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José Antonio Bueno y una protesta en Irán

José Antonio Bueno y una protesta en Irán

Pensamiento

Descifrando Oriente Próximo

"Aunque parece que ahora se están calmando algo las aguas del Golfo Pérsico, la madeja de relaciones entre los países de la zona está más enmarañada si cabe que hace unos años"

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Aunque parece que ahora se están calmando algo las aguas del Golfo Pérsico, la madeja de relaciones entre los países de la zona está más enmarañada si cabe que hace unos años.

Desde la distancia nos empeñamos en ver las tensiones en la región como el resultado de las diferencias religiosas: judíos, chiítas y sunitas enfrentados entre sí. Pues no. Se trata, sobre todo, de una lucha por la primacía regional y la influencia mundial de unos Estados regados, en su gran mayoría, con la bendición del petróleo, lo que les hace tremendamente ricos y con posibilidades de invertir donde desean. Y, como en todo, no podemos olvidar la historia.

El triángulo que va desde el final oriental del Mediterráneo al Golfo de Adén (Yemen) y al norte de la meseta iraní comprende un territorio cuajado de historia y tradición, con pueblos y dinastías que se aferran a su historia, pero que, sobre todo, quieren marcar su liderazgo.

La Biblia nos dice que Adán y Eva fueron creados en la región, entre los ríos Tigris y Éufrates, en la Mesopotamia; o sea, en algún lugar entre Turquía, Irak y el Golfo Pérsico.

En Galilea nació, vivió, murió y resucitó Jesucristo. El imperio árabe dejó su huella en el Mediterráneo durante sucesivos califatos, llegando hasta España, y convirtiendo al-Ándalus en una referencia muy relevante del califato Omeya. Y los imperios otomanos y persas se extendieron, también, por medio mundo. Las tensiones fronterizas hace siglos que existen.

A todo lo mucho que pasó, hay que superponerle un más que ajetreado siglo XX, con varios movimientos panarabistas, destacando las revueltas árabes de 1916 y 1952, las fallidas primaveras árabes y, sobre todo, la relación tóxica con Inglaterra, que desde sus protectorados acabó creando nuevos países con algunas fronteras artificiales.

El problema árabe israelí no puede entenderse sin la torpeza británica. Durante 30 años Reino Unido gobernó en Palestina con la loable intención de apoyar simultáneamente un hogar nacional judío y los derechos de la mayoría árabe. El resultado lo padece hoy Israel, con más de una decena de guerras en sus 78 años de existencia, además de conflictos casi permanentes en las zonas fronterizas.

No hay que tener un doctorado en historia del siglo XX para darse cuenta de que es una zona muy compleja que no puede ventilarse con una reflexión superficial. Lo que sí parece al darse por terminada la actual guerra es que Irán está un poco menos aislado de Occidente, pero más repudiado por sus vecinos, que Israel; mejor dicho sus actuales mandatarios no cuentan con casi ningún apoyo y los países del Golfo están en general más distanciados entre sí.

Uno de los hecho más visibles es la salida de la OPEP en mayo de este año de Emiratos. Pero eso es solo la guinda de un pastel cada día más complejo, pues sus posiciones con su vecino Arabia Saudí son crecientemente distantes en temas tan relevantes como Yemen o Siria, mientras que con Catar son cada día más cercanas. Omán sigue siendo el mediador de la zona.

Muy probablemente hoy la región es más compleja y menos estable que antes del ataque de Hamás a Israel con el que empezó todo. Y para acercarnos a ella no vale con simplificar, porque aunque nos parezca que todos son iguales, no tienen mucho que ver los al-Saud con los al-Nahyan o los al-Thani, por citar solo a tres casas reinantes de la zona.

De igual modo que no es lo mismo el Magreb (poniente en árabe, países musulmanes del norte de África) que el Mashreq (levante en árabe, Oriente Próximo); dentro de cada zona hay que ser extraordinariamente cuidadoso para entender las diferencias y no equivocarse en una región que ahora está más sensible que nunca.