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El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán, durante la entrevista con Crónica Global / CG

Vila-Sanjuán: "Es suicida proyectar la cultura catalana sólo en catalán"

Sergio Vila-Sanjuán reclama que Barcelona recupere el peso cultural que le ha llevado, a lo largo de los siglos, a ser una capital mundial de la edición en lengua castellana

23.09.2018 00:00 h.
16 min

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) tiene claro una cuestión sobre la cultura catalana que el nacionalismo sigue sin apreciar. Hubo, y hay, dos lenguas con las que se ha expresado la creación cultural. Y no hay una línea que señale para qué han servido, desde un punto de vista ideológico. Acaba de publicar Otra Cataluña, seis siglos de cultura catalana en castellano (Destino), donde concluye que “la utilización del castellano en Cataluña como lengua de cultura se debe, a lo largo de los siglos, a tantos motivos diferentes que resulta imposible trazar una teoría de conjunto”. Hay progresistas, conservadores, de ultraderecha, y también federalistas y anarquistas. Vila-Sanjuán, periodista y escritor, asegura que la identidad catalana se ha forjado con autores en castellano, y que, al margen de cómo acabe el proceso político en Cataluña, “es suicida proyectar la cultura catalana sólo en catalán”.

--Pregunta: El debate es largo, pero, ¿Hay una lengua propia de Cataluña?

--Respuesta: Al margen de lo que pase en Cataluña en el futuro, respecto al proceso soberanista que vivimos --yo no soy independentista--, lo que parece claro es que se debería apostar por un proyecto inclusivo. Se debe reflejar la tradición y la realidad catalana desde todas las instancias. La cultura catalana es plural, con dos lenguas. Y eso se debe mantener. Es la realidad. Es una base necesaria y fuerte para la propia industria y para el imaginario cultural. En ciertos momentos, ese equilibrio se ha conseguido, con el Ayuntamiento de Barcelona, con Pasqual Maragall, que entendió bien que se debía aprovechar las dos lenguas. Lo que me parece suicida es proyectar la cultura catalana en una sola lengua, en catalán, renunciando a toda una tradición, que nos ha enriquecido, y que ha configurado también Cataluña.

--¿Se ha politizado todo, sin sentido?

--Sí, y no se debía haber hecho. Jordi Pujol renunció a esa parte de la cultura catalana. No iba con él. Y esa competencia, sobre la literatura catalana en castellano, la debía haber asumido.  

--¿Se equivocó también la izquierda en la transición, con iniciativas como la encuesta encargada por Taula de Canvi, o las afirmaciones del Congrés de Cultura Catalana sobre la identificación de la cultura catalana con el catalán?

--Es delicado. Lo que pasa es que la izquierda, que sabe que el nacionalismo no juega bien en ese campo, está obsesionada con la posible división entre dos comunidades, y hay un sentimiento fuerte de culpa y de necesidad de una compensación, porque es cierto que el franquismo penaliza y reprime la lengua catalana. Se compensa, aunque se entiende que el nacionalismo se está pasando, y se decide que no se molestará. Pero ahora toca modificar cosas y repartir las cartas de nuevo, porque también ha habido reacciones en el otro lado, contundentes.

--Por tanto, ¿es el momento de reflexionar y reformar la normalización lingüística en las escuelas?

--Creo que sí, que hay que hablarlo. Se debe aspirar a una escuela en tres lenguas. Pero es que, además, se deben cumplir las sentencias de los tribunales, que piden el 25% de las clases en castellano. Creo que se debe facilitar las cosas a la gente que puede estar de paso. Es necesario iniciar un debate, sin que se insulte a ninguno de los bandos que lo pueda iniciar, con expertos internacionales, y discutirlo todo con fundamentos.

--En el campo político, esa identificación a partir de la lengua, sí se ha producido. Todas las encuestas señalan que el independentismo es fuerte entre los catalano-hablantes y con orígenes sólo catalanes. ¿Nunca se ha sido ‘un sol poble’?

--Hay que volver a posiciones de centro, porque todo se ha escorado mucho. Y se deben promover ofertas atractivas para las dos comunidades. El éxito del PSC fue que su oferta socio-política llegaba a las dos comunidades, y ahora habría que volver a algo parecido. No estamos obligados a una solución binaria. Deberíamos abrazar el gris.

 --¿Un gris con dos lenguas?

--Sí, lo primero que se debe hacer es saber qué ha sido la cultura catalana, y releerla en clave inclusiva.

--¿Jordi Pujol, por tanto, se equivocó al basarlo todo en la lengua? De hecho lo llega a admitir en las memorias que recogió Manuel Cuyàs, al señalar que se podía haber escogido el modelo de Irlanda.

--No lo hizo bien, desde luego. Su nacionalismo dejó claro que sería cultural y lingüístico. Formuló una opa sobre la creación catalana en castellano, sin ofrecer nada a cambio, haciendo ver que no existía. O no lo vio, o no lo quiso ver. Y es uno de los problemas serios que ha dejado el pujolismo. Otros sí lo han entendido, como Ferran Mascarell, desde el Ayuntamiento de Barcelona. Veremos cómo actúa la consejera Laura Borràs.

--Con su libro, ¿se rompe el mito de 1714, el hecho de que el castellano también se utilizaba, que era parte natural también en Cataluña?

--Es una fecha importante. Con el tricentenario que se organizó eché de menos lo que sucedió en el bicentenario de la Revolución francesa, con una gran discusión sobre todo, con reflexiones importantes sobre la época del Terror, sobre Robespierre, con debates sobre todos los ángulos. Aquí eso no se hizo. Se realizó un seminario entre historiadores de parte con un título desafortunado: España contra Cataluña. Y no se invitó, ni tan solo, a una autoridad como John Elliot. Y es evidente que había otras lecturas posibles, y que el castellano era la lengua de muchos autores catalanes antes de esa fecha.

--Usted habla de Francesc Canals (1922-2009), un austracista por cuestiones religiosas, que no nacionales. Un profesor de la UB que ofreció en su momento una interpretación distinta sobre 1714 pero que ha sido marginado del debate.

--Canals formula una interpretación diferente. Está a favor de los resistentes, pero no por una cuestión nacional, sino porque defendían el antiguo régimen, y los botiflers, en cambio, eran unos ilustrados, con un proyecto modernizador. Lo explicó Finestres, y Lázaro de Dou, al recordar que el nuevo monarca acabó con el poder eclesiástico y posibilitó que Cataluña entrara en la modernidad. Sin embargo, todo eso no se explicó y el tricentenario sirvió como acelerador del proceso independentista. En cuanto a Canals, como profesor, como intelectual, todo el mundo coincide en que fue un hombre de derechas, muy conservador, pero sus libros sobre la tradición catalana hay que conocerlos, muestran una realidad que no se puede dejar de lado. Y parece, en cambio, que sólo pueda haber una lectura posible.

 --Todos esos autores, esa cultura catalana expresada en castellano, ¿muestran un denominador común, una voluntad de que Cataluña influya más, de que se respete la pluralidad en el conjunto de las Españas?

--Lo que muestra es el enorme peso de la cultura catalana en la cultura española. En algunos casos son obras en catalán, que son parte de la cultura española. El catalán debería tener más peso en España. Yo he firmado a favor de esa ley de lenguas que se está impulsando, a través de diferentes intelectuales y políticos. Pero esa voluntad de influir más, de ser mejor reconocidos, debe ser de sentido inverso. También en Cataluña se debe reconocer mejor el castellano, y se debe tomar en serio el bilingüismo, en la rotulación o en las escuelas. E insisto de nuevo en que se debe releer el XIX y el XX, con la mirada puesta en Cataluña y en su relación con España.

--Usted habla de Barcelona como capital internacional de la edición. ¿Peligra esa posición?

--Estamos en un mundo global, con una gran competencia. Nos hemos colocado en lo más alto en el campo editorial, y eso requiere la ayuda del sector privado y de las instituciones. No somos una capital global en el mundo del arte, o en la música, pero sí en la edición, y eso hay que saber cuidarlo. Madrid compite, pero principalmente México y Buenos Aires, que se están espabilando mucho.

--¿Algunos autores catalanes en castellano han podido hacer un mayor esfuerzo por difundir el catalán?

--Siempre se puede hacer más, pero se ha hecho. El grupo de Barral, con José Agustín Goytisolo, con Badosa, hizo un gran esfuerzoTambién Jorge Herralde, con Anagrama, que ha traducido a muchos escritores catalanes. Se puede mejorar esa difusión, pero se ha realizado. Un capítulo importante fue, y yo fui uno de los impulsores, que la literatura catalana en catalán fuera invitada a la Feria de Frankfurt. Fue un gran éxito. Pero todo eso tiene que ser simétrico. El estado debe ser inclusivo, pero Cataluña también.

--¿Hay poco intercambio entre las dos comunidades de escritores?

--La Generalitat y el Ayuntamiento deberían fomentar más esa comunicación. Hay poca cosa en marcha. Bibliotecas de Cataluña han realizado alguna iniciativa. También la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), ha promocionado algunas jornadas. Pero hay poca actividad. Sin embargo, los departamentos de literatura comparada, que hay en nuestras universidades, podrían implicarse, con congresos de literatura comparada entre el castellano y el catalán.  

--¿El Estado ha fallado en Cataluña?

--El Estado se ha dormido bastante. Pero no se puede generalizar. No es lo mismo el Gobierno del PSOE que el del PP. En épocas socialistas, con Semprún o César Antonio Molina, se creyó en la pluriculturalidad, y con el PP se ha hecho poco. No lo digo partidistamente, es una realidad.

--¿Cree que ahora Ciudadanos tiene una oportunidad que no acaba de aprovechar?

--En algunas cuestiones están trabajando bien, como en todo lo relacionado con los derechos de autor, con Marta Rivera de la Cruz, en Madrid. En Cataluña no ha perfilado, sin embargo, una propuesta cultural inclusiva. Le falta una propuesta que sea aceptable en el campo catalanohablante.

 --¿Y en el lado independentista?

--El independentismo debe esclarecer muchas cosas. No es igual Mascarell, por ejemplo, que el colectivo Koiné, o ciertos sectores de Esquerra Republicana, aquellos que sólo quieren como lengua oficial el catalán.

--¿Cómo influye lo que pase en Barcelona, con la irrupción de Valls, la ciudad como contrapoder, para ser punto de encuentro?

--Creo que fue un error por parte de Colau romper el acuerdo con Collboni, que tiene una idea bastante clara sobre cómo potenciar el valor de Barcelona como capital editorial, Colau se queda sin proyecto cultural, y ha sido una pena, porque era una fórmula que podía ser solvente. Gane quien gane, con Valls o no, la cuestión cultural debe ser una de sus principales tarjetas, porque puede jugar en la liga cultural, en catalán y en castellano, con capacidad prescriptiva.

--¿Ha perdido peso realmente Barcelona, en el campo cultural?

--En el campo editorial se mantiene. Pero no estamos en la liga de las grandes exposiciones internacionales de arte, por ejemplo. En Bilbao, Madrid o Málaga se ha sabido atraer a un turismo internacional interesado en la cultura. En la oferta teatral me parece muy activa, con buenas producciones. En ópera, sin embargo, Madrid, con gente catalana, nos está sobrepasando, y se debería potenciar más el Liceu. Creo que se podría llegar a un pacto serio entre Barcelona, la Generalitat y el Estado para potenciar todo lo que se pueda.

--¿Qué papel juega TV3?

--TV3 ha sido muy criticada en el campo de la información política, pero en otras cosas, como en el campo cultural, el de los dramáticos, la información cultural, --a temporadas-- está muy bien. Ahora, y sabiendo que fue el producto de un pacto, de Pujol con los gobiernos centrales para dejarlo sin actividad, se debería potenciar el canal de TVE en Cataluña, con programas en catalán y en castellano, y con información no tan mediatizada por la visión nacionalista, como ha pasado en TV3.

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