Ignacio Vidal-Folch y una imagen de Las Ramblas
Por qué los catalanes somos más listos
"El extraño filósofo Francesc Pujols predijo que llegaría el día en que los catalanes, por el solo hecho de serlo, lo tendríamos todo pagado. Es una profecía plausible, pero sujeta a dudas"
Cualquier catalán que haya viajado un poco por el resto de España habrá constatado lo que es una evidencia: los catalanes, por definición, somos más listos que los andaluces, castellanos, aragoneses, murcianos, astures, etcétera.
Ese catalán viajero, precisamente porque es inteligente, y la inteligencia es un atributo humano que suele hacerse preguntas y buscar la respuesta correcta, invariablemente se dice: “Esta gente, en general, es buena gente, como yo mismo lo soy, pero sucede que aquí son todos bastante más tontos que yo. ¿Por qué será?".
Yo se lo digo ahora mismo: gracias al bilingüismo.
El recurso constante a una u otra lengua según con quién hables, o qué libro leas en determinado momento, presta a nuestro sistema neuronal, neuronas y sinapsis, una flexibilidad, una ductilidad, una plasticidad suplementaria.
El cerebro, pasando transmisiones eléctricas de un sistema lingüístico a otro, del sistema de neuronas y sinapsis que rige un idioma o rige el otro, no se acomoda en la rutina cómoda, pero reblandeciente, del monolingüismo, sino que se entrena como los músculos en el gimnasio. De ahí que los catalanes seamos más inteligentes que los naturales de regiones españolas que sólo hablan castellano. Esa es la explicación. La avalan serias investigaciones de la universidad de Maguncia y Tuscaloosa (Alabama, prestigiosísima).
Verdades que no se aplican a vascos o gallegos, ya que el gallego es prácticamente idéntico al español, y el vasco es un idioma muy artificial y rudimentario, y además no lo habla nadie salvo para decir "kaixo" y "agur".
Gracias al turismo masivo, con sus exigencias de saber inglés, muchos catalanes dominamos, o por lo menos chapurreamos una tercera lengua. ¡Más conexiones neuronales! No hay mal que por bien no venga.
Por cierto, que el lector que tenga amigos o conocidos políglotas habrá comprobado que pueden ser malas personas, pero nunca del todo tontos, ya que el continuo cambio de idioma los mantiene con la inteligencia abierta a todas horas.
A la inversa, esta ley que se aplica a Castilla, Andalucía y otras regiones desdichadamente monolingües, esa ley que hace que se apoltronen lingüísticamente, y por consiguiente cerebralmente, y por consiguiente hace que sean más simplones… también vale para ciertas regiones rurales de la Cataluña profunda donde los vecinos (¡pobres!), sólo hablan catalán: no gozan de la bendición y de la gimnasia mental que exige el bilingüismo. De ahí que nos parezcan, a veces, un poco (¿cómo decirlo sin resultar ofensivo?), un poco rupestres.
De manera que hay que darle la razón a los catalanistas: tenemos que proteger la lengua catalana, habría que conseguir que todos los inmigrantes o expats que vienen a vivir aquí lo hablen con cierta fluidez. Sí, hay que evitar como sea que se extinga el catalán, pero no por “amor a la propia lengua”, cosa absurda y cursi, sino para que todos, siendo bilingües, seamos más inteligentes.
Por mucho que nos pese que, además de pagar impuestos y tasas y seguros del coche y permisos de circulación y lo que se le ocurra a los gobernantes para sacarte los cuartos, caiga sobre nosotros la tremenda responsabilidad de mantener viva una lengua que pérfidos poderes centralistas han querido anorrear, no hay que dejar que se extinga.
El extraño filósofo catalán Francesc Pujols predijo que llegaría el día en que los catalanes, por el solo hecho de serlo, lo tendríamos todo pagado. Es una profecía plausible, pero sujeta a dudas.
Por el contrario, lo que vengo exponiendo es indiscutible: somos más listos que nuestros vecinos. ¡Gracias al bilingüismo, y a esas vacilaciones (operaciones de la inteligencia activa) que nos asaltan cuando queremos decir, en otra lengua, posar-hi més pa que formatge o ens volen passar bou per bèstia grossa, por ejemplo.
Esa vacilación, ese cuestionamiento de lo que piensas y lo que dices en el mismo momento de formularlo, es la prueba irrefutable de la inteligencia activa. Yo lo noto cada día.