Gonzalo Bernardos y una imagen de la refinería de petróleo de Shahran tras un ataque aéreo en Teherán (Irán)
La guerra del Golfo: repercusiones sobre familias y empresas
"Si la guerra se alarga y su duración excede los seis meses, la tasa de inflación aumentará de forma sustancial y también lo harán los tipos de interés. Los hogares perderán poder adquisitivo y las empresas verán reducidos sus beneficios"
La guerra entre EEUU e Israel contra Irán ha conducido prácticamente al cierre del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, ha impedido la extracción de petróleo y gas natural de muchos yacimientos del Golfo Pérsico y ha deteriorado la capacidad de producción de numerosos pozos, así como la de refino en varias refinerías.
Estos factores han reducido la disponibilidad de ambas materias primas y han dificultado su transporte desde el Oriente Medio al resto del mundo. Las economías asiáticas han sido las más perjudicadas, especialmente las que disponían de menores reservas de crudo. Para reducir los desplazamientos y ahorrar combustible, el Gobierno de Sri Lanka ha implantado una semana laboral de cuatro días para los empleados públicos, salvo en los servicios esenciales.
Al igual que ocurrió al inicio de las dos crisis del petróleo, la reducción de la oferta ha ido acompañada de un aumento de la demanda y el resultado ha sido un elevado incremento del precio de ambas materias primas. Entre el 28 de febrero y el 24 de marzo, la cotización del gas natural en el mercado TTF y la del barril Brent aumentaron un 69,1% y 38,3%, respectivamente.
La especulación y el acaparamiento son los responsables del incremento de la demanda. En un próximo futuro, los especuladores prevén que el precio de ambas materias primas supere con holgura el nivel actual, ya sea porque la guerra dure varios meses más o debido a la destrucción de infraestructuras petrolíferas y gasísticas.
Las adquisiciones por acaparamiento tienen como protagonistas a las compañías distribuidoras de ambas materias primas, ya que temen no poder satisfacer la demanda de sus clientes si el conflicto bélico se prolonga. Para evitar este problema, desean disponer de reservas de crudo y gas natural muy superiores a las habituales.
El aumento del precio de la gasolina, el gasóleo y el gas natural generará un alza sustancial de la inflación, tal y como sucedió en los meses posteriores al inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. En enero de 2022, la tasa de inflación en la zona euro era del 5,1%; en cambio, en octubre del mismo año ya estaba en el 10,6%.
Los principales motivos que impulsarán el aumento del IPC serán los siguientes:
1) El incremento del coste del transporte. El lugar donde se producen los bienes suele ser diferente del que se consumen. Por eso, existen empresas logísticas que los llevan desde la primera a la segunda ubicación. La mayor parte del transporte se realiza a través de barcos, camiones y furgonetas, y casi todos estos vehículos usan el gasóleo como combustible.
Por tanto, el encarecimiento del gasoil aumenta los costes de las empresas logísticas y eleva el precio de los productos transportados, ya que aquellas repercuten una parte del incremento de sus gastos en las facturas de sus servicios. Este factor afecta a todos los bienes, aunque en distinta medida a unos y otros.
2) El aumento del precio de la electricidad. En España, ni el petróleo ni sus derivados se utilizan prácticamente para producir electricidad. En la península, su uso se limita a coyunturas extraordinarias, siendo algo más frecuente en las Islas Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. En cambio, el gas natural desempeña un papel más relevante, pues las centrales de ciclo combinado lo emplean como combustible.
La energía producida por dichas centrales tiene una doble función: complementa la generada por fuentes renovables y proporciona estabilidad al sistema eléctrico. Su capacidad para aumentar o disminuir su producción con rapidez permite corregir las desviaciones de frecuencia. Por eso, su uso contribuye decisivamente a evitar apagones.
En el actual contexto económico, en nuestro país el precio de la luz aumentará por debajo de la media de la Unión Europea (UE). Una mejor evolución derivada de la mayor participación de las energías renovables en el mix de generación eléctrica, cuyo coste es inferior al de las fuentes convencionales. En 2025, España fue uno de los países con la electricidad más barata de la UE: ocupó el quinto puesto en el mercado mayorista y el noveno en el minorista.
Los hogares con contratos de suministro en el mercado libre disponen de dos opciones principales: tarifa fija e indexada. En la primera, el precio del kWh se mantiene invariable en cada franja horaria (punta, llano y valle). En la segunda, varía cada hora si está vinculado al precio de la electricidad establecido en el pool eléctrico. El encarecimiento del gas natural no afectará a los consumidores que han optado por la tarifa fija; en cambio, puede provocar un aumento considerable de la factura de la luz en quiénes han elegido la indexada.
En la tarifa regulada, el precio actual del gas natural también influye en el de la electricidad. No obstante, lo hace en menor medida que cuatro años atrás. En 2022, el importe del kWh dependía por completo del registrado cada hora en el mercado spot. En la actualidad, su vinculación solo es del 45%, pues el porcentaje restante depende del mercado de futuros, cuyos precios son considerablemente más estables.
3) El mayor coste de los alimentos. Después de la invasión de Ucrania por Rusia, el precio de los alimentos aumentó en una elevada medida debido a la disminución de las exportaciones de ambos países, especialmente del primero. Los dos son grandes productores de cereales, aceite de girasol y materias primas agrícolas. La reducción de sus ventas al exterior generó escasez en los mercados internacionales y los encareció notablemente.
Los países de Oriente Medio consumen más alimentos de los que producen. Por tanto, dada su difícil coyuntura económica, es probable que la demanda mundial disminuya más que la oferta. No obstante, en España, al igual que en la mayoría de los naciones, los precios no se reducirán, sino que se elevarán, aunque lo harán en menor medida que hace cuatro años. Una evolución derivada principalmente del aumento del precio de los fertilizantes y del incremento de los costes de la cadena de producción y suministros.
4) El incremento del precio de los plásticos, las fibras sintéticas, la cerámica y el acero. En la producción de los dos primeros, el crudo constituye una materia prima esencial; en la de los dos últimos, el gas natural actúa como combustible para generar calor, vapor o energía. No obstante, existen muchos otros bienes afectados, tales como cosméticos, medicamentos, vidrio o cartón. Aunque en los últimos años la economía mundial, especialmente la de los países avanzados, ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles, ésta sigue siendo elevada.
Según el BCE, en 2026 los anteriores factores elevarán la tasa media de inflación en 0,7 puntos porcentuales y la situarán en el 2,6%. Desde mi perspectiva, una estimación excesivamente optimista. En primer lugar, porque implícitamente supone que la guerra en Oriente Medio será muy breve. En segundo, debido a que no tiene en cuenta que una parte de las infraestructura petroleras y gasísticas del Golfo Pérsico quedarán afectada por la contienda. Por tanto, la oferta de petróleo y gas natural será menor que la de 2025 y mayor su precio.
El aumento de la inflación en la zona euro llevará al BCE a elevar sus tipos de interés de referencia. No obstante, constituye una incógnita cuándo lo hará y en qué cuantía los subirá. El principal motivo es la incapacidad de los “prestigiosos” economistas del banco para prever la evolución del IPC, a pesar de la extensa literatura académica sobre las dos crisis del petróleo y del reciente recuerdo de lo sucedido en la fase inicial de la guerra entre Rusia y Ucrania.
En 2022, el BCE aumentó por primera vez sus tipos de interés de referencia cinco meses después del inicio del conflicto bélico entre los dos países eslavos. Durante dicho período, el tipo principal se mantuvo en el 0% y el banco contribuyó de forma decisiva a incrementar la cantidad de dinero en circulación al continuar comprando deuda pública. En esta ocasión, para no repetir el mismo error, el BCE reaccionará con mayor rapidez y subirá los tipos si la inflación de la zona euro se dispara en marzo o si la contienda se prolonga hasta junio.
El aumento de los tipos de interés no afectará a los hipotecados que hayan optado por un tipo fijo, ni a quienes hayan elegido un préstamo mixto en los últimos años, pero sí a los que tengan uno variable. A la mayoría de los últimos tampoco les afectará de forma sustancial, ya que a sus hipotecas les quedarán pocos años de vida, una etapa en la que comparativamente se amortiza mucho capital y se pagan pocos intereses. En cambio, sí que perjudicará a quienes se endeuden en los próximos meses, pues los tipos iniciales serán más elevados.
En definitiva, si la guerra se alarga y su duración excede de los seis meses, la tasa de inflación aumentará de forma sustancial y también lo harán los tipos de interés. Los hogares perderán poder adquisitivo y las empresas verán reducidos sus beneficios. La principal excepción serán las compañías petroleras, gasísticas, de defensa y del sector turístico. Estas últimas se verán favorecidas porque muchas familias que tenían previsto viajar a Turquía, Chipre, Dubái o Qatar cambiarán de planes y se desplazarán a España.
No obstante, si la contienda bélica se prolonga como máximo dos meses, sus repercusiones económicas serán mucho menores que las de la disputa entre Rusia y Ucrania. A pesar de ello, volverá a llover sobre mojado, pues numerosos hogares perdieron poder adquisitivo después de la explosión en 2007 de la burbuja inmobiliaria, volvieron a hacerlo en 2020, 2022 y probablemente sigan perdiéndolo en 2026.