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¡Ese 'peasso' de vicepresidente!

Ramón de España
6 min

Aquí hay algo que no encaja: mientras el seráfico Pedro Sánchez prepara unos indultos estupendos para los presidiarios del prusés porque, según él, ha llegado la hora de la concordia, el nuevo mandamás de la Generalitat, Pere Aragonès, se saca de la manga un vicepresidente, Jordi Puigneró, al que la concordia se la sopla porque es un firme devoto de esa confrontación (supuestamente) inteligente con el estado de la que siempre habla su líder natural, el fugitivo Carles Puigdemont. El niño barbudo da una de cal y otra de arena. Por eso en su gobiernillo hay gente aparentemente cabal y también unos cuantos aspirantes a presidiario patriótico, el más conspicuo de los cuales es, precisamente, su segundo de a bordo, el hombre que fabrica la Cataluña digital en espera de la real y que, en plena pandemia, se gastó dieciocho millones de euros en un nanosatélite catalán llamado a situar a nuestra comunidad en cabeza de la conquista del espacio, se ponga la NASA como se ponga.

 

Pere Aragonès nombra un vicepresidente, Jordi Puigneró / ANTENA 3

Si no fuese porque la decisión debía de estar tomada antes de la ceremonia de investidura, uno diría que el nombramiento de Puigneró es una venganza contra todos esos malos catalanes que han llenado las redes sociales de fotos de la investidura presidencial en las que se ve a la primera familia de Cataluña (papá, mamá y la niña) vestida como para ir a un bautizo: el padre, con uno de esos trajes azules que le van pequeños, le aprietan y le tiran de la sisa; la madre, con un modelito rosa de mangas abullonadas que, en el mejor de los casos, recuerda a algún descarte de la época más glam del difunto David Bowie o a algo que no se habrían puesto ni muertos los New York Dolls durante sus años de mayor consumo de drogas y alcohol; en atención a su corta edad y su incapacidad de defenderse, solo diré que la niña parecía ser encaminada, contra su voluntad, hacia una reunión de las Damas del Ropero de finales de los años cuarenta, con su vestidito, sus zapatitos de primera comunión y su Rebequita por si refresca.

La ira de un padre de familia endomingado puede ser terrible, y entiendo que a Aragonès le haya sentado mal el cachondeo gráfico sobre el día más feliz de su vida, pero con el nombramiento del consejero digital como vicepresidente pagamos justos por pecadores: yo mismo, solo me reí un poco al ver las fotos de la familia Aragonès en la investidura, pero no colgué ninguna. Y en cuanto al frente exterior, responder a los anhelos de concordia del presidente español nombrando vicepresidente del gobiernillo a un energúmeno hispanófobo y que cree a pies juntillas en las patrañas del Institut Nova Història no sé yo si es empezar con muy bien pie las relaciones con el estado opresor. Pasemos por alto la cara de pocas luces del señor Puigneró y la triste evidencia de que, a su edad, aún no ha aprendido a afeitarse correctamente: si ha llegado la hora de la concordia, como supone alegremente y porque le conviene el señor Sánchez, no me parece que la figura del digitalizado Puigneró contribuya mucho a ese noble ánimo de distensión.

Lo único que se deduce de este nombramiento es que los posconvergentes siempre son capaces de superar a la baja sus ofertas humanas: de acuerdo, perdieron la presidencia de la Generalitat porque fueron incapaces de encontrar algo más funesto e inútil que Quim Torra, pero cuando pudieron acceder a la vicepresidencia no pararon hasta encontrar algo mucho más impresentable que Elsa Artadi (solo el magnate petrolífero Canadell, el hombre de las doce gasolineras, nueve de ellas de autoservicio, el capitán de industria con exactamente tres asalariados, podía competir con Puigneró en las áreas que el puigdemontismo más valora: la antipatía, la beligerancia, el odio al vecino y ese culto a la tangana inútil que es la confrontación inteligente).

El nombramiento de Puigneró solo se entiende por el deseo de Aragonès de hacer compatible el realismo (la república catalana va para largo y de momento vamos a seguir trincando con la independencia como hicieron nuestros padres con el autonomismo y nuestros abuelos con el franquismo) con la farfolla patriótica para cupaires (¡no nos conformamos con menos de la amnistía para nuestros presos y no pararemos hasta alcanzar la independencia que nos exige el mandato del uno de octubre!). En cualquier caso, no sé yo si un racista que se refiere a España como Ejpañistán y que asegura que América la descubrimos los catalanes tras zarpar del puerto ampurdanés de Pals es el vicepresidente más adecuado para esa etapa de solidaridad y concordia que anida en la mente de Pedro Sánchez y que, probablemente, concluirá con una victoria estrepitosa del PP en las próximas elecciones generales.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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