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Gonzalo Baratech opina: El caso Begoña sacude la Moncloa

Gonzalo Baratech opina: El caso Begoña sacude la Moncloa

Zona Franca

El caso Begoña sacude la Moncloa

“Sus peripecias retratan sin maquillaje hasta qué punto el abuso arbitrario del poder y la impunidad de su entorno pueden llegar a confundirse”

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El juez Juan Carlos Peinado concluyó en los últimos días la instrucción del caso de Begoña Gómez y deja a esta a un paso del juicio. Ahora se ventilarán los recursos de las acusaciones y la defensa, y se pronunciará la Audiencia Provincial de Madrid. Si no ocurre ningún sobresalto procesal y se cumplen los plazos previstos, doña Begoña se sentará en el banquillo hacia el verano de 2027.

Peinado le achaca cuatro presuntos delitos, a saber: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida. Las diligencias se han prolongado durante casi dos años. En el curso de ellas, le endosó también intrusismo profesional, pero finalmente el cargo ha decaído por no haberse podido acreditar. Si sufre condena, le pueden caer de ocho a quince años de prisión.

En el estrado le acompañarán dos personajes. Uno es Cristina Álvarez, funcionaria adscrita a la Moncloa. Sus jefes le ordenaron que ejerciera de asistenta de la primera dama y esta la utilizó para sus negocios particulares. El magistrado le atribuye las mismas infracciones que a Begoña.

El otro individuo es el avispado empresario Juan Carlos Barrabés, de Benasque, amigo íntimo de la pareja presidencial y compadre fraterno en sus escapadas al Pirineo oscense. Begoña le firmó varias cartas de recomendación y poco después fue agraciado con lucrativas contratas públicas. Peinado le imputa tráfico de influencias y corrupción en los negocios.

Por cierto, en este asunto también ha intervenido la Fiscalía Europea. Ha solicitado al instructor que le remita el expediente, ya que en algunos chanchullos que le llovieron del cielo a Barrabés había fondos de la UE.

La situación que vive la cúpula del país es bochornosa, pues nunca antes la esposa del jefe del Ejecutivo había pasado por las horcas caudinas de una inculpación y un juicio que puede acarrearle penas de cárcel.

Es ocioso añadir que a Pedro Sánchez le resbalan olímpicamente las implicaciones políticas del asunto. Ni por asomo pensó en la posibilidad de dimitir, pues es un verbo que desconoce.

La incriminación de Begoña saltó a la palestra mientras el flamante dúo rendía pleitesía al emperador comunista chino Xi Jinping. Sobre tal visita gravitó la siniestra figura de José Luis Rodríguez Zapatero y sus turbios manejos con compañías del coloso asiático.

En ese pretendido foro mundial de las libertades democráticas, Sánchez adoptó una decisión memorable. Lanzó en tromba a sus ministros para que arremetieran sin piedad contra el juez Peinado y lo pusieran a caer de un burro. La ferocidad y grosería de los ataques es inaudita y carece de precedentes.

El caso Begoña alcanzó su cénit con la creación de la cátedra de Transformación Social Competitiva, que ella misma protagonizaba para lucir palmito intelectual, en la Universidad Complutense de Madrid.

Con tal fin, el servicial rector Joaquín Goyache se puso a su entera disposición. Y Begoña consiguió financiación gratis et amore de grandes empresas privadas.

Llama poderosamente la atención que una persona carente de estudios superiores aspirara a encumbrarse nada menos que a la titularidad de una cátedra. Solo hay que oírla hablar durante unos minutos para concluir que cualquier parecido con una doctora es mera coincidencia.

Quizá pretendía corregir sin saber escribir o como dice el sabio refranero popular, “de maestro presume y en la escuela no estuvo ni un lunes”.

El juez destaca en su demoledor auto que, tras revisar la jurisprudencia, no ha hallado un solo suceso de características similares. Asevera que habría de retrotraerse a épocas de regímenes absolutistas para encontrar algún episodio parecido. Las supuestas fechorías cometidas por Begoña están íntimamente relacionadas con la prominente posición que ocupa su marido. Dicho con otras palabras, si Pedro Sánchez no fuera presidente, Begoña difícilmente habría podido perpetrar los delitos que se le reprochan.

En cualquier caso, conviene no perder de vista el pleno vigor de la presunción de inocencia. Será la Audiencia Provincial, y en su momento el tribunal competente, los que diriman si los hechos transcritos se plasman en pruebas concluyentes o quedan en nada. Hasta entonces, las cábalas pertenecen más al terreno de las opiniones que al de las certezas jurídicas.

Con todo, el desgaste institucional ya está servido. La sombra de la causa se proyecta inevitablemente sobre el renqueante Gobierno socialista y, en particular, sobre la figura de Pedro Sánchez, abocado de forma irremediable a una huida hacia adelante desenfrenada.

Las peripecias que viene contemplando el pueblo soberano entrañan la mangancia de unas sumas de poca monta. Pero retratan sin maquillaje y con crudeza, hasta qué punto el abuso arbitrario del poder y la impunidad de su entorno pueden llegar a confundirse. A partir de ahí, sobran las palabras y hablarán los tribunales.