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Alejandro Tercero y una imagen de la Mesa del Parlament

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"Si para ser clarinetista, sepulturero o chófer es necesario acreditar un nivel oral y escrito avanzado de catalán es que la 'normalización' está muy lejos de ser una realidad"

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Aunque, para algunos, la amnistía ha traído la “normalización” de Cataluña (así lo defendía el presidente Sánchez en una entrevista reciente), para el común de los mortales esa “normalización” implica la consolidación de un régimen que les discrimina de forma sistemática.

Hace un par de años, conocimos que el Ayuntamiento de Barcelona despidió a un clarinetista de la Banda Municipal por no acreditar un nivel C1 de catalán (el segundo más alto de los seis existentes).

En octubre pasado, la justicia ordenó rebajar el grado que el Ayuntamiento de Vic exigía para acceder a una plaza de operario del cementerio. El consistorio pedía un B2 (el tercero más alto) para limpiar las tumbas y abrir y cerrar el camposanto. Por suerte (y por la acción de Convivencia Cívica Catalana), un juzgado dijo que era excesivo. Y consideró que un A2 (nivel básico) era suficiente.

Esta semana, el TSJC ha enmendado la plana al Parlament. La Cámara autonómica obligaba a tener un B2 para optar al puesto de chófer. Pero la justicia ha dicho que con el A2 es suficiente.

Habrá quien piense que estos requisitos desproporcionados y absurdos responden a una estrategia para promover el uso del catalán. Pero no es así. O no solo es así.

Lo que subyace tras este tipo de cláusulas es la xenofobia. Lo que se pretende es imposibilitar o dificultar a los que no son de aquí el acceso al empleo público. No se trata de que los que entren en el sistema sepan catalán, o sepan el catalán necesario para desarrollar correctamente el trabajo. El objetivo es que solo uno de los nuestros pueda conseguir ese puesto.

En 2010, cuando el entonces consejero de Innovación, Universidad y Empresa, Josep Huguet (ERC) planteó exigir a los profesores universitarios el nivel C de catalán, el activista nacionalista Xavier Sala-i-Martin amenazó con dejar la UPF si le obligaban a examinarse de catalán.

“Hace 25 años que doy clases en inglés en la universidad americana (Harvard, Yale y Columbia) y todavía no he tenido que hacer un examen para acreditar mi nivel de inglés”, argumentó.

E insistió en que “para dar clases de economía, lo que se tendría que acreditar es que el profesor sabe economía y no la lengua en la que se enseña la economía”. Habría que ver si el ínclito Sala-i-Martín todavía opina lo mismo.

En todo caso, si en Cataluña, para ser clarinetista, sepulturero o chófer, es necesario acreditar un nivel oral y escrito avanzado de catalán es que la “normalización” está muy lejos de ser una realidad y que la amnistía ha sido un rotundo fracaso.