Pásate al MODO AHORRO
Nuria González y una imagen de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM)

Nuria González y una imagen de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) Fotomontaje CG / JorgeBarreraM (CC-BY-SA-4.0)

Pensamiento

El feminicidio de Claudia en México y los ignorantes de la “élite” intelectual española

"Hay despachos universitarios donde se toman decisiones que abogan por enviar a estudiantes a lugares absolutamente evitables, incluso para las estudiantes autóctonas que viven allí, y que de buena gana saldrían de Morelos para estudiar en otra parte"

Publicada

Hace ya rato que me pregunto muchas veces, viendo el espectáculo alrededor, en qué momento se volvió España un país minúsculo y su gente una masa maleable a la que le han aniquilado las aspiraciones. Y no me estoy refiriendo a la gente trabajadora, sino a las élites del conocimiento y la política, que son de chiste. De chiste malo.

De la política poco hay que decir, a la vista de los hechos que constatan que estamos en el momento más cutre de la democracia española, en la que los políticos han convertido el debate en un campo de fútbol y los votantes ya no son ciudadanos, sino hooligans.

Hoy mismo, la gran apuesta política en Catalunya es contrarrestar las “paellas” de la "Fiesta de la Rosa" del PSC en Gavà con una “Fiesta de las Migas” del PP en Badalona. Si a ustedes no les parece lo más deprimente del mundo, igual es que la rara soy yo.

Pero hoy no quiero hablar de la clase política que arrastra a este país; hoy quiero hablar de la élite intelectual, esa que se pone rancia en los claustros de las universidades españolas, en sillones centenarios, y que ha llevado a España en los últimos años hacia el abismo intelectual más hondo que jamás hayamos visto.

Catedráticos, profesores, gente de la política educativa que son colaboradores necesarios para que la calidad intelectual de nuestro país sea un desierto y para que el análisis crítico que pueden hacer nuestros conciudadanos más jóvenes tenga el mismo nivel que el que pudiera hacer una berenjena.

Esas élites son peores aún en universidades de rancio abolengo, como es la Universidad de Granada (UGR), otrora una de las mejores de España, orgullosa de haber sido fundada por Carlos V, quien promovió su creación hace justo 500 años. Ahora, no deja de ser trágico y paradójico que, bajo el mandato del mismo emperador Carlos V, al tiempo que se fundaba esta universidad, se consolidara la provincia (que no colonia) de “La Nueva España”, hoy México. Medio siglo después, los dirigentes de la UGR no saben prácticamente ni dónde está México ni lo que pasa allí; especialmente, no saben que es el país no islámico más feminicida del mundo.

Tras el asesinato de Claudia Tacoronte, la estudiante de Erasmus que nadie se explica qué hacía en la Universidad de Morelos, ya no porque el estado de Morelos es, como todo México, un lugar de altísimo riesgo para cualquier mujer, sino porque no alcanzo yo a vislumbrar la excelencia académica de la Universidad de Morelos, que no destaca en nada y que no es conocida académicamente por nada. Hubiera podido ser la UNAM o la de Guadalajara, pero ¿la Universidad de Morelos? No hay explicación lógica académica para ello. Y, sin embargo, hay explicación.

Que pasen estas cosas es fruto directo de que, al igual que en toda la clase política, los políticos académicos también son adalides de la mediocridad y, seguramente, de la corrupción. No olvidemos que es primero en las universidades donde se gesta, se testea y luego se divulga el discurso político que la clase dominante pretende imponer. Por ejemplo, la misma Universidad de Granada, donde yo misma estudié, se ha convertido en la última década en el estandarte de las teorías transgeneristas que abogan por que un hombre, solo con desearlo, puede convertirse mágicamente en una mujer. Con teorías anticientíficas como esa, ¿qué podemos esperar ya de la Universidad de Granada?

Pero la UGR no está sola en su camino a la perdición intelectual. La Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) también ha pasado de ser casa de estudios a ser casa de movimientos políticos totalitarios bajo la siempre conveniente etiqueta de antifeixista, que nada tiene que ver con la realidad. El discurso independentista que ha hundido a Cataluña en la miseria en los últimos 15 años también sale de las aulas universitarias. Y también discursos de signo contrario, como Ciudadanos, que se dio a conocer literalmente en el aula magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona.

En la élite intelectual universitaria está muy mal vista la política y, sin embargo, se pasan el día haciendo política. Solo que con la salvedad de que, allá donde se niega la política, se hace siempre la peor y más rastrera política.

Y por estos mimbres hemos llegado a que hay despachos universitarios donde se toman decisiones que abogan por enviar a estudiantes a lugares absolutamente evitables, incluso para las estudiantes autóctonas que viven allí, y que de buena gana saldrían de Morelos para estudiar en otra parte donde no se jugaran la vida al ir a clase.

Pero así son la Europa y la España posmodernas. Ignorantes, mediocres y desnortadas, exactamente igual que su élite intelectual.

Dos cosas más para redondear el desastre que rodea al asesinato de Claudia Tacoronte desde este lado del charco. La primera, la absoluta vergüenza ajena que produce ver a “intelectuales” y “opinólogos” demostrar su total ignorancia sobre el término “feminicidio”, lo que significa cómo se ha construido y cuál es su innegable valor como una de las aportaciones más importantes a la política criminal de los últimos 50 años, acuñado por la maestra Marcela Lagarde.

El feminicidio es el asesinato de una mujer por parte de un hombre, cuyo móvil es únicamente el hecho de que la víctima sea una mujer. Ahora, gracias a la enfermedad de la falsa izquierda y el posmodernismo del antipunitivismo que padecemos tanto México como España, ese término está “en revisión”, para que quepa cualquiera como víctima y que desaparezcan los feminicidios en México. Esa teoría también sale de universidades mexicanas como la de Morelos, por lo que no es ahora tan extraño que una estudiante de la UGR acabe en la UEM. Lo que comparten es el ideario woke.

Por último, la “rápida y eficaz” resolución del feminicidio de Claudia Tacoronte, celebrada hasta por el ministro Albares, es otra prueba más del desconocimiento y desprecio que tenemos por México y las mexicanas. El 98% es el índice de impunidad de la violencia feminicida en México, y tampoco nadie asegura que el 2% de los procesados sean realmente los responsables de los crímenes que se les atribuyen.

Por tanto, detener a una tal “Trompas” en menos de una semana suena muy extraño a cualquiera que conozca un poco el contexto. Máxime cuando, en los últimos dos meses, ha habido cuatro feminicidios más de estudiantes de la UEM y no se ha encontrado a ningún “sospechoso”. Pero ahí está nuestro ministro de Exteriores, dando por buena la explicación y ayudando a las corruptas autoridades mexicanas a darle carpetazo al asunto lo más rápido posible para quedar lo menos mal posible.

Y no dejo de pensar en qué momento nos volvimos tan pequeños en España y si faltará mucho para nuestra total desaparición intelectual.