Cotarelo se pasa al teatro

Ramón de España
5 min

No nos estamos portando bien con Ramón Cotarelo. El hombre deja Madrid y se instala en Vilamerda de l'Arquebisbe (provincia de Gerona) o en algún lugar parecido: solo por eso ya deberíamos pasarle una semanada razonable. Es más independentista que los independentistas locales y, ¿cómo se lo agradecemos? Primero la CUP lo invita a no sé qué villorrio y me lo mete en una pensión churrosa en la que no funciona el WiFi. Luego se le ofrece un puesto en la lista de ERC a las europeas --el último, que es para gente ilustre, como demuestra el hecho de que yo ocupara ese lugar en la lista de Valls a las municipales-- y, a última hora, me lo sacan de ahí para ponerlo entre los primeros suplentes, cogiéndose el cátedro un rebote del quince. Ahora acaba de cerrar su imprescindible blog Palinuro por, según dice él, aunque no de manera tan directa como yo lo escribo, falta de apoyo (¿social, económico…?) de los tipos cuyo trasero lame disciplinadamente desde que se instaló entre nosotros. Y añade que se ha llevado una desilusión con lo que él llama “la esfera pública” catalana, que se le antoja --ahí acierta-- tan turbia y mezquina como la española. El fin de las aventuras de Palinuro es temporal, no suframos más de la cuenta: Cotarelo dice que volverá al asunto cuando Cataluña alcance la independencia o cuando se quite de encima unos trabajillos sin especificar que lo tienen muy ocupado; lo que suceda antes, como si no supiera qué es lo que va a suceder antes por muy lento que vaya.

Tenemos, pues, a un Cotarelo humillado y ofendido por quienes mejor deberían tratarle (no hay que descartar que los procesistas se hayan dado cuenta de que se las han de ver con un orate colérico y por eso prefieran promocionar a Bea Talegón, que es una trepa de nivel cinco, pero aparenta estar en sus cabales). Alguien menos entusiasta de la liberación de Cataluña (o menos perturbado: yo creo que todo empezó cuando le hacía la pelota a Zapatero en busca de un ministerio que no le cayó jamás) abandonaría Vilamerda de l'Arquebisbe y volvería a Madrid, donde se está muy ricamente, pero nuestro hombre, que es imprevisible, se sale por la tangente e inicia una carrera teatral.

Anulen todos sus compromisos para este sábado, pues la Plataforma Blanc i Negre representará en Bruselas --Theatre La Salle Saint Joseph-- la obra El meu avi va anar a Cuba, protagonizada por Cotarelo en el papel del general Valeriano Weyler (Palma de Mallorca,1838 – Madrid, 1930), precursor de los campos de concentración durante la guerra de Cuba, lo cual no le impidió ser un furibundo detractor del dictador Primo de Rivera, cuya destitución le estuvo suplicando al rey Alfonso XIII hasta sus últimos días. La obra, según cuenta El Nacional --el panfleto mega subvencionado de Pepe Antich, que debería titularse La voz de su amo, es una mina-- aborda la situación de los catalanes en Cuba durante la Guerra de Independencia, aunque no sé si saldrá algún negro diciendo aquello de Dios mío, quien fuese blanco, aunque fuera catalán (catalán era, en aquellos tiempos, sinónimo de negrero, me pregunto por qué). Lo que es seguro es que el pobre Weyler aparecerá como un tiranuelo ridículo, si hemos de hacer caso a la foto de Cotarelo en Can Antich en la que luce uniforme de General Bum Bum, casco prusiano con pincho y unas anacrónicas gafas de pasta (como en las fiestas de moros y cristianos).

¿Es esta la prueba de que Cotarelo ha perdido definitivamente el juicio? ¿O estamos asistiendo al inicio de una tardía, pero prometedora carrera teatral? En cualquier caso, ruego desde aquí a los mandamases del prusés que le arreglen un poco la vida a este hombre, que a este paso acabaremos viéndolo de monologuista en El Club de la Comedia. Y a su edad, los abucheos pueden ser mortales.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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