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Josep Maria Cortés con una foto de Josep Vilarasau de fondo

Josep Maria Cortés con una foto de Josep Vilarasau de fondo

Pensamiento

Josep Vilarasau, de los primos Salat al liderazgo

"Fue el mejor dealer a la hora de amontonar recursos y el mejor jefe de personal cuando la entidad reconvirtió profesionalmente su plantilla. Vilarasau no resiste comparaciones. “El mérito hace al monje”, como les decían en casa a los primos Salat. Ha llovido mucho, pero ahora, las aguas se han detenido bajo los puentes"

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En la inmediata posguerra, dos niños salen de sus domicilios paternos, situados en pisos del mismo inmueble, en la calle Roger de Llúria, con los patines a la espalda colgados de los cordones.

Son los primos Josep Vilarasau Salat y Carles Ferrer Salat; se dirigen a la plaza Tetuán que tuvo en su centro una pista de hormigón pulido para patinar, donde figura hoy la imponente estatua del Doctor Robert.

Les acompaña una mucama en los años de la ciudad renacida y sin apenas delitos de calle. Es la posguerra alegre de los emprendedores, dos niños de buena casa y mentalidad calvinista, los primos Salat, viven en otro mundo: el de la meritocracia que acabará por encumbrarlos en lo más alto de la arquitectura económica de España.

Josep Vilarasau estudia Ingeniería y Ciencias Económicas, “dos carreras de codos, una cosa bastante normal en las capas medias de la sociedad de entonces”, en palabras del financiero, fallecido ayer a los 95 años.

Por su parte, Ferrer Salat forma parte de la primera generación del Instituto Químico de Sarrià; y crea después la CEOE, la patronal española nacida de Foment del Treball.

El 2 de marzo de 1976 Josep Vilarasau llega a La Caixa de Pensions como nuevo director general de la entidad de ahorro que ha decrecido bajo su anterior director general y rector de la Universidad de Barcelona, Luño Peña, conocido, en las aulas ocupadas del postmayo con el sobrenombre de Puño y Leña.

Desaparece el corporativismo vertical hijo de la autarquía y, de la mano de Vilarasau, a La Caixa se le abre un brillante futuro. Los siguientes 30 años serán de escalada continua y expansión territorial.

La Caixa acaba convirtiéndose en el primer banco del mercado español, CaixaBank, y en la primera fundación del Estado. Adopta el modelo bancario de negocio y crea su grupo industrial con participaciones significativas en Naturgy, Telefónica, Repsol, Agbar o Acesa.

Casi en paralelo, la entidad se fusiona con Caixa de Barcelona, la antigua Caja de los marqueses, que refuerza los recursos propios de una estructura sin accionistas y bate a las marcas que quisieron competir en el mercado catalán. La inercia comercial del líder derrota a una mala copia (Banca Catalana) y a una ficha de abolengo, como el BBV.

Vilarasau despeja su mercado natural y se expande como nunca lo habían hecho las marcas financieras españolas, herederas de los siete magníficos, como el Banesto de la vieja aristocracia (los Gómez Acebo, Garnica, Argüelles o Martínez Campo), el Bilbao Vizcaya del hierro y la siderurgia (los Echevarría Churruca), el Santander de Emilio Botín o el Popular del Opus Dei, liderado por los Valls Taberner.

Todavía en la segunda Transición democrática, la batalla de Mario Conde con la vieja guardia acabó en tablas y tras los barrotes de Carabanchel. Los cambios de piel se pagaban caros, mientras Vilarasau hacía crecer a La Caixa. Antes de tomar el mando fue director del Tesoro en España y conoció los secretos del mercado monetario.

Fue el mejor dealer a la hora de amontonar recursos y el mejor jefe de personal cuando la entidad reconvirtió profesionalmente su plantilla. Vilarasau no resiste comparaciones. “El mérito hace al monje”, como les decían en casa a los primos Salat. Ha llovido mucho, pero ahora, las aguas se han detenido bajo los puentes.