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Muerte y resurrección de la posconvergencia

José Antonio Sorolla
6 min

En este mismo fin de semana, un partido que representa los restos de Convergència se ha resistido a morir mientras nacía otro partido que procede del mismo origen. La resistencia a morir del PDECat y el nacimiento del PNC (Partit Nacionalista de Catalunya), que ayer celebró su congreso constituyente, son dos caras de la misma moneda y la mejor ilustración de la confusión y el caos en que se encuentra el espacio político que durante tres décadas aglutinó y hegemonizó Jordi Pujol.

La ejecutiva del PDECat rechazó el viernes por amplia mayoría la disolución del partido en Junts per Catalunya (JxCat), una propuesta que lleva meses planteada y rechazada, pero que esta vez venía con el aval de los presos Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn y del exconseller huido a Bélgica Lluís Puig. Aunque esperó a pronunciarse al desenlace de la reunión, era un secreto a voces que la propuesta de disolución estaba apoyada también por Carles Puigdemont.

Puigdemont es el auténtico y único jefe del espacio posconvergente, pero hasta el momento no se ha salido con la suya de unificar los restos de Convergència en un único partido porque la dirección del PDECat y los alcaldes que la integran se niegan a que desaparezca un partido que goza todavía de un importante poder territorial y porque no quieren que el soberanismo independentista liberal de centroderecha sea absorbido por movimientos como la Crida o Junts per Catalunya, controlados por Jordi Sànchez y Puigdemont, con una orientación izquierdista –al menos en la retórica— dispuesta a abrir el campo hasta los pactos con la CUP.

Aparte de los cargos y el poder que se juegan en la operación, la definición ideológica del independentismo que no reniega de la unilateralidad está en la base de una pugna interminable que no se resuelve ni siquiera con el espantajo de la inminencia de la convocatoria electoral, que comporta el desafío de ganar de nuevo a ERC. Ahora, la decisión ha sido la de seguir negociando hasta la próxima batalla, seguramente en el consejo nacional del mes de julio.

Puigdemont exige la disolución del PDECat en JxCat porque quiere cortar cualquier relación con la antigua Convergència y tener manos libres para hacer y deshacer en ese espacio, algo que ya ha hecho desde que se convirtió en el líder indiscutido. Solo le falta que el partido dirigido por David Bonvehí haga mutis por el foro. Puigdemont apartó a Marta Pascal, elaboró las listas electorales, vetó a los díscolos como Carles Campuzano y Jordi Xuclà, etcétera, pero no  se puede decir que sepa adónde va.

Tras el fracaso clamoroso de la Crida, el movimiento que había de reunir a todo el independentismo, a la manera del Partido Nacionalista escocés, y que nunca contó con las simpatías de ERC y de la CUP, ahora parece que Puigdemont quiere explorar una experiencia similar a En Marche!, que llevó a Emmanuel Macron a la presidencia de Francia. Pero, precisamente ahora, el modelo de Macron está en horas bajas y no es digno de imitar, tras su fracaso en la implantación en el territorio, que hoy ratificarán las elecciones municipales, y la pérdida de la mayoría en el Parlamento por la defección de varios diputados.

Si finalmente el PDECat se rompe, al sector que rechaza la integración en el puigdemontismo no le quedaría otra opción que el pacto con el naciente PNC para representar al soberanismo independentista pragmático, que rechaza la vía unilateral y propone un referéndum acordado, como en Escocia. De otro modo, habría dos partiditos que añadir al magma posconvergente.

Todos estos movimientos, de todas formas, no dejan de ser ejercicios tácticos que no se plantean el fondo del problema de un independentismo que ha sido afectado también por la pandemia del Covid-19, durante la que Puigdemont ha desaparecido hasta de Twitter. Y el problema de fondo es que las circunstancias han cambiado sustancialmente desde el 1-O y no se puede seguir con los mismos planteamientos. Como ha escrito en diversas ocasiones el exdiputado de ERC Joan Tardà, el independentismo debe asumir de una vez “la inevitable mutación del procés”. Mientras no lo haga, estará dando vueltas a la misma rotonda sin encontrar la salida.

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.