Ignacio Vidal-Folch y Marc Puigtió
Responso por Marc Puigtió
"Ay, ¿por qué tenía que contar sus maquiavélicos proyectos a un señor que está en el otro extremo del espectro político? Es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma"
El ciudadano Maximilien Robespierre, apodado El incorruptible –en referencia a su integridad moral y a su austeridad personal–, llevó a muchos adversarios y también a muchos aliados a la guillotina, y se proponía llevar también a Fouché y a muchos otros a tan ingrato lugar. Pero cometió un error gravísimo: anunciarlo, y sin decir nombres. De esta manera nadie sabía quién estaba en la lista negra.
Muchos diputados y prohombres de la Revolución se sintieron amenazados por un discurso en el que advirtió de que había que cortar unas cuantas cabezas de traidores y corruptos más, le asestaron un golpe de mano y fue él quien tuvo que ir al cadalso.
A partir de ese momento dejó de ser conocido como El incorruptible y empezaron a referirse a él como El tirano o El dictador. Para la Historia fue El arquitecto del Terror.
Su peripecia me ha venido a la memoria viendo el caso del candidato de ERC a la alcaldía de Girona en las municipales de 2027, Marc Puigtió. Claro que tampoco se me oculta que Robespierre pertenece a la esfera trágica de la gran política, y Puigtió se adscribe al estamento bufo de la politiquería catalana, bastante rasera, como sabemos. Pero bueno, un vago parecido lo hay.
Puigtió fue durante nueve años alcalde de Sant Julià de Ramis y partía en la carrera por Girona bien posicionado: joven, eficiente, atractivo, con experiencia como gestor público en una población de 4.000 habitantes situada a solo seis kilómetros de Girona.
Pero ha cometido un grave error: conversar telefónicamente con un sujeto de extrema derecha llamado Travis Agustín Gómez Mora, y ser con él demasiado explícito sobre sus planes para cuando empuñase la vara de alcalde: echar a la calle a todos los concejales de su partido, y aprovecharse de la organización en beneficio de su personal programa.
Ay, ¿por qué Marc Puigtió tenía que contar sus maquiavélicos proyectos a un señor que está en el otro extremo del espectro político? Es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma. Puede ser que quisiera atraer a Gómez Mora, caerle simpático por algún motivo. Pero el otro le ha salido traicionero, ha dado a conocer las declaraciones de Puigtió.
“Te fui muy sincero y te dije cuál era mi intención con Esquerra… Te dije que mi intención era echarlos fuera a todos y quedarme con Esquerra. Y después poder utilizar sus recursos electorales”.
Lo sentimos por Puigtió, al que el comité de Garantías de ERC le ha abierto un expediente informativo, que, si en el partido no son tontos del todo, tiene que acabar con su fulminante expulsión a las tinieblas exteriores, pues sus intenciones no pueden estar más claras: o le “matan” políticamente a él, o él los mata a ellos.
De momento ya ha tenido que pedir disculpas a sus compañeros, alegar que esas frases tan escandalosas se han publicado y entendido “fuera de contexto” (excusa socorrida y poco convincente) y renunciar a competir por ser alcalde de Girona, cargo muy suculento, pues hablamos de una de las ciudades más ricas de toda España.
Puigtió me parecía, como he dicho antes, un joven bien preparado y con pujos de político de larga duración. Pero pensándolo bien no debe de ser tan inteligente ni tan buen político, porque todavía no se había enterado de dos verdades básicas y universales, que trascienden la política.
Una, que en el mundo de hoy todo lo que uno diga –ya sea de viva voz o por escrito– es grabado y fotografiado, y será filtrado por el receptor en el momento en que lo considere oportuno. Sobran los ejemplos.
Y dos, que no te puedes fiar de nadie.