El barco MH Hondius y José Antonio Bueno
Un agujero en la burbuja
"Ahora solo queda esperar que los expertos que han hablado no se equivoquen y sea cierto que este virus no se contagia con la facilidad del Covid"
En las economías avanzadas nos creemos inmortales. Nuestra esperanza de vida supera los 80 años, en España 84, y ambicionamos, por qué no, en llegar pronto a los 100.
El secreto de la eterna juventud es, sobre todo, la calidad del sistema sanitario, que evita que muchas enfermedades se nos lleven por delante.
Más allá de la carga genética, es la riqueza lo que nos hace vivir más años. Los ciudadanos de Nigeria o del Chad, por ejemplo, tienen una esperanza de vida de solo 55 años. No se les ve, ni mucho menos, menos fuertes que a nosotros, pero están expuestos a múltiples enfermedades infecciosas y los medios de su sistema sanitario son escasísimos.
Mientras que la esperanza de vida de los ciudadanos de la Unión Europea está en 82, en el África subsahariana se queda en 62. Si afinamos, las diferencias de esperanza de vida se evidencian hasta en códigos postales.
Nosotros vivimos tan ricamente en nuestra burbuja, hasta el punto de que proliferan los medicamentos para mejorar la calidad de vida, desde la viagra al Ozempic, lo mismo que todo tipo de cirugía estética. Pero a veces la burbuja se agujerea y nos damos cuenta de que la realidad ahí fuera es dura.
Muchísimas personas en el mundo mueren por malaria, diarrea, tuberculosis o infecciones, algo inconcebible en nuestro maravilloso mundo. Claro que más de la cuarta parte de la población mundial no tiene acceso a agua potable en sus hogares, y la décima parte tampoco tiene acceso a electricidad.
En esos entornos las enfermedades se desarrollan más o menos como en nuestra Edad Media, donde la esperanza de vida no llegaba a los 50 años.
Estos dos mundos no están aislados, entre otras cosas por los flujos migratorios y por el turismo. Las migraciones las mueve la necesidad, el turismo el capricho, y bien que nos viene a nosotros ese capricho, como país receptor de 100 millones de turistas al año.
El incidente del MS Hondius es uno entre los muchos que pueden pasarnos, solo que se ha hecho, o han hecho, muy popular. Unos turistas probablemente pisaron excrementos de rata infectada y al limpiar sus botas inhalaron el hantavirus.
Como se embarcaron durante 40 días, la odisea se concentró en el barco. Si el crucero hubiese sido más corto, o el contagio se hubiese producido al desembarcar, probablemente se hubiesen ido a su casa y se hubiesen muerto igual, pero sin crear una alarma mundial.
Cada año, alrededor de un millón de españoles visitan lugares subtropicales en los que se recomienda vacunación, y aproximadamente el 10% reporta problemas de salud al regresar. Estos turistas nos traen dengue, malaria, tuberculosis… pero estamos acostumbrados y la mortalidad es bajísima.
Más de la mitad de los inmigrantes irregulares que llegan en patera son portadores de algún tipo de enfermedad infecciosa, en muchos casos en estado latente. Y es normal, ¿qué se le puede pedir a quien viene de zonas sin agua potable? Pero tampoco se ha creado un problema de sanidad nacional. En cualquier caso, con o sin barco, nuestra burbuja es cada vez menos impermeable.
Lo que sí ha vuelto a poner de manifiesto el incidente actual es que no hemos aprendido nada de la pasada pandemia. La coordinación entre el Gobierno y las comunidades autónomas es inexistente, el material insuficiente, y los recursos escasos.
El 30% de las plazas de Sanidad exterior no están cubiertas, lo mismo que las plazas MIR de epidemiólogos. No parece que vayamos sobrados de equipos de protección, carecemos de centros de aislamiento robustos y la agencia estatal de salud pública ni está ni se le espera.
Por repetirse, estamos viendo hasta al gurú indepe del Covid transmutado ahora en asesor del gobierno de Canarias. Y, por supuesto, tertulias y horas de televisión para aburrir con mucha más opinión que información.
Lo que no sabemos es la causa de este brote de solidaridad mundial con epicentro en la Moncloa que pone más que nerviosos a los canarios, por su salud, pero sobre todo por su economía. Como haya una sola sospecha de contagio en las islas, se juegan varios meses de cancelaciones.
¿Se hace por imagen internacional? ¿Por recuperar el relato interno? ¿Para distraer la atención? Antes o después sabremos las causas porque, desde luego, hay alguna motivación detrás de esta función de restablecimiento de la burbuja europea. Algo que, por cierto, no hacemos tan bien respecto la inmigración irregular. Es muy probable que alguna patera lleve más virus que este crucero, pero su llegada no se retransmite por las televisiones.
Ahora solo queda esperar que los expertos que han hablado no se equivoquen y sea cierto que este virus no se contagia con la facilidad del Covid.
Lo que sí es cierto es que hay casos desde hace años en Argentina y Chile y éstos no se multiplican exponencialmente, al menos hasta la fecha. Aunque hay demasiados contagios entre personas para poder estar totalmente tranquilos, lo más probable es que en un par de semanas dejemos de hablar de este barco… ¡esperemos!.