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Ignacio Vidal Folch opina sobre Jair Domínguez

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Pensamiento

Jair Domínguez, ¡engrilletado!

"Son muchos los atentados y agresiones que se vienen cometiendo contra cualquier persona o entidad que la extrema izquierda catalana, y la española, han calificado antes como 'fachas', 'nazis', 'extrema derecha' o 'enemigos de Cataluña'"

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Ayer Crónica Global (y otros medios menos prestigiosos) daba la noticia (Aida Torrubia la escribía) de que un juez ha mandado detener a Jair Domínguez, bufón del separatismo, para asegurarse de que el próximo día 14 asistirá al juicio en el que Vox le acusará de haber cometido un delito de odio contra el partido.

Es que en un programa, del 11 de febrero del 2021, Domínguez animó a combatir a los dirigentes de Vox “con un puñetazo en la boca”.

Parece que la justicia no encontraba el paradero de Domínguez para comunicarle la convocatoria, y el cómico ha respondido en Twitter: "Pero qué averiguar paradero, si estoy en Banyoles".

¡No lo sabía el juez, no lo sabíamos nosotros!

Felicidades por estar en Banyoles, ya que esta localidad es muy afortunada, y no queda lejos de ella La fageda d’en Jordà, el hayedo de Jordá, boscosa maravilla. Pero lo tiene crudo Domínguez (en adelante, J.D.) , porque su abogado es Jaume Alonso-Cuevillas. Éste tiene un currículum académico imponente. Sí, desde luego. Pero su cliente más famoso es Puigdemont, y está fugado desde el 2017.

No parece que Cuevillas haya tenido con ese cliente un éxito apabullante. Me hace dudar de su competencia. Yo, en el lugar de J.D., hubiera escogido como abogado a Javier Melero, o a Cristóbal Martell, que ésos sí que son unos hachas de la defensa.

Medito, medito sobre este caso. Me formulo mil preguntas. Si hay que detener a J.D. ahora, ¿quiere decir que pasará varios días en comisaría, o en la cárcel, esperando, a buen recaudo, el juicio? No lo quiera Dios, yo espero que sólo tenga que comparecer una vez, un rato, ante el magistrado, y estar localizable hasta que se celebre el juicio.

En cualquier caso, solicito a los Mossos, humildemente, desde aquí, que no le pongan los grilletes durante el traslado desde el noble municipio de Banyoles hasta Barcelona, sería una humillación innecesaria, y además luego podría contar algunos chistes de los suyos, siempre tan recargados de resentimiento, sobre la traumática experiencia. No nos lo merecemos.

Vox pide para él dos años de cárcel. Los dirigentes de ese partido son magnánimos, pues saben bien que una pena de dos años no se hace efectiva, no se ingresa en prisión. Pero sirve de precedente y escarmiento.

Veremos el día 14 si difundir, desde un medio público, en este caso Catalunya Radio, la invitación a agredir físicamente al adversario político, aunque se formule en clave de broma, es incurrir, o no, en delito de odio.

El tribunal decidirá, con presumible ecuanimidad y criterio, pero cabe recordar que el acusado tiene antecedentes, por ejemplo fusilando (en efigie) en TV3 al rey Juan Carlos, al periodista Salvador Sostres, y a Carlos, entonces príncipe de Inglaterra. Y llamando reiteradamente “puta” a nuestra nación. Y con otras gracietes francamente impertinentes. 

Todo esto puede parecer peccata minuta, pero también hay que tomar en consideración que son muchos los atentados y agresiones que se vienen cometiendo contra cualquier persona o entidad que la extrema izquierda catalana, y la española, han calificado antes como “fachas”, nazis”, “extrema derecha”, “enemigos de Cataluña” o “enemigos del pueblo”.

Tú haces el chistecito contra alguien, y el zoquete de tu primo le parte la cara. Ya está bien de esta deriva, de esta incitación a la violencia, sea formulada en tono grave o jocoso. Hay que ponerle freno.

En Banyoles, en Banyoles. Quién estuviera en Banyoles en algunas ocasiones, paseando por la orilla del estanque o comiendo en alguno de sus estupendos restaurantes una suculenta carn d’olla. Allí, sí, en Banyoles, alcancé a ver dos o tres veces, en otras tantas visitas al museo Darder, al famoso “negro” disecado, cuyos restos mortales, reclamados por Bostwana, ahora descansan al pie de una portería de un campo de fútbol, en el parque de Tsholofelo, en la capital del país, Gaborone. Triste final de aquel icono de la localidad gerundense.

Su zócalo, o pedestal, ahora sólo sostiene una vitrina vacía. Pero yo con la imaginación veo a J.D. ocupando el lugar del “negro”. Fantasías tontas, veo a ese humorista sin gracia disecado, vestido con un sucinto taparrabos, y sosteniendo una lanza y un escudo… Calladito… Me hago un selfie con él…

No me hagan caso, creo que me estoy volviendo loco con tanto cucaracheo.