Twitter, refugio para majaretas

Ramón de España
4 min

Tal como se está poniendo el patio en las redes sociales, tal vez ha llegado el momento de someter a un examen psiquiátrico a cualquiera que pretenda abrirse una cuenta de Twitter. Pensemos en el profesor de la UB Jordi Hernández Borrell --¡director del departamento de Nanociencia y Nanotecnología, nada menos!-- calificando a Miquel Iceta de “ser repugnante” y diciendo que “tiene los esfínteres muy dilatados”. El sujeto se apresuró a borrar el tuit infamante y a cerrar su cuenta, pero ya lo habían detectado (había mensajes previos en los que ya abordaba el tema de los esfínteres de Iceta, que, al parecer, le obsesionan) y se ha quedado sin departamento, aunque no sin ejercer la docencia, cosa que, ya puestos, podrían haber añadido al castigo.

Pensemos en Núria de Gispert, que, con la vehemencia del converso, un día le dice a Inés Arrimadas que se vuelva a Cádiz y otro, la emprende contra Gonzalo Bernardos (al que se refiere como González Bernardos). Y pensemos, sobre todo, en Toni Albà: este hombre no está bien. Como ya lo han llamado a declarar a finales de mes acerca de un tuit sobre la juez Lamela en el que la acusaba --Albà es así de ingenioso-- de lamer mierda, no ha tenido empacho en emitir un nuevo rebuzno en el que, en el curso de una coplilla supuestamente graciosa, se permite calificar a Inés Arrimadas de “mala puta”. Eso sí, todo lo que tiene de grosero, lo tiene también de cobardica, pues ahora va diciendo que la Inés del texto no es la candidata de Ciudadanos, aunque sin aclarar a qué Inés en concreto se refiere.

Soy consciente de que asomarse la mente de Toni Albà debe producir vértigo, pero algún profesional riguroso debería hacerlo, por el bien del interesad

Toni Albà no es tan solo un independentista hiperventilado como hay tantos, sino también un trastornado que revela su condición en cada una de sus apariciones públicas: ese rostro permanentemente desencajado, esa obsesión paranoica sobre lo malos que son los españoles y lo mucho que nos odian, ese odio​ a España que se cuela en cada una de sus muecas... Si existiera ese examen psiquiátrico que comentaba al principio, no lo hubiera pasado.

Soy consciente de que asomarse a su mente debe producir vértigo, pero algún profesional riguroso debería hacerlo, por el bien del interesado y, sobre todo, de los que le tenemos que soportar, dado que su presencia social es, además de ubicua, ominosa. Con gente así ni se construye un país nuevo ni se zurce adecuadamente el viejo. Debería tomar ejemplo de Pilarín Bayés, que el otro día, en un mitin, se caló un gorro amarillo con borla que daba gusto verlo y mostró a los asistentes uno de sus espantosos dibujitos, en el que se veía a un monstruo terrible que, según ella, representaba al malvado Estado español. Y es que todavía hay clases, incluso entre los frikis del prusés.

Artículos anteriores
¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información