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Ramón de España y varios de los dirigentes de Adelante Andalucía

Ramón de España y varios de los dirigentes de Adelante Andalucía MARÍA JOSÉ LÓPEZ-EUROPA PRESS / Fotomontaje CG

Manicomio global

Cataluña marca tendencia

"Que el nacionalismo se haya infiltrado en la izquierda es una desdicha que nos podríamos haber ahorrado, pero ya es tarde: la lacra se ha extendido a Sumar, Podemos, IU y PSOE, y se sigue extendiendo, como indica el relativo éxito de Adelante Andalucía"

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Lo más novedoso de las últimas elecciones andaluzas fue el buen resultado obtenido por Adelante Andalucía, formación impulsada por disidentes de Podemos y con aires de izquierda no-del-todo-nacional, pero sí descaradamente suprarregional.

O sea, una de esas izquierdas que quiere dirigir Gabriel Rufián, quien parece haber descubierto que la salvación de España, o algo parecido, pasa por la unión de todo tipo de presuntos izquierdistas regionalistas o, directamente, separatistas.

Puede que lo de Rufián nos parezca una idea de bombero, pero el hombre está convencido de que a la izquierda del PSOE solo se puede contar con los que no acaban de estar convencidos con la idea de España.

El cantonalismo, pues, parece vivir una cierta edad de oro. Una izquierda para todos solo la defiende Guillermo del Valle con su Izquierda Española, y así le luce el pelo, al pobre. Si hemos de hacer caso a lo que acaba de ocurrir en Andalucía, si no pones el terruño por delante de todo (hasta de la izquierda de toda la vida), corres el riesgo de no comerte ni un rosco.

De ahí la sobreactuación territorial a cargo de Adelante Andalucía. No han llegado al extremo de afirmar que el andaluz es un idioma diferente al castellano —como hizo hace algún tiempo un político local que hasta nos enseñó como se escribía el andaluz, que consistía en escribirlo tal cual se habla, con zetas convertidas en eses y tal y cual—, pero les ha faltado poco. El mensaje es, en cualquier caso, del modelo Nosotros primero, en línea con la prioridad nacional de Vox. Muy izquierdista y muy progresista todo, como pueden observar.

Desde el inicio de la Administración autonómica (un invento para ver si catalanes y vascos dejaban de dar la tabarra con sus hechos diferenciales), a muchas comunidades sin lengua propia les ha parecido que eran menos que las que disponían de dicha lengua propia (aunque se hablara menos que el castellano, como sucede actualmente en Cataluña y el País Vasco). El término nacionalidades históricas también tenía un punto humillante, ya que todo lugar tiene su propia historia y no necesita un segundo idioma para creérselo. Sin darnos cuenta (o sí, pero que sea lo que Dios quiera), fabricamos regiones de primera, de segunda y de tercera regional.

A la mayoría de los españoles les dio igual el asunto, pero hubo (y hay) gente en cada comunidad teóricamente secundaria que no se siente a gusto como español a secas y desea fervientemente algo que le diferencie de sus compatriotas. De ahí, por ejemplo, todo el delirio en torno a la Academia de la Llingua Asturiana, como si lo que se habla allí no fuese una variante dialectal del castellano como la que rige en los países sudamericanos, donde a nadie se le ocurre decir que habla mexicano, colombiano o boliviano.

Con el sistema autonómico nos ha salido un pan como unas hostias, con perdón. Los insaciables independentistas catalanes y vascos (cada uno a su manera) siguen mostrándose mohínos e insaciables en sus sempiternas reivindicaciones. El resto de España, al mismo tiempo, acoge a todo tipo de nacionalistas que no ven más allá de su región y que ya no saben qué inventar para sentirse diferentes a sus conciudadanos. Una de las mayores victorias disgregadoras de Jordi Pujol ha sido exportar su teoría del fet diferencial a sitios en los que, hasta entonces, nadie se había parado a pensar en lo diferente que era.

Que el nacionalismo se haya infiltrado en la izquierda es una desdicha que nos podríamos haber ahorrado, pero ya es tarde: la lacra se ha extendido a Sumar, Podemos, IU y PSOE (más por oportunismo electoral con fines de pillar cacho que por otra cosa, pero el daño ya está hecho) y se sigue extendiendo, como indica el relativo éxito de Adelante Andalucía en las autonómicas andaluzas.

Curioso país el nuestro, que fomenta lo que nos separa y pasa olímpicamente de lo que nos une. ¿Tendremos tendencia al suicidio? ¿Tendría razón el almirante Bismarck cuando dijo que España era el país más fuerte del mundo porque ni los españoles habían logrado cargárselo?