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Gonzalo Bernardos y una fotografía de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez en un acto del PSOE

Gonzalo Bernardos y una fotografía de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez en un acto del PSOE

Pensamiento

¿Por qué no se rebelan los militantes y dirigentes del PSOE?

"Ante los presuntos casos de corrupción que afectan a dirigentes del PSOE, los militantes de base (los fans) no dirán ni harán nada. Algunos porque creen firmemente en su inocencia, y otros, debido a que prefieren mirar hacia otro lado"

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Las características de los militantes de los partidos políticos

En el PP y el PSOE existen dos principales tipos de militantes: los que sienten pasión por la política y los que desean vivir de ella. Los primeros son idealistas, tienen ideología, fuertes convicciones y escasas ambiciones personales. Los segundos son pragmáticos, pues para ellos la política es simplemente un trabajo. Un empleo que esperan les permita vivir mucho mejor de como ahora lo hacen.

Después de unos años de militancia, los afiliados que tienen pasión por la política se dividen en tres grupos: los que abandonan el partido por sentirse decepcionados por su funcionamiento, los que pagan la cuota, pero apenas participan en sus actividades, y los que se convierten en fans de los líderes del momento.

En ambos partidos, estos últimos reciben el nombre de militantes de base. Una de sus principales misiones es llenar espacios, ya sea en una chocolatada en la calle, en un mitin celebrado en una ciudad situada a más de 50 kilómetros de distancia de su residencia o en una manifestación organizada por el partido. Hagan lo que hagan, siempre apoyarán a los dirigentes de la formación, incluso si algunas de sus actuaciones son contrarias a la legislación vigente.

Los afiliados que desean vivir de la política suelen ser espabilados y enseguida aprenden cómo prosperar dentro del partido. La clave de su éxito consiste en convertirse en una “persona de confianza”, siendo este el mayor elogio que pueden recibir de sus superiores. En otras palabras, ser un chico o una chica para casi todo.

No obstante, para conseguirlo, deben hacer un gran sacrificio: convertir al partido en su primera familia y relegar a un segundo plano a la original o a la formada con su pareja. En numerosas ocasiones, esta última no acepta que ni ella ni sus hijos tengan un papel secundario en su vida y, después de aguantar unos años, decide solicitar el divorcio.

Al ser listos, enseguida aprenden que los dirigentes de la formación no esperan que piensen ni que tomen decisiones por sí mismos, sino que les consulten cualquier asunto y acepten sus indicaciones sin rechistar. Discrepar está expresamente prohibido; si lo hacen, probablemente perderán la posición que tanto trabajo y sacrificio les ha costado alcanzar.

Entre las funciones de las “personas de confianza” destacan hacer fotocopias para sus jefes, ejercer eventualmente de chófer, mantenerles al corriente de lo que sucede en el partido, explicarles muchos chismes sobre los políticos de otras formaciones, representarles en determinadas reuniones y acompañarles a otras, aunque se celebren en horas intempestivas o en sábado o domingo. Su disponibilidad debe ser completa: las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Las “personas de confianza” difícilmente serán quienes poseen una elevada formación y un buen empleo. Para ellas, los costes que supone obtener dicho reconocimiento no compensan las ventajas obtenidas, ya sea porque en su actual trabajo obtienen una remuneración satisfactoria o debido a que no están dispuestos a renunciar o postergar su vida familiar.

Una vez alcanzada la anterior categoría, tanto el PP como el PSOE los suelen tratar económicamente muy bien, y procuran que siempre obtengan una buena remuneración. En concreto, igual o superior a los 3.000 euros mensuales netos. Dichos ingresos pueden proceder directamente del partido, de su trabajo como asesor del grupo parlamentario, de un cargo eventual en una Administración pública o de su conversión en directivo de una empresa privada.

Los dirigentes de los partidos

En ambos partidos, existen cuatro tipos de dirigentes: los fichajes, los descendientes de antiguos líderes de la formación, los hijos de familias burguesas y quienes han logrado romper el techo de cristal. Estos últimos fueron anteriormente “personas de confianza”, y ahora ocupan algunos de los principales puestos políticos de su municipio, comunidad autónoma o del país porque así lo ha querido su mentor. Ahora, pueden tomar más decisiones que antes, pero las importantes las deben consultar con su protector. No hacerlo equivaldría a traicionarle.

En nuestro país, las siglas son generalmente las que atraen a los votantes, ya sea por estar de acuerdo los electores con lo que proponen los partidos o para evitar que una formación rival gane las elecciones o consiga gobernar. Por eso, PP y PSOE casi nunca esperan que los líderes regionales o municipales aporten muchos votos adicionales, pero sí que no resten.

No obstante, el PSOE de Pedro Sánchez ha incumplido varias veces esta norma, al designar como candidatos electorales en Extremadura, Aragón y Andalucía a un dirigente investigado por la justicia y a ministras de su Gobierno. No lo ha hecho por ignorancia, sino para contar con su apoyo cuando vuelva a presentarse a la elección de secretario general del partido, después de perder los próximos comicios generales.

Para los principales dirigentes del PP y del PSOE, los líderes regionales o municipales que generan votos adicionales a los aportados por las siglas pueden ser a la vez una fuente de satisfacción y de preocupación. En primer lugar, porque ganan comicios y generan para los militantes muchos y buenos empleos. En segundo, debido a que su figura puede ayudarles a ganar las elecciones generales y a gobernar España, el principal objetivo de ambas formaciones.

No obstante, como una sustancial parte de su poder proviene de su tirón electoral, tienen pensamiento y voz propios. Por tanto, en ocasiones expresan públicamente su desacuerdo con la posición adoptada por la dirección del partido. En la actualidad, es el caso de Emiliano García-Page en el PSOE e Isabel Díaz Ayuso en el PP. En los últimos comicios, ambos obtuvieron en sus respectivas comunidades un mayor porcentaje de votos que Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.

Cuando discrepan, el secretario general o el presidente del partido acepta públicamente, aunque sea a regañadientes, la divergencia de opinión y la transforma en una menudencia, incluso si posee un profundo calado político. Sin embargo, unas horas después, el secretario de Organización llamará al díscolo para reprenderle y pedirle que se calle, cuando no esté de acuerdo con el jefe. Por el bien de todos (el de la formación), pero especialmente por el suyo.

¿Por qué no se rebelan los militantes y los dirigentes del PSOE?

Ante los presuntos casos de corrupción que afectan a dirigentes del PSOE, los militantes de base (los fans) no dirán ni harán nada. Algunos porque creen firmemente en su inocencia, y otros, debido a que prefieren mirar hacia otro lado. No obstante, una sustancial parte de los afiliados en hibernación, siendo éstos los que apenas participan en la vida interna del partido, están profundamente indignados. Unos han roto el carnet y otros no lo han hecho porque ser militante del partido socialista es una tradición familiar.

Entre los militantes de base están quienes creen a pies juntillas las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero, los que piensan que todo lo aparece en los medios de comunicación forma parte de una conspiración judicial contra Pedro Sánchez y su familia, y quienes no le dan importancia a lo sucedido, pues todos los grandes partidos tienen problemas similares.

Las “personas de confianza” tienen la lección bien aprendida desde hace muchos años. La frase “quien se mueva, no sale en la foto”, atribuida a Alfonso Guerra, tiene ya más de cuatro décadas. No obstante, en silencio, una sustancial parte de ellas está sufriendo mucho, porque considera que su futuro profesional no es nada halagüeño, pues creen que al PSOE le espera una larga travesía en el desierto.

Los líderes municipales y autonómicos del partido tampoco se atreven a rebelarse. La mayoría ha llegado hasta donde está gracias a su disciplina y obediencia, y ha visto caer a quienes se apartaron, aunque solo fuera ligeramente, de las consignas de la dirección. En su ADN político está callar y esperar a que otros se muevan, pero hasta ahora nadie parece dispuesto a hacerlo.

Tienen auténtico pánico a Pedro Sánchez, pues han comprobado cómo prescinde o relega a quienes le llevan la contraria. En los próximos meses, los más espabilados iniciarán una larga precampaña electoral centrada en su figura, en sus logros de gestión o en sus propuestas de cambio. Las siglas del PSOE, hasta hace poco un valioso activo electoral, las esconderán. Están convencidos de lo que antes daba votos, ahora los quita.