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La televisión pública de Cataluña, TV3

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Manicomio catalán

TV3 o la resiliencia 'procesista'

"Si a mí me parece que sigue siendo un arma del separatismo y los salvadores de estructuras de Estado opinan que se ha convertido en un caballo de Troya del españolismo más recalcitrante, igual el piadoso Illa ha tomado por un camino del medio"

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Según reflejan los digitales del Ancien Regime, podría estarse escuchando en los medios de comunicación de la Generalitat cierto ruido de sables a cargo del nutrido sector lazi de TV3 y Catalunya Radio y sus empleados más resilientes en su procesismo, que asisten, indignados, a una presunta sustitución de mandos, marginando a los de toda la vida para poner en su lugar a unos canallas españolizadores y filo socialistas que lleven a cabo el siniestro plan de Salvador Illa para convertir La nostra en una televisión autonómica más tras proceder a una descatalanización total de sus contenidos.

Se quejan estos héroes de la catalanidad de que se reparten cargos a dedo entre infraseres del Nouveau Regime, marginando a los buenos catalanes que realmente los merecen y priorizando la fidelidad a Illa antes que los méritos profesionales de los aspirantes al carguito de turno. En un acto de patriótica nostalgia, estos periodistas de raza (catalana) echan de menos los viejos tiempos, cuando, según ellos, los cargos se otorgaban de manera apolítica, escogiendo siempre a los más preparados.

Curiosa manera de ver las cosas, teniendo en cuenta que durante los largos años de la oscuridad pujolista se nombró siempre a los leales al régimen, sin importar mucho sus méritos profesionales, que siempre iban por debajo de los patrióticos (¿se han olvidado de Mònica Terribas o de Xavier Grasset, por citar tan solo un par de ejemplos de fidelidad perruna al separatismo?).

Me consta que a mucha gente que no comulgaba con las ideacas del régimen se le hizo la vida imposible y se la marginó sin dudarlo durante muchos años, a ver si presentaban su dimisión. ¿Y ahora nos salen estos guardianes de las esencias a quejarse del cambio de tendencia (que algunos querríamos más radical y contundente)?

Las televisiones públicas, lamentablemente, siempre están a merced del gobierno de turno. No debería ser así, pero lo es. En TVE, ahora en plena exaltación sanchista, hemos visto como cada gobierno hacía lo que quería con ella. Y en TV3 está ocurriendo lo mismo, aunque de manera bastante más discreta que cuando la mangoneaba Convergencia. Tan discreta que a muchos nos cuesta distinguir la actual de la de antes, pues seguimos viendo las mismas jetas y tragándonos los mismos mensajes que en la edad dorada del procesismo.

A este paso, me temo que voy a acabar llegando a la conclusión de que Salvador Illa está haciendo lo correcto con TV3. Si a mí me parece que sigue siendo un arma del separatismo y los salvadores de estructuras de Estado opinan que se ha convertido en un caballo de Troya del españolismo más recalcitrante, igual el piadoso Illa ha tomado por un camino del medio que, a la larga, consiga que nuestra televisión pública se convierta en una empresa audiovisual más o menos decente.

Los que no gozamos de la beatitud del presidente de la Generalitat, hubiésemos entrado en TV3 dispuestos a organizar una purga que ríanse ustedes de las de Stalin (por eso los míos nunca alcanzan el poder, entre otros motivos porque ya no existen y yo corro el peligro de convertirme en un energúmeno muy parecido a los columnistas demenciados de los digitales nacionalistas, lo cual, si quiero ser coherente, me conduciría al suicidio).

Pero parece que esas cosas se consideran de mal gusto en Cataluña, lo cual habría conducido a nuestro actual líder a una maniobra de lenta penetración, que es de lo que se quejan los lazis de TV3 y Catalunya Radio, que siempre pensaron que en sus trabajos se imponía el orden general de las cosas.

La desinfección de TV3 (y la extracción de aquella costra nacionalista que señalaba el gran Joan Ferran) está a medio efectuar porque los sociatas parecen haber elegido el camino más largo y sinuoso (como el de la canción de los Beatles). Ellos sabrán por qué (dejando aparte su tradicional síndrome de Estocolmo ante los secuestradores lazis). 

Igual están haciendo lo correcto. Ya no lo sé. Veremos.