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Gonzalo Baratech opina sobre la imputación a José Luis Rodríguez Zapatero

Gonzalo Baratech opina sobre la imputación a José Luis Rodríguez Zapatero Efe

Zona Franca

El mito de Zapatero, hundido por Plus Ultra

“Lleva años presentándose como un referente moral de la izquierda y como un mediador internacional de prestigio, pero las revelaciones conocidas han hecho añicos esa imagen angelical”

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La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha caído como una bomba atómica sobre el renqueante Gobierno de Pedro Sánchez y sobre el PSOE. En un auto demoledor, el juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, le imputa los presuntos delitos de blanqueo de capitales, tráfico de influencias, organización criminal, falsedad documental y apropiación indebida.

Es la primera vez en la historia reciente que un expresidente del Gobierno resulta incriminado, y encima, lo hace por sus mangoneos con el Ejecutivo sanchista.

Al poco de conocerse la explosiva noticia, Zapatero salió a la palestra para negarlo todo. En un vídeo de 90 segundos, rechazó de plano haber realizado gestión alguna sobre el rescate de Plus Ultra.

Esa declaración pasará a los anales de la política celtibérica, puesto que en el curso de ella no dijo ni una sola verdad. Por el contrario, mintió como un bellaco desde la primera hasta la última de sus palabras.

El magistrado Calama describe a Zapatero como el jefe de una trama de corte mafioso con “una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”. Esa banda se dedicaba a obtener beneficios económicos mediante sus presiones a diversas instancias públicas en favor de terceros, tal como ocurre en el caso de la aerolínea de marras.

Es de recordar que esta compañía de tres al cuarto solo contaba con cuatro aviones, no de propiedad sino alquilados, y apenas suponía un minúsculo 0,02% del tráfico celeste. Sin embargo, el Consejo de Ministros la proclamó estratégica para los intereses nacionales y con generosidad inaudita le propinó una inyección de 53 millones de euros para salvarla de la quiebra.

En el gatuperio intervino también el entonces ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, que hoy ocupa el puesto de gobernador del Banco de España.

Plus Ultra no cumplía condición alguna para ser rescatada. Ni siquiera estaba al corriente de los pagos con la Seguridad Social. Pese a tan flagrantes irregularidades, Escrivá facilitó a Plus Ultra un certificado falso.

Por cierto, la entidad solo ha retornado hasta ahora los intereses, pero no el principal. Dada su comatosa situación financiera, es de temer que nunca lo devuelva. Sus fondos propios son negativos en 40 millones y en 2025 sufrió unas pérdidas de 12 millones.

El magno entuerto se ha destapado con pelos y señales merced a los buenos oficios de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía. Este organismo ha sacado a la luz pública que ZP y sus hijas Laura y Alba utilizaron mercantiles interpuestas para desviar a sus cuentas privadas 730.000 euros, procedentes de los 53 millones embolsados por Plus Ultra.

Pieza clave del andamiaje es el alicantino Julio Martínez, a quien los miembros del grupo llamaban “banquero” o “lacayo” de Zapatero. Empleó sus sociedades para facturar a Plus Ultra por unos trabajos que nunca existieron.

El burdo procedimiento para trasvasar los fondos a ZP consistió en repetir la jugada. Es decir, ZP cobró casi medio millón por unos imaginarios informes “orales” y “consultorías globales”, prestados a una empresa de Martínez.

De forma paralela, la agencia de marketing de las hijas realizó unos servicios insignificantes a Martínez, por los que devengó unos honorarios de 240.000 euros.

Este último detalle merece un comentario aparte. En efecto, involucrar a esas jóvenes en un asunto claramente delictivo como el que nos ocupa, las sitúa ya en el radar del juzgado y, de paso, muestra el desparpajo y la catadura de ZP.

Al margen de Plus Ultra, el exmandatario aparece retratado en la causa como una suerte de capo supremo, dedicado al cobro de mordidas a escala internacional, con ramificaciones que se extienden por cuatro continentes. Su cuartel general se sitúa en un despacho ubicado en la calle Ferraz, próximo a la sede del PSOE y que a mayor abundamiento pertenece al propio partido.

Entre otras operaciones, ZP traficó con petróleo, oro, acciones y divisas en Venezuela. Para todos esos trapicheos se valió de sus excelentes contactos con Nicolás Maduro y con su sucesora Delcy Rodríguez, de la cual dijo ser amigo íntimo.

También se ha descubierto que se lucró con la venta de cajas de comida que el régimen bolivariano repartía entre la famélica población del país.

Zapatero lleva años presentándose como un referente moral de la izquierda y como un mediador internacional de prestigio, pero las revelaciones conocidas han hecho añicos esa imagen angelical.

De golpe y porrazo ha dejado de simbolizar el diálogo o la honradez. Su implicación en este escándalo monumental significa un golpe devastador para la credibilidad del sanchismo y para la imagen del PSOE.

El caso Zapatero no ha hecho más que empezar. Dada la ingente documentación acopiada y las múltiples derivadas que se abren ahora, la lista de procesados promete ir engordando a marchas forzadas. Hay tela cortada para rato.