Presupuestos catalanes, ¡que intervenga Montserrat!
Presupuestos catalanes, ¡que intervenga Montserrat!
"Entre cantos gregorianos y vistas al macizo, quizá sea más fácil recordar algunas virtudes clásicas del catecismo: la prudencia, la templanza… y, sobre todo, la caridad política"
En la política catalana abundan los gestos solemnes, pero escasean los milagros.
Quizá por eso, ante el pulso presupuestario entre Salvador Illa y Oriol Junqueras, uno empieza a pensar que la Generalitat necesitará algo más que negociadores, técnicos de Hacienda y largas noches de café en el Palau. Tal vez lo que haga falta sea directamente una intercesión celestial.
No sería tan extraño. Al fin y al cabo, ambos protagonistas comparten una devoción que rara vez aparece en los comunicados oficiales: los dos son católicos practicantes y no esconden su afición dominical por el banco de la iglesia.
Illa, formado en ambientes socialcristianos del PSC; Junqueras, historiador y hombre de fe que cita con naturalidad a san Agustín. Con ese currículum espiritual, lo lógico sería intentar resolver el desacuerdo presupuestario por la vía sacramental.
Propongo, pues, una solución institucional que Cataluña, con el grupo Godó y Radio Estel a la cabeza, entendería perfectamente: ¡que intervenga Montserrat!
No sería la primera vez que la montaña sagrada actúa como escenario de reconciliaciones políticas. Bastaría con que el abad convocara a ambos dirigentes a una discreta reunión en la hospedería del monasterio, lejos del ruido parlamentario y de las filtraciones interesadas. Allí, entre cantos gregorianos y vistas al macizo, quizá sea más fácil recordar algunas virtudes clásicas del catecismo: la prudencia, la templanza… y, sobre todo, la caridad política.
Porque lo que ahora contemplamos tiene algo de disputa teológica. Illa quiere aprobar unos presupuestos que transmitan estabilidad institucional y normalidad gubernamental. Junqueras, en cambio, ha decidido plantarse mientras el Gobierno español no concrete un compromiso claro con una exigencia de ERC: la cesión del IRPF a la Generalitat, paso que los republicanos consideran decisivo para avanzar hacia un modelo de financiación cercano al concierto económico.
De modo que la discusión no gira tanto en torno a partidas presupuestarias concretas como a una cuestión de fe política: la confianza en que Madrid cumplirá —o no—con lo acordado con el PSC.
Junqueras exige garantías antes de bendecir las cuentas; Illa, mientras tanto, intenta sacar adelante la legislatura sin plantear un imposible a La Moncloa antes de las elecciones andaluzas. Cada cual defiende su doctrina con fervor casi apostólico, mientras los fieles esperan algún signo de entendimiento.
En Montserrat, sin embargo, las disputas suelen relativizarse. Ante la Moreneta, hasta los debates sobre financiación autonómica adquieren una dimensión más modesta. Quizá bastaría con que el abad les recordara un principio elemental del evangelio político: que gobernar también consiste en pactar.
Quién sabe. Tal vez, después de una comida frugal y un paseo por el claustro, Junqueras descubra que su exigencia es negociable o, al menos, aplazable. Y que, con un pequeño acto de contrición por ambas partes, el acuerdo no requiere milagros. Aunque, tratándose de la política catalana, tampoco estaría de más descartar la intervención divina.