Otra vez será, Beatriz

Ramón de España
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Finalmente, el presidente número 130 de la Generalitat podrá presentarse a las elecciones europeas en compañía de sus queridos secuaces Comín y Ponsatí. No contento con eso, piensa querellarse contra la Junta Electoral Central por prevaricación. Realmente, ¿a quién se le puede ocurrir la idea peregrina de que un fugitivo de la justicia no debería presentarse a presidente ni de una comunidad de vecinos? Lo que no me ha quedado claro es si, caso de hacerse con el ansiado euro escaño, Puchi deberá pasar por Madrid para hacerse con la documentación preceptiva, momento en el que lo pueden enchironar ipso facto. Sería una broma de muy mal gusto, francamente.

En el ambiente de euforia que impera entre los indepes en general y los fans de Puchi en particular (un contingente cada vez más diezmado, por cierto), nadie tiene una palabra de consuelo para los que se han quedado compuestos y sin escaño. Lo de Xavier Trias da un poco igual, pues se dormita mejor en el sillón de casa que en el Parlamento Europeo y el hombre ya no está para muchos trotes. Lo de Gonzalo Boye ya es más preocupante, pues si añadimos a las onerosas minutas que le endilga a Puchi (y paga el bueno de Jami Matamala, o alguna entidad benéfica independentista) el sueldo de europarlamentario, el hombre podría vivir como Dios (y con un par de asesorías a grupos terroristas internacionales, tema en el que va muy fuerte, completaría unos ingresos de lo más chachi).

Pero lo que realmente hace sangrar mi corazón es la triste situación en que ha quedado Beatriz Talegón: lo suyo era un paso de gigante en su vida de sicofante del soberanismo; el escaño europeo era el primer premio con fundamento de su voluntariosa carrera de oportunista, que hasta ahora no iba mucho más allá de unas columnitas en El Nacional y unas apariciones en TV3; en el Parlamento Europeo, nuestra heroína empezaría a ganar pasta gansa sin dejar de insistir en la tremenda injusticia que se había cometido con la pandilla de Puchi, gracias a la que ella, lamentándolo mucho, había podido finalmente prosperar. Por no hablar del rebote que se habría pillado Cotarelo, ese singular visionario al que el nacionalismo trata a patadas, ya sea alojándolo en una pensión de mala muerte o pasándolo (dicen que por error) de último de la lista de ERC a primer suplente (esto le sacó de quicio, pues Cotarelo exige un trato protocolario acorde a su prosapia).

Tan crecida estaba Bea que la tomó con los de El Periódico por decir lo que todo el mundo sabe. O sea, que es una profesional del transfuguismo siempre en busca de una posición mejor que la anterior. A esas hemos llegado en España: le dices a un trepa que es un trepa y se te enfada y se hace el ofendido (como Vox al ser tildado por Casado de partido de extrema derecha). No sé si Bea contaba ya con los euromonises, pero, por si acaso, yo aún no pagaría la entrada del apartamento en Begur.

San Joderse cayó en lunes, Bea, y nunca mejor dicho, pero... ¿Qué es un escaño en el Parlamento Europeo comparado con la alegría de ver cómo lo ocupa uno de tus grandes amigos? Tú persevera o sé fiel a ti misma y búscate otro hábitat más favorable. Creo que en Vox andan buscando mujeres empoderadas. ¿O era en la Legión?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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