José Antonio Bueno y Pedro Sánchez
Lo peor de la invasión
"No será este el último incidente fronterizo que vivamos, y eso aunque la final del próximo Mundial se juegue en Marruecos, que se jugará"
Aunque, sin duda, lo peor de la invasión de Ceuta de la semana pasada son el centenar de personas que han perdido la vida arrastradas por un bulo o por una movilización que, probablemente, no iba con ellas, desde el punto de vista de España han sucedido muchas cosas malas, pero la peor es el creciente aislamiento de España en Europa.
22 de los 25 países que podían pedir una reunión extraordinaria la pidieron. Solo se abstuvieron Francia, Portugal y Luxemburgo. Irlanda no podía autoescribirse una carta, al ocupar este semestre la presidencia de turno, y España es el país afectado.
No se trata de un movimiento de las derechas y las extremas derechas para acorralar al presidente de la Internacional Socialista, sino una llamada al orden a un Gobierno que no está siguiendo las doctrinas de la Unión en una materia donde la política es, y debe ser, común: la emigración.
Mientras Europa, y ahí podemos incluir al Reino Unido, camina en la dirección de reforzar sus fronteras preocupados por el sostenimiento del Estado del bienestar ante una creciente oleada migratoria, en España la tesis es casi la contraria, la inmigración es positiva porque impulsa nuestra economía y cuantos más inmigrantes, mejor.
En España hay un razonable consenso en atribuir cierta parte de nuestro crecimiento económico al incremento de la población. Es verdad que, en general, no se trata de una inmigración ni buscada ni cualificada, pero poco a poco van ocupando puestos de trabajo que a los nativos les apetecen cada vez menos.
Si ya prácticamente solo hay inmigrantes en el campo o tras la barra de los bares, más pronto que tarde ocurrirá lo mismo conduciendo un camión o al frente de rutas de reparto, entre otras cosas porque la población nacida fuera de España se acerca ya al 20% de la población y aunque el paro en este colectivo es superior a la media (15% frente a 10%) poco a poco ambas tasas convergen.
Los nuevos residentes llegados a España en 2025 suponen un tercio de todos los nuevos residentes llegados a Europa, lo cual destaca aún más si consideramos que solo el 10% de los europeos somos españoles. Es verdad que Alemania o Francia cuentan con más ciudadanos de estas características, pero sus cifras se han ido construyendo poco a poco, no en avalancha como ocurre en España.
En 1981 no llegaban a 200.000 los residentes extranjeros en España, la gran mayoría jubilados europeos. Éramos un país sobre todo de emigrantes. El punto de inflexión se dio a comienzos de los años 2000, donde se superó el número el millón de residentes que habían nacido fuera de nuestras fronteras.
Hoy supera los 10 millones, el 20% de nuestra población, y no se vislumbra un techo cercano. Por su lado unos 100.000 nacidos en España emigran, en general completando sus estudios o buscando mejores salarios. Entra mucha mano de obra no cualificada y sale algo de mano de obra cualificada.
La regularización “exprés” en marcha es solo un matiz para este movimiento de fondo. No parece mala idea acercar la realidad a lo reportado, aunque está por ver si esta regularización no genera un no deseado efecto llamada. Quienes se regularicen en España tendrán muy pocas trabas para moverse por el espacio Schengen y eso, probablemente, convierta a España en un punto de entrada masivo de inmigración irregular.
La Unión Europea ve nuestra realidad como algo bastante disonante. El Gobierno juega a la confrontación con Trump, en lugar de esquivarle, y está cómodo con altas dosis de inmigración ni planificada ni cualificada.
Por eso no sorprende que se haya convocado una reunión no para afear la falta de compromiso con la impermeabilidad de las fronteras al país de donde proviene la “invasión” civil, ni tampoco para ratificar la españolidad de Ceuta, ciudad que pertenece a alguna de las coronas ibéricas desde 1415.
Es como si la Unión afease a Ucrania dejarse invadir o que a Dinamarca no se le apoyase cuando Estados Unidos habla de Groenlandia. En este caso el agredido es quien tiene que dar explicaciones y nadie pregunta nada a Marruecos.
Que nuestros socios nos recriminen una posible falta de rigor en la defensa de nuestra frontera, cuando tenemos cerca de 3.000 soldados, pilotos y marinos destacados tanto en los países nórdicos como en los de Europa del este para garantizar las fronteras de la Unión, o que no les parezca mal que Estados Unidos prefiera cada vez más el norte de África que al sur de Europa, son síntomas claros de lo crecientemente aislados que estamos en Bruselas.
Tener diferencias con la UE no es nada sano para los intereses de los españoles pues muchas normas provienen de ahí, por no recordar las millonadas que recibimos por ser un país menos rico que nuestro entorno o incluso la ayuda que se nos presta para sofocar los incendios forestales. Además, varios españoles aspiran a presidir el BCE, la FAO y la OIT.
Ser el hermano díscolo nos pasará factura, aún más de la que ya nos está pasando. No será este el último incidente fronterizo que vivamos, y eso aunque la final del próximo Mundial se juegue en Marruecos, que se jugará.