Núria González opina: Los juegos del hambre 'made in Spain'
Los juegos del hambre 'made in Spain'
"A bote pronto, todos podemos pensar que, en realidad, la mayoría de las personas inmigrantes sin papeles no están en una situación económica muy boyante. Sería diferente si, en lugar de solicitar un certificado de vulnerabilidad para la regularización, se solicitara una propuesta de contratación laboral"
Pocas veces he visto en ningún lugar del mundo un ataque tan directo y tan furibundo a las clases más humildes de la sociedad como la “regularización masiva” de personas inmigrantes que se ha iniciado esta semana en España.
Como ya es costumbre en este gobierno, cada vez que se anuncia una acción, a última hora siempre se añade alguna “morcilla legislativa”, que da al traste con cualquier atisbo de sentido común que hubiera podido tener la idea inicial.
En el caso que nos ocupa, se trata del ítem de la “regularización por vulnerabilidad”, que se ha introducido a última hora y de mala manera, para no perder la costumbre.
¿En qué consiste esta “regulación por vulnerabilidad”? Pues que se darán papeles por el mero hecho de ser pobre oficial. No creo que ningún país en el mundo nunca haya aplicado tal criterio administrativo en extranjería, y es porque en realidad no tiene ningún sentido. O peor aún, el sentido es absolutamente perverso.
A bote pronto, todos podemos pensar que, en realidad, la mayoría de las personas inmigrantes sin papeles no están en una situación económica muy boyante. Sería diferente si, en lugar de solicitar un certificado de vulnerabilidad para la regularización, se solicitara una propuesta de contratación laboral.
Este hecho desmonta radicalmente el discurso manido de que el mercado de trabajo español necesita 200.000 personas al año más para poder asegurar el pago de las pensiones. ¿Qué pensiones va a pagar el que el mismo día de obtener el NIE va a ser tributario de una prestación que no exige cotización alguna? La pregunta se responde sola.
Si nos paramos a analizar los criterios que hay que cumplir para ser declarado “vulnerable”, deberíamos plantearnos qué hacen aquí las personas que llevan sin sustento alguno, teóricamente, más de medio año. Quizás no están en el mejor sitio en el que deberían estar.
¿Y cómo se acredita que una persona sin papeles, que no puede tener cuenta bancaria, no tiene ingresos? Obviamente de ninguna manera, por eso vale con una simple declaración jurada del interesado. Si a esto se le suma que tampoco hace falta un certificado de empadronamiento y que se puede acreditar la residencia con poco menos que un billete de autobús, el desastre está servido.
Como ustedes habrán podido intuir llegados a este punto, el pastelito que se les está ofreciendo indirectamente a las mafias de trata de personas es enorme. Además de que nadie se cree que las personas vivan durante meses del aire en este país, donde lo que se está ocultando es una economía sumergida gigante.
Lo peor de esta ocurrencia es que a los primeros que perjudica es a los nuevos regularizados que sí tienen ya un trabajo que van a empezar a cotizar en un sistema ya colapsado antes de empezar esta historia, y además en el que se dan dos circunstancias.
La primera la de que se aumente más todavía el mercado negro laboral, ya que es de ser muy estúpido pensar que, si el estado me regulariza “por pobre”, lo cual me va a dar derecho a una prestación automática que antes no tenía, lo que no pase es lo que está pasando ya con muchos autóctonos que es que por un lado se cobra el ingreso mínimo vital y por otro se sigue trabajando en negro, con la inestimable colaboración de una parte de nuestra poco elegante clase empresarial. Sí sí, eso pasa, y no es de fascistas decirlo.
La segunda circunstancia es que todas esas personas regularizadas por “vulnerables” y que se mantengan en esa situación malviviendo de la renta garantizada, van a entrar a engordar la ya desbocada tasa de pobreza nacional sin que el gobierno haya previsto ni un solo euro de más para todo ese gasto que esto va a suponer. Y es que no lo puede prever porque no tiene presupuesto. Porque en realidad, llevamos toda una legislatura sin gobierno, y al final, la consecuencia directa es que la gente sufre. Pero eso les da completamente igual.
Sufrirán los más pobres, los más humildes y precisamente los más vulnerables. Porque si se aumentan los pobres oficiales, pero no se aumentan los recursos para atenderlos, los pobres sufrirán. Porque si se aumentan los usuarios potenciales de la sanidad pública sin aumentar los recursos de la sanidad pública, los enfermos sufrirán, como sufren ya. Porque si se aumenta el número de niños y niñas que tienen derecho a la educación pública sin poner más profesores y más espacios, los colegios se convierten en aparcaniños, como ya pasa, y los niños no aprenderán y estarán condenados al fracaso eterno.
Y mientras, nos convertimos en una sociedad cada vez más desigual, en la que el que puede se paga una mutua médica para no formar parte de los miles de personas que se mueren en una lista de espera. El que puede lleva a un cole privado en el que al menos le enseñen a leer antes de los catorce años. Una sociedad en la que el estigma de la pobreza cada vez es más visible, por más que cada vez sea mayoritario. Y el que no pueda hacer nada, no vivirá. Medio sobrevivirá.
Eso sí, aunque no se ponga ni un euro para dar respuesta a las necesidades básicas, el estado español se mantiene en cotas récord de recaudación de impuestos. ¿Dónde está el dinero? Lo están vislumbrando estos días en el Tribunal Supremo en el juicio del caso “Puteros”.
Hay que ser profundamente malvado para hacer lo que se está haciendo con la gente más humilde, con la gente trabajadora de aquí y de allá. Para poner a los inmigrantes trabajadores en el centro de la diana de la conflictividad social, que en realidad es fruto del clasismo extremo y la soberbia infumable disfrazada de “progresismo” que la deriva comunistoide del gobierno de España ha vuelto a imponer.
Todos pobres y así todos iguales. Todos pobres menos ellos claro, que desde Galapagar o la Moncloa, podrían dar por inaugurada la Primera Edición de Los Juegos del Hambre made in spain.