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Gerard Mateo y Keyne, el hermano de Lamine Yamal

Gerard Mateo y Keyne, el hermano de Lamine Yamal

Zona Franca

El hermano de Lamine Yamal

"Keyne tiene tres años; él no juega a fútbol, juegan con él"

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Keyne, el hermano pequeño de Lamine Yamal, ha conquistado todos los corazones durante el Mundial. Sus travesuras, su inocencia y sus celebraciones son, sencillamente, para comérselo. Es la viva imagen de la felicidad espontánea.

Ahora bien, conviene apagar un segundo el modo fan y encender el de la sensatez: el pequeño no ha cumplido aún los cuatro años. Es un bebé. Y lo estamos exponiendo al escrutinio del planeta entero sin su conocimiento ni, por supuesto, su consentimiento.

Las cámaras de televisión lo buscan en la grada en cada partido. No hay un fin informativo que lo justifique; simplemente vende. Lo han convertido en un personaje de entretenimiento, en un meme adorable, con la complicidad de todos. Salvo la suya.

Es cierto que el Mundial se disputa en Estados Unidos, un país donde el espectáculo manda y las leyes de protección al menor son bastante más laxas que las nuestras. En España, por suerte, la legislación y la jurisprudencia son mucho más restrictivas con la infancia.

Aquí la fama no se hereda, y los niños son anónimos a todos los efectos. Salvo que sus padres den un consentimiento que, legalmente, tiene un límite muy claro: que la sobreexposición no perjudique al menor.

Se da, además, una paradoja fascinante. Su hermano Lamine debutó en la élite con 15 años. Ya firmaba contratos millonarios porque el deporte de alta competición es una de esas excepciones donde la ley permite trabajar a un adolescente. Pero Keyne tiene tres años. Él no juega a fútbol; juegan con él.

La Fiscalía de Menores suele intervenir cuando aprecia una sobreexposición con fines exclusivamente comerciales que pueda dañar el desarrollo del niño. La situación de Keyne no parece, por ahora, extrema. Pero cuidado: con apenas tres años ya ha protagonizado la campaña comercial de una cadena de hamburguesas.

Y su madre, Sheila Ebana, aprovecha —queriendo o no— el tirón de sus dos hijos para nutrir de vídeos sus redes sociales y ganar una descomunal exposición digital. Así que el protagonismo de Keyne en las televisiones de medio mundo y en internet comenzó mucho antes en su propia casa. En España. ¿Dónde están los límites? ¿Quién los pone?

Resulta de una hipocresía colosal que, mientras nos preparamos para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años para proteger su salud mental, permitamos que los adultos sigan utilizando a niños de 3 años como reclamo para conseguir likes, visualizaciones y contratos publicitarios.

El caso es complejo y tiene difícil salida, pero exige una reflexión urgente. Keyne no es un personaje público; es el hermano de un futbolista genial que merece jugar en el parque sin que un teleobjetivo le robe la infancia. Protejámoslo de nosotros mismos.