Toni Garrell y una impresora 3D
Impresión 3D, fabricar más sin desperdiciar recursos
"La sostenibilidad no consiste solo en reutilizar"
El pasado 6 de mayo visité Advanced Factories, un evento clave sobre la automatización industrial, la robótica y la Industria 4.0.
Recuerdo sus primeros pasos en 2016 en el Fòrum de Barcelona, con el apoyo del ecosistema industrial y tecnológico de Barcelona y Cataluña, una iniciativa comprometida con la competitividad industrial y las nuevas tecnologías de fabricación, con una mirada puesta en todo lo que comportaba la fabricación inteligente y la fabricación aditiva.
Mucho ha avanzado en estos 10 años y, poco a poco, el Advanced Factories se ha convertido en una cita de referencia en Europa y en un evento obligado para todos aquellos que defendemos la industria como clave de progreso, considerando lo que comportan la automatización industrial, la robótica, el 3D y la inteligencia artificial aplicada a la fabricación.
Mi reciente visita iba precedida de diversas visitas a pequeñas empresas industriales del Vallès en el último trimestre del 2025; también de una conversación con el rector de la UPC, Francesc Torres, en la que debatimos sobre las enormes aportaciones al avance tecnológico que se hacen desde la UPC, entre otras en IA (Ideai-UPC), en robótica (IRI) y en 3D (CIM-UPC).
Precisamente este último centro, presente en Advanced Factories, me permitió gozar de una interesante conversación con una entusiasta profesional sobre las aportaciones de la impresión 3D aplicadas al campo de la salud.
La conversación sobre las aportaciones en el campo del 3D me reafirmó en la idea de que la sostenibilidad no consiste solo en reutilizar. Consiste, sobre todo, en no desperdiciar desde el principio, cosa que me trajo a la memoria las visitas a las empresas industriales a las que me he referido.
La mayoría de ellas seguían el mismo patrón de hace décadas: transformar materia prima en productos aceptando los residuos como "coste inevitable". Un modelo que algunas, por fortuna, ya están cambiando para su sostenibilidad.
La tecnología tiene mucho que aportar para acelerar este cambio y, ciertamente, una de las tecnologías que lo están haciendo es la impresión 3D, que no es solo una mejora industrial, sino un cambio de paradigma.
En este contexto, en el marco de El País de Demà, después de las visitas para presentar el documento sobre formación junto con el doctor Esteve Almirall, Júlia Ramos y Roger Polls, hablé de la fabricación aditiva con Ramos, estudiante de Ingeniería en la UPC, dado que había fundado la Tridimensional, una iniciativa emprendedora con un buen taller-laboratorio para experimentar y adentrarse en las aportaciones del 3D a la industria.
La conversación, como casi siempre cuando hablas con gente joven que quiere experimentar con la aplicación del conocimiento, fue extremadamente interesante, al analizar cómo la impresión 3D puede acelerar de forma disruptiva los procesos productivos en cuanto a sostenibilidad, al poder fabricar piezas, herramientas o productos sin cortar, pulir o eliminar material.
En la fabricación aditiva solo se utiliza lo que es necesario. Esto permite menos residuos (tendiendo a cero), menos desperdicio, más eficiencia y más libertad en cuanto a la fabricación de elementos, con independencia del número requerido, así como la generación de prototipos de prueba para nuevos productos.
Sin embargo, la impresión 3D es mucho más: su potencial se está extendiendo en la fabricación personalizada; es decir, cada objeto puede ser único, algo especialmente relevante para prótesis adaptadas a cada paciente o piezas industriales personalizadas.
Un campo donde el emprendimiento es clave, pues la personalización permite la búsqueda de la oportunidad no solo para grandes empresas, sino también para talleres sociales y grupos de ingenieros dedicados al diseño de prototipos y a la reparación o sustitución de piezas, ya que cada vez es más difícil encontrar recambios o estos son difíciles de conseguir.
Con la impresión 3D se pueden fabricar piezas de sustitución bajo demanda, se puede reparar maquinaria o herramientas antiguas, alargando la vida útil de los productos y evitando que se incremente el desperdicio. Pidríamos decir que se potencia una economía circular real, al reducir residuos, fomentar la reparación e impulsar la innovación social.
En un momento en el que Europa necesita reforzar su autonomía industrial y tecnológica, la impresión 3D emerge como herramienta estratégica a tener en cuenta para construir una industria más eficiente, sostenible y competitiva.
Apostar por la fabricación aditiva no sería solo apostar por una nueva tecnología, sino por una nueva manera de entender la producción: más inteligente, más cercana y más respetuosa con los recursos. Porque el futuro de la industria no dependerá solo de lo que seamos capaces de fabricar, sino de cómo lo fabricamos.