Brindis con cava
El brindis de los herederos
"¿Por qué vendemos en lugar de crecer? La respuesta es tan cruda como real: falta de pulmón y exceso de herederos"
Freixenet, centenaria firma de cava, es la última de una larga lista de empresas que renuncian a sus raíces a cambio de un buen puñado de euros y, sobre todo, de paz. La venta del 100% de la compañía al gigante alemán Henkell no debería pillarnos por sorpresa; es solo el último capítulo de una desconexión silenciosa que viene de lejos.
Antes hubo otras. Sin ir más lejos, Codorníu, competencia directa aunque mucho más antigua, ya se echó en brazos del fondo estadounidense Carlyle. El mapa de la "descatalanización" es un goteo incesante que debería hacernos pensar: Seat, Cirsa, Pronovias o Applus+ pasaron por el mismo fielato del capital extranjero.
¿Por qué vendemos en lugar de crecer? La respuesta es tan cruda como real: falta de pulmón y exceso de herederos. La empresa familiar catalana sufre el mal crónico de la tercera generación.
Resulta agotador discutir con hermanos y primos porque cada uno tiene su receta mágica para seguir. Entre el agobio de la gestión y la paz mental de vivir de rentas, la burguesía local lo tiene claro: eligen la caja.
Es la cultura del pelotazo frente al esfuerzo. Es más cómodo ser el "gestor de confianza" del fondo de turno que el capitán que arriesga el patrimonio en una expansión asiática.
Hemos pasado de industriales a rentistas. De creadores de imperios a coleccionistas de family offices.
El impacto no es solo un cambio de bandera en el mástil; es la pérdida del cerebro. Cuando la sede se va, el ecosistema se desmorona.
Los abogados, consultores y creativos publicitarios dejan de contratarse en Barcelona para decidirse en Fráncfort o Londres. Nos estamos convirtiendo en una excelente sucursal, brillante y eficiente, pero sucursal al fin y al cabo.
A esto se suma una fatiga institucional de caballo. Durante años, la política catalana se centró en quimeras identitarias mientras descuidaba el suelo que pisaba. Se vendieron relatos mientras se marchitaban las sedes.
Hoy, los herederos han vendido las joyas de la abuela para pagar la fiesta. Brindan con cava, pero las facturas ya se firman en alemán. Prost!