Toni Bolaño con el aeropuerto de El Prat de fondo Crónica Global
La batalla de El Prat (y otras)
"En Cataluña nos enzarzamos a menudo en debates eternos sin tomar decisiones. Suerte que en el aeropuerto, a pesar de no contemplar su ampliación, AENA ha previsto inversiones de casi 2.000 millones para poner unas bases de futuro y darnos tiempo para tomar una decisión"
El presidente catalán dijo en su conferencia El futuro ya está aquí que “Cataluña es un lugar maravilloso en el que pasan cosas maravillosas”, y puso en valor su trabajo al frente del Ejecutivo afirmando que “a diferencia del pasado, no estamos aquí para lamentarnos ni para buscar excusas, sino para transformar Cataluña”.
Después de la épica puso los pies en el suelo afirmando que “un país no se transforma de un día para otro. Ningún gran objetivo se logra sin fundamentos sólidos. El camino para ganar el futuro nunca es sencillo ni rápido. Requiere determinación, valentía, generosidad, imaginación y horizontes claros”.
El mensaje de Salvador Illa era claro: “Recuperar el tiempo perdido para hacer realidad el futuro que ya está aquí”.
Fue un discurso cargado de moral para superar los problemas que se acumulan. Problemas que no son sólo de Cataluña, sino del conjunto del mundo occidental, en los que la extrema derecha sube como la espuma con recetas de crecepelo de feria, pero que impactan en una ciudadanía que exige soluciones a sus problemas cotidianos.
Que exige recuperar una sociedad que avanza, que no retrocede, y que sea capaz de redistribuir la riqueza. Por eso, el president lanzó propuestas concretas e hizo un repaso de actuaciones, porque sin soluciones no hay futuro. Y si las hay, estará ennegrecido por esa extrema derecha que se jacta de tener soluciones fáciles para problemas complejos.
Sin embargo, el president Illa obvió la realidad. Ante sus propuestas, los que deberían arrimar el hombro se han mirado el ombligo. Esa supuesta izquierda dejó claro que “Cataluña es un país maravilloso”, en el que sucede lo de siempre, y no suelen ser “cosas maravillosas”.
Primer ejemplo. Pacto por la educación. Objetivo: dedicar al modelo educativo el 6% del PIB. Método: abrir un debate con partidos, sindicatos y comunidad educativa. La propuesta es ambiciosa y loable porque llevamos en el dique seco 17 años. Años en los que ha gobernando Junts y ERC, y años en los que USTEC fue, y es ahora, el sindicato mayoritario. Pero las miserias son más importantes que la política. Y los que han estado 17 años durmiendo el sueño de los justos han despertado con prisas.
Tienen todo el derecho del mundo a ser críticos y presentar propuestas alternativas. ¡Faltaría más! Pero bien estaría que se sentaran a hablar porque ellos son también culpables, en primera persona, del estado de la educación catalana. Estaría bien que confrontaran propuestas y que cerraran filas en un proyecto de país con un Govern que al menos le pone voluntad. Y también recursos no conviene olvidarlo.
Quizás estos culpables añoran aquellos años en los que las prioridades de la educación pasaban por la estelada y por los recortes.
Segundo ejemplo. Ampliación del aeropuerto. El dicho dice “con la iglesia hemos topado”. En el caso del aeropuerto, hemos topado con los Comunes que tienen como propuesta un aeropuerto de segunda división. Ampliar el aeropuerto es mejorar la conectividad de las personas y de la economía. Y ampliar el aeropuerto no es condenar al ostracismo y a la degradación al territorio, sino darle una oportunidad si somos capaces de hacerlo verde y sostenible.
Róterdam era un puerto horrendo. Degradación y depravación del medio ambiente eran su marca dejando que campara a sus anchas la contaminación. Hoy, Róterdam es un puerto de referencia, verde y sostenible. Oponerse apostando por el decrecimiento es miope e irresponsable. Tan miope e irresponsable de los que no mueven pieza por intereses partidistas negando el pan y la sal al ejecutivo como Junts, o tan miope e irresponsable de los que navegan en la ambigüedad y que no toman decisiones como ERC.
En Cataluña no siempre ocurren cosas maravillosas, sino que la mayoría de veces nos enzarzamos en debates eternos sin tomar decisiones. Suerte que en el aeropuerto, a pesar de no contemplar su ampliación, AENA ha previsto inversiones de casi 2.000 millones para poner unas bases de futuro y darnos tiempo para tomar una decisión.
Sería interesante que, una vez más, no juguemos a perder el tiempo como en tantas cosas. El aeropuerto es una. Otra, la educación. No olvidemos la energía y las infraestructuras viarias. También las ferroviarias, porque es cierto que no se invertía por parte del Estado, pero la Generalitat no iba más allá del ruido. Ahora se invierte más que en los últimos diez años y nos quejamos de la existencia de las obras.
Esta es la Cataluña real. Y los partidos democráticos deberían tomar nota, porque de sus cuitas han nacido los intolerantes. O hay soluciones, o tendremos nubes oscuras en el país. Ellos deciden. El presidente Illa en su conferencia fue, sin duda, demasiado optimista.
Tenemos lo que tenemos.