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Alejandro Tercero y una imagen del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

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Zona Franca

Paisaje en tiempos de paz

"No hay que descartar que la inmersión lingüística obligatoria acabe aplicándose también al fornicio"

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Dicen que los nacionalistas están más calmados que nunca aunque, en realidad, no hay semana que no la líen. Como siempre.

Puigdemont y sus amigos han puesto el grito en el cielo porque la Audiencia Nacional ha citado a Pujol a declarar en Madrid, pese a su deterioro físico.

“No pueden ser más miserables”, dice el tipo de la DUI. Sin embargo, hace apenas unas semanas, cuando acompañó a Laporta a votar en las elecciones del Barça, el expresidente de la Generalitat fugado no dijo ni pío.

Tampoco ha habido muchas protestas por la pitada que la mayoría de los aficionados de la Real Sociedad dedicó al himno de España en la final de Copa.

No ocurrió lo mismo cuando algunos espectadores del España-Egipto gritaron “musulmán el que no bote, eh, eh”, a pesar de que ambas ofensas -una hacia los españoles y otra hacia los mahometanos- son similares.

En el caso de los simpatizantes txuriurdines, además, cabe añadir algunos amables insultos del estilo “puta España” y cánticos como “somos la banda de Anoeta, eta”.

“Eta es ‘y’ en euskera”, se justifican algunos. Claro, claro. Como cuando los ultraderechistas dicen que no hacen el saludo nazi, sino el romano.

Para acabar de adobarlo, el presidente del Gobierno sigue comprando la narrativa de los nacionalistas catalanes. “Este Gobierno va a hacer a Cataluña y a España países mejores. Sí, países mejores”, ha dicho Sánchez en el Congreso.

“A Euskadi se le llama País Vasco y no pasa nada”, hay quien argumenta para justificarlo. Claro, claro. Y la Alemania comunista se llamaba República Democrática Alemana.

En la carpeta de Sant Jordi no ha faltado el clásico acto del Parlament en el que únicamente se han reivindicado autores y obras en catalán. Como si los escritores catalanes que publican en español no fueran catalanes.

Lo más sangrante del caso es el recochineo del presidente de la Cámara autonómica, Josep Rull (al que le cayeron diez años y pico de cárcel por sedición y fue indultado), alardeando en ese mismo acto de una sociedad “cívica y abierta”.

Estos días, los medios públicos y concertados también se han implicado con intensidad en promocionar el libro Follemos en catalán: vocabulario indispensable para follar sin pelos en la lengua.

Según sus autores, se usa demasiado el español en el sexo “por el marco mental que nos han impuesto”.

Con ese razonamiento, no hay que descartar que los defensores de la inmersión lingüística obligatoria acaben proponiendo ampliar su aplicación a ese ámbito.