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Jordi Mercader opina sobre la creación de La2Cat

Jordi Mercader opina sobre la creación de La2Cat Fotomontaje CG

Pensamiento

La2Cat, un capricho de Junts pagado con dinero público

"El canal en catalán de RTVE ha cumplido medio año y es un fracaso. Nació como peaje impuesto por Junts a Pedro Sánchez en una de sus muchas negociaciones para sobrevivir y no ha logrado hacerse un hueco en el mapa televisivo de Cataluña"

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La2Cat, el canal en catalán de RTVE, ha cumplido medio año de vida y se han cumplido las expectativas: es un fracaso. Nació como un peaje impuesto por Junts a Pedro Sánchez en una de sus múltiples negociaciones para sobrevivir y no ha conseguido hacerse un hueco en el mapa televisivo de Cataluña, dominado por TV3, porque el proyecto responde a elucubraciones políticas ajenas al mundo profesional de la televisión.

Todos los gobiernos españoles han tenido alguna vez sobre la mesa la idea de crear un canal público estatal en catalán que pudiera competir con TV3 y su deriva soberanista. Siempre quedó en nada, tanto da que gobernaran los socialistas como los populares.

La razón era simple, cualquier inversión millonaria en el centro de Sant Cugat debía corresponderse a inversiones proporcionales en todos los centros territoriales del ente. Ningún gobierno quiso asumir tal barbaridad financiera.

En eso llegaron los dirigentes de Junts, muy preocupados por su pérdida de influencia en TV3 y Catalunya Ràdio, en beneficio de ERC. Y creyeron que, dada la debilidad de Pedro Sánchez, podían levantar su fortín mediático en Sant Cugat con el dinero de TVE. Dicho y hecho. Finalmente, la televisión pública española tendría un canal en catalán, gracias al éxito histórico de Junts.

La Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) recibe 340 millones anuales de los Presupuestos de la Generalitat. La 2Cat supone para RTVE un gasto anual complementario de unos 10 millones, más o menos lo que perdía al año 8TV, la desaparecida televisión del grupo Godó. El fiasco, pues, no tiene misterio y era fácil de predecir.

Nadie con conocimientos mínimos del mundo de la televisión, de la comunicación y de la política podía pensar que se podía levantar una pequeña TV3 con estos mimbres. Era una fantasía, un capricho, de no ser porque este proyecto se levantó a expensas del capital profesional del centro territorial de Sant Cugat, que después de décadas esperando la revitalización del centro, vieron cómo el nuevo canal dependía directamente de Madrid y se ponía al servicio de unos socios parlamentarios.

La audiencia no se ha alterado. En TV3 dejaron de preocuparse por esta competencia en cuanto comprobaron la magnitud del invento. Otra cosa es el volumen de negocio generado para esta programación entre las productoras externas convocadas, casi todas ellas pertenecientes al universo soberanista.

El Madrid político siempre ha confundido Cataluña con el nacionalismo, primero, y ahora, con el independentismo. En consecuencia, no opusieron resistencia cuando Junts les aseguró que, para hacerse un hueco entre la audiencia, el nuevo canal tenía que ser como TV3. Como si en Cataluña no existieran otros catalanes catalanohablantes que aquellos que se sienten a gusto con la oferta de la CCMA.

¿A quién puede interesar un “pequeña TV3” de titularidad estatal más allá de los integrantes del grupo parlamentario de Junts en el Congreso?