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Jordi Mercader analiza el respaldo de Pedro Sánchez a Zapatero tras la imputación del expresidente

Jordi Mercader analiza el respaldo de Pedro Sánchez a Zapatero tras la imputación del expresidente Europa Press

Pensamiento

Pedro le concede a ZP el beneficio de la duda

"El presidente Sánchez liga así buena parte de su futuro al recorrido judicial que pueda tener la imputación de Zapatero"

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José Luís Rodríguez Zapatero, ZP para todos sus seguidores, ha sido imputado y la izquierda política y mediática no se lo acaba de creer. El PSOE, incluso, se ha saltado su política de prevención de daños practicada en los últimos años al conceder al expresidente el beneficio de la duda.

Pedro Sánchez ha hecho saber que está tranquilo y Patxi López, el portavoz en el Congreso, ha explicado la incredulidad del partido: “En nuestra propia experiencia vital no nos cuadra de ninguna manera que Zapatero ni se haya corrompido ni se haya podido corromper”.

Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. También Zapatero, por descontado, a pesar del auto redactado por un juez como si fuera una sentencia. Al menos hasta la declaración del expresidente, prevista para el 2 de junio, sería imprudente tomar partido.

Sin embargo, el PSOE sí lo ha tomado, contraviniendo su doctrina ejemplarizante ante cualquier indicio de corrupción en sus filas. El presidente Sánchez liga así buena parte de su futuro al recorrido judicial que pueda tener la imputación de Zapatero.

Aunque, leyendo estos días a Iván Redondo, en Moncloa se habrán relajado. “Hay que pasar de Pedro Sánchez a Pedro. Pedro y los españoles”, asegura este experto. O sea, que la victoria electoral del PSOE es cosa de niños, sólo hay que mimetizarse con el clásico “todos me llaman Felipe”.

Zapatero es un referente del socialismo español y de buena parte de la izquierda del PSOE. Algunos lo han calificado de “faro de la izquierda”. Ciertamente, ZP consiguió los últimos grandes resultados electorales del PSOE, en 2004 y 2008, y los observadores más implicados creen indiscutible que su adhesión tardía a Pedro Sánchez tuvo un papel determinante para que este pudiera salvar los muebles y la presidencia en 2023.

Esta devoción explicaría la posición ante su imputación.

Zapatero fue, también, el presidente que no se atrevió a presentarse a la reelección en 2011 por su desgaste por la gestión de la crisis económica y a pesar de haber conseguido que ETA anunciase el cese definitivo de la lucha armada unos meses antes. El PP alcanzó entonces los 185 diputados. ZP fue, asimismo, el presidente que no quiso ver que la modificación del Estatut aprobado por el Parlament reforzaría al soberanismo latente.

ZP fue pues un presidente complejo en una etapa tormentosa cuya imagen ha ido mejorando con el paso del tiempo, a diferencia de sus predecesores.

Poco puede hacer el gobierno en estos momentos. Lo suyo es esperar las explicaciones de Zapatero y confiar que sean satisfactorias para el electorado y para el juez, por muchas sospechas de animadversión que la magistratura despierte entre la izquierda.

En todo caso, podría comprometerse a modificar el estatuto de los expresidentes de gobierno para intentar curarse en salud para el futuro.

La regulación del papel de los expresidentes es del siglo pasado. Tienen la vida resuelta. Una pensión vitalicia, una oficina con personal, seguridad y coche oficial. Si quieren, pueden tener asiento vitalicio en el Consejo de Estado. Sin embargo, rehúyen tanta comodidad. Aznar y Zapatero lo ocuparon por un tiempo y lo dejaron. Resulta que sentarse en el consejo tiene incompatibilidades y ser “sólo expresidente” no tiene ninguna.