Este año no hay primer día de clase

"Y antes de que alguien desenfunde el argumento fácil: sí, los profesores tienen derecho a hacer huelga. Es un derecho fundamental y sería irresponsable cuestionarlo. Otra cosa muy distinta es que todas las huelgas estén bien planteadas"

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Hay días que parecen insignificantes hasta que alguien decide quitárnoslos. El primer día de clase es uno de ellos.

Quizá los adultos lo hemos olvidado. Hace demasiado tiempo que dejamos de estrenar mochila, de reencontrarnos con nuestros amigos después de todo un verano y de cruzar la puerta del colegio buscando entre un montón de caras aquella que llevábamos semanas esperando volver a ver.

El primer día de clase tiene algo especial. Incluso cuando da pereza. Incluso cuando uno preferiría seguir de vacaciones. Hay nervios, abrazos, historias atropelladas sobre el verano y esa extraña sensación de que empieza algo nuevo.

Y hay una cosa que no admite negociación: solo ocurre una vez al año.

Este martes, para muchos niños catalanes, no habrá primer día de clase. Habrá huelga.

Y antes de que alguien desenfunde el argumento fácil: sí, los profesores tienen derecho a hacer huelga. Faltaría más. Es un derecho fundamental y sería irresponsable cuestionarlo. Otra cosa muy distinta es que todas las huelgas estén bien planteadas.

Ustec y CGT han decidido convertir el primer día del curso 2026-2027 en el escenario de su interminable pulso con la Generalitat. Y lo hacen después de haber convertido también el último tramo del curso anterior en una sucesión de protestas que ya obligaron a miles de familias a reorganizarse y a miles de alumnos a asumir las consecuencias de un conflicto que no era del todo suyo.

Pero luego, llegaron las vacaciones. Y las vacaciones, por lo visto, fueron vacaciones.

El conflicto que parecía urgentísimo en junio ha esperado pacientemente a que llegara septiembre para recuperar toda su urgencia.

Y resulta inevitable preguntarse qué ha ocurrido durante estos dos meses para que, después de todo el ruido del final de curso, lleguemos al principio del siguiente sin acuerdo, sin tregua y, lo que resulta todavía más desconcertante, sin que parezca existir siquiera un consenso absoluto entre quienes protestan sobre qué condiciones concretas permitirían poner fin a las movilizaciones.

Naturalmente, una huelga de profesores en agosto tendría el mismo impacto que convocar una huelga de socorristas en diciembre. Para hacer presión hay que hacer ruido cuando las aulas están llenas. Eso se entiende.

Lo que cuesta bastante más entender es que después de utilizar durante un mes y medio el final del curso para hacer ese ruido no haya sido posible aprovechar el margen posterior para evitar que los alumnos vuelvan a convertirse, otra vez, en la moneda de cambio del conflicto.

Porque mientras Ustec y CGT mantienen el pulso, otros sindicatos sí han llegado a acuerdos. Existe un pacto de 2.600 millones de euros firmado por CCOO, UGT y Professors de Secundària que incorpora mejoras salariales, nuevas incorporaciones y más recursos.

El Govern, además, ha insistido en mantener abierto el diálogo. Salvador Illa ha vuelto a tender la mano y la consellera Esther Niubó llegó incluso a pedir un “paréntesis” en las movilizaciones para abordar cuestiones que siguen pendientes.

Y luego están ellos, los niños.

Puede parecer demasiado sentimental hablar del primer día de clase en mitad de una negociación laboral. Quizá lo sea. Pero también hay cosas importantes que no caben en una tabla salarial.

Nunca volverán a tener seis años y a empezar primero de Primaria. Nunca volverán a reencontrarse con aquellos amigos exactamente en ese momento de sus vidas. Cuanto mayores sean, menos ilusión les hará septiembre. Ya tendrán tiempo de odiar los lunes, los despertadores y el final de las vacaciones como hacemos los adultos.

Pero algunos todavía esperan mañana con nervios.

El miércoles habrá clase. Las mochilas llegarán igualmente a las aulas, los amigos se abrazarán y el curso terminará arrancando. Y seguramente dentro de unas semanas nadie recordará demasiado aquel martes 8 de septiembre. Pero de primer día de clase solo hay uno.