Pásate al MODO AHORRO
Alejandro Tercero opina sobre el aval a la ley de amnistía del TJUE

Alejandro Tercero opina sobre el aval a la ley de amnistía del TJUE Europa Press

Zona Franca

Y Sánchez cumplió su promesa

"Contrariamente a lo que dice el texto de la amnistía, no resuelve ningún 'conflicto político', ni ha conseguido 'la normalización institucional, política y social en Cataluña', ni ha mejorado la 'convivencia democrática', ni implica ningún avance 'reconciliador'"

Publicada

Durante un debate electoral para las Generales de noviembre de 2019, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reprochó al entonces candidato popular, Pablo Casado, que estando su partido al frente del Ejecutivo se habían dejado escapar a Puigdemont y prometió que él se encargaría de resolver su fuga.

“A ustedes, señor Casado, se les fugó Puigdemont, y yo me comprometo hoy y aquí a traerlo de vuelta a España y que rinda cuentas ante la justicia española”, aseveró el dirigente socialista en tono arrogante.

Después de la sentencia de este jueves del TJUE, la primera parte de la promesa de Sánchez está más cerca de cumplirse. Hoy, uno de los principales líderes del procés está más cerca de volver a España. Y no cabe duda de que esa vuelta será gracias al presidente.

La segunda parte del compromiso, en cambio, no parece que vaya a cumplirse. Tras promover y aprobar la amnistía por parte del PSOE, será harto complicado que Puigdemont rinda cuentas ante la justicia por el intento de secesión unilateral de 2017.

Esa promesa recuerda más bien a la del actual presidente de la Generalitat, Salvador Illa, en la campaña de las Generales de 2023, cuando era el líder del PSC y aspirante a alcanzar el Ejecutivo autonómico.

“Ni amnistía, ni nada de eso. Lo repito para que quede claro: ni amnistía, ni nada de eso”, indicó con un tono más alto de lo que en él es habitual. Incluso reflejando cierta indignación, porque en aquella época la derecha advertía de que los socialistas amnistiarían a Puigdemont si necesitaran sus votos, como así fue.

Los mismos que consideraban la amnistía inconstitucional e inaceptable, pasaron -de golpe- a calificarla legal e imprescindible para la “reconciliación”, tras constatar que los siete diputados de Junts en el Congreso serían necesarios para mantenerse en el poder.

Por mucho tribunal que diga lo contrario, es evidente que se trata de una autoamnistía (en la que los votos de los amnistiados son imprescindibles para que salga adelante) y de una operación corrupta (en la que los promotores de la amnistía mantienen el poder a cambio de eliminar graves delitos).

Lo lamentable de todo es que, mientras el indulto suponía el perdón para los delincuentes que trataron de partir el país violentamente, la amnistía va aún más allá y borra los delitos como si nunca hubieran existido. Es el Estado el que, de alguna forma, pide perdón a los sediciosos por haberlos condenado. Es el Estado el que se humilla ante ellos.

Y, contrariamente a lo que dice el texto de la amnistía, no resuelve ningún “conflicto político”, ni ha conseguido ”la normalización institucional, política y social en Cataluña”, ni ha mejorado la “convivencia democrática”, ni implica ningún avance “reconciliador”.

De hecho, los beneficiados por esta ley y por la sentencia del TJUE (más allá de aquellos a los que les permite seguir en la Moncloa), no solo no han mostrado arrepentimiento en ningún momento, sino que han asegurado que se trata de “un impulso para acabar lo que se decidió el 1-O” (Turull) y que “no cierra el conflicto político, sino que lo confirma" (Junqueras).

Vamos que, si alguien esperaba que la amnistía contentaría a los nacionalistas y serviría para mejorar la convivencia en Cataluña, está muy equivocado. Tal y como han prometido, lo volverán a hacer en cuanto tengan la oportunidad.

Lo cierto es que la amnistía no buscaba mejorar la convivencia, sino mantenerse en el poder. Y eso sí lo han logrado sus promotores. Aunque a un precio demasiado alto para el país.

Sin embargo, la amnistía no será suficiente. Los nacionalistas son insaciables y, una vez conseguida la impunidad por el procés, ya hay nuevos objetivos a la vista. El más cercano, la “financiación singular”, un paso más para continuar profundizando en la desigualdad del país.