Qué contento salió de la Moncloa el beato Junqueras, sorprendido tal vez de que se admitieran presidiarios en la sede de la presidencia nacional (o estatal, según él).
Salió de allá refulgente y aparentemente convencido de haber logrado traerse una pasta gansa para Cataluña sin habérsela quitado a nadie, dado que su financiación plurisingular, tan bien explicada por la ministra Montero, hará más ricos a todos los españoles y ayudará un poquito a los catalanes a resistir ese expolio en el que viven instalados desde el año del Señor de 1714.
También Pedro Sánchez y Salvador Illa se muestran muy satisfechos ante ese acuerdo que lo más probable es que no se cumpla jamás, pero sirve para que el Gobierno central aguante unos meses más en el poder, que es lo único que le interesa al señor Sánchez, aunque uno ya no entienda por qué (será que a algunos mandatarios les agrada enormemente, y de manera masoquista, alargar todo lo posible su agonía).
Illa, por su parte, parece el tío Gilito a punto de lanzar sobre sus conciudadanos esos 4.700 millones de euros que ha conseguido arrancarle al centralismo, aunque cabe la posibilidad más que evidente de que no lleguen nunca.
Aparte de Sánchez, Illa y el beato, a nadie le gusta la financiación singular (pero para todos: la cuadratura del círculo), que se han sacado estos tres de la manga. La derecha abomina del acuerdo. Los independentistas de piedra picada aseguran que es un nuevo timo como el que los blancos practicaban con los indios a base de piedras de colores en el lejano Oeste.
Hasta en ERC hay gente rebotada con la astucia de Oriol el de las Cabras y convencida de que la pérfida España, como tiene por costumbre, no cumplirá sus acuerdos con la catalana tierra.
El PP ya ha dicho que hará todo lo posible para abortar el plan a lo largo de todo el proceso parlamentario, con la previsible ayuda de Junts, que ya ha calificado el acuerdo de tomadura de pelo, ya que todo lo que no sea un chollo como el de los vascos les parece poco. Así pues, ¿a qué viene tanta alegría en el rostro del beato?
Es comprensible que Illa se muestre satisfecho, ya que deja a los de Junts como unos pazguatos capaces de dejar a ese paisito al que tanto quieren sin 4.700 millones de machacantes. Y mucho más que lo esté Sánchez, pues con esta promesa que igual no puede cumplir (¿qué más da una más?) se asegura un ratito más de estancia en la Moncloa, pues alguien debe protegernos del fascismo, y si no es él, ¿quién?
Oriol Junqueras se ha marcado una buena operación de márketing, demostrando que él sí ama Cataluña, y no los de Junts, que, con tal de amargarle la vida, son capaces de birlarles una pasta guapa a sus compatriotas. Y a los díscolos de su partido, ya les convencerá de lo equivocados que están o los enviará a galeras directamente. A partir de ahora, su apoyo a Illa será aún más entusiasta si cabe.
Eso sí, que se prepare para lo que vendrá después, cuando su formidable acuerdo con el Gobierno central se vaya al carajo porque no es aprobado en el parlamento y los 4.700 kilos no nos lleguen nunca. Se incrementará el ruido de sables en su partido y los disidentes, crecidos, se le echarán al cuello, que no es fácil de abarcar (no lo han incluido de milagro en la Mesa del jabalí), pero con varias manos igual se consigue.
Aquí todos han puesto en marcha el viejo refrán catalán Qui dia passa, any empeny. Un poquito más de aire para Sánchez. La apariencia para Illa de que se parte el pecho por Cataluña. Y un poco de autobombo para el beato providencial, el presidiario reconvertido en un hombre sensato que ha rebajado notablemente sus ansias independentistas y se comporta como un probo funcionario español.
Entre los tres, les ha salido un pan como unas hostias que igual lo tira a la basura un Gobierno del PP y Vox. Pero, de momento, todo son sonrisas y autopalmadas en el lomo. Criaturitas…
