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Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en la clausura de la Internacional Socialista

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en la clausura de la Internacional Socialista EFE

Zona Franca

El sanchismo agoniza entre cloacas y joyas

“El Gobierno ha quedado reducido a una simple lucha diaria por la subsistencia. Las explicaciones oficiales suenan tan inverosímiles que rozan el esperpento”

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La implosión del régimen de Pedro Sánchez empieza a revestir proporciones dantescas, justo cuando se cumplen ocho años de su triunfo en la moción de censura que liquidó el Gobierno de Mariano Rajoy.

La sensación de fin de ciclo es abrumadora, pero el único que no parece querer enterarse es el propio Sánchez, que sigue amarrado a la poltrona como una lapa.

Mientras el pueblo soberano estaba digiriendo la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, el juez Santiago Pedraz, de la Audiencia Nacional, lanzó esta semana una vasta operación contra las cloacas del PSOE.

El sumario revela que Santos Cerdán, secretario general cuando ocurrieron los hechos, lideró una presunta organización criminal. Su único objetivo consistía en desactivar a toda costa las causas judiciales que afectan a la esposa del presidente, Begoña Gómez; a su hermano David Sánchez; y al Gobierno. La trama se habría desarrollado por orden “del One”, o sea, del propio Pedro Sánchez, que además era el gran beneficiario.

Este urdió el diabólico plan durante los famosos cinco días de reflexión que se tomó en abril de 2024, cuando se abrieron diligencias penales contra su mujer.

Por el momento, además de Cerdán, figuran como investigados el empresario Javier Pérez Dolset; la gerente del partido Ana María Fuentes; la fontanera Leire Díaz; y el exconsejero de la Junta de Andalucía Gaspar Zarrías, entre otros. Se les achacan nada menos que nueve delitos.

También se encuentran en el foco de Pedraz Juan Manuel Serrano, exjefe de gabinete de Sánchez; y Juan Francisco Serrano, ex número dos de Cerdán.

Semejante conspiración pretendía atacar a jueces, fiscales, guardias civiles, policías y periodistas. Los integrantes del bodrio recurrieron a los fondos del PSOE para lubricar la guerra sucia. Expresado en otras palabras, el partido financió las alcantarillas del propio partido y, para rematar la faena, lo hizo con facturas falsas.

¿Y qué ha dicho Sánchez de todo esto? Con su habitual desparpajo se despachó afirmando que no piensa convocar elecciones… por el interés de los ciudadanos.

Desde el estallido de la bomba Zapatero, las informaciones que se han ido conociendo erizan el vello. Hasta los más acérrimos seguidores de ZP han descubierto que es en realidad un presunto mangante.

Algunos comentaristas de Madrid han salido a la palestra para defender su legado. Pero no hay por dónde cogerlo, pues en materia económica, la gestión de ZP es algo parecido a una plaga bíblica. Cuando llegó al poder, España registraba una tasa de paro del 10,7%. Al dejar el cargo, siete años y medio después, la desocupación se había disparado como un cohete, hasta rozar el 23%. Por el camino, se destruyeron la friolera de tres millones de puestos de trabajo.

Por cierto, un lustro atrás, ZP pronunció una sentencia memorable que hoy cobra plena vigencia. Dijo, moviendo sus arqueadas cejas, que “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”.

A la luz del alijo de joyas descubierto en la caja fuerte de su despacho, parece bastante claro que no ha estado predicando con el ejemplo, sino más bien todo lo contrario.

Lo único que se le ha ocurrido para justificar el arsenal de supuestos brillantes, esmeraldas, rubíes y zafiros es aseverar que proceden de la herencia de su mujer Sonsoles, quien las habría recibido de su madre Juana, de profesión ama de casa, fallecida en 2008.

ZP debe de haber aprendido la lección del clan Pujol y su increíble deixa del abuelo Florenci en Andorra. No hay nada más sobado que cargarle el muerto a un tercero. Esta frase equivale a atribuir a alguien la culpa de una cosa. Alcanza su significación suprema cuando la persona a la que se le echa el muerto ya no pertenece al mundo de los vivos. Echarle el muerto a un muerto es una redundancia de gran utilidad para que los verdaderos autores escabullan el bulto.

El Ejecutivo de Sánchez ha dejado de actuar como tal, sobrevive a trancas y barrancas, mientras el fango inunda el palacio de la Moncloa y la sede del PSOE. El sanchismo ha acabado degenerando en una aberrante mezcla de cleptocracia y oclocracia.

En definitiva, el Gobierno ha quedado reducido de facto a una simple lucha cotidiana por la subsistencia. La desconexión de la realidad social es apabullante. Las explicaciones oficiales empiezan a sonar tan inverosímiles que rozan el esperpento. La credibilidad se destruye a ojos vista y el sistema entra en una deriva acelerada.

Cuando la acción pública se trueca en una ofensiva contra el Estado de Derecho, las instituciones comienzan a ser socavadas desde dentro. Lo que permanece es el ruido de una escenografía en ruinas, cuyos actores siguen fingiendo que la función continúa.