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Gerard Mateo y León XIV

Gerard Mateo y León XIV

Zona Franca

Última oportunidad para que el mundo nos mire

"En una Cataluña anestesiada por las promesas y los proyectos a medio plazo de Illa, cualquier excusa es buena para sacar a airear la 'estelada'"

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El independentismo llama a filas. No quedan muchas unidades, tras el descalabro del fatídico procés, pero las suficientes como para tratar de hacer ruido.

El calendario acompaña en este 2026. En una Cataluña anestesiada por las promesas y los proyectos a medio plazo de Illa, cualquier excusa es buena para sacar a airear la estelada.

Primero llega el Papa. León XIV estará en Barcelona la semana próxima para bendecir la torre de Jesús de la Sagrada Familia. Lo hará en castellano si nada cambia.

La obra del arquitecto más universal, un catalán de soca-rel, de esos que se niegan a hablar en castellano, coronada en la lengua del invasor. ¿Cómo puede ser?

El ultranacionalismo catalán no lo puede permitir. Cartas al Govern, la pataleta de Orriols, los roznidos de Santiago Espot… ¡Por Dios, Prevost, escucha sus plegarias!

Toda comparación es odiosa. Y Benedicto XVI habló más en catalán que lo que pretende hacerlo León XIV. En el nom del Pare, del Fill i de l’Esperit Sant. Menuda ofensa.

Con la ciudad movilizada, con un despliegue sin precedentes, ante un evento histórico, los aldeanos centran el acto en la lengua. Que todos lo sepan. Por Catalunya. Por Gaudí.

Menudo centenario post morten le están dando al reusense entre unos y otros. La magnitud de su obra es diametralmente opuesta al provincianismo de estas gentes.

Las orejeras no les permiten ver más allá. Qué más da. Están encantados con el saco de alfalfa que les cuelga del cuello.

Mas no se quedarán saciados con la visita del santo padre. O sí, y buscan el empacho con la salida del Tour desde Barcelona, un mes después, en el inicio de la canícula.

Las otrora influyentes ANC y Òmnium, hoy reducidas a la mínima autoridad, ya preparan un pequeño gran acto para recibir a los ciclistas.

Están pasando el cepillo para comprar pancartas y banderas esteladas con el objetivo de distribuirlas de forma estratégica por el recorrido. Que salgan en las televisiones.

Que les quede claro a los televidentes de allende fronteras que somos una nación sin Estado, oprimida y con una lengua impuesta. A alguno se le cortará la siesta.

Al menos nadie se plantea ahora echar aceite en la calzada, como a punto estuvo de ocurrir en una pasada edición de la Vuelta a su paso por Lleida.

Saben que es la última oportunidad que tienen para que el mundo nos mire. Y no la pueden desaprovechar.