Josep Maria Cortés opina sobre los acuerdos entre Salvador Illa y Oriol Junqueras
Platón entre Illa y Junqueras
"Junqueras acepta el fondo de complicidad intelectual que le ofrece Illa, pero cuando todo parece preparado para el pacto, el líder de Esquerra se levanta de la mesa"
La condición carnal del ser humano es el gran obstáculo para su vida espiritual, tal como consta en el Fedro de Platón. No hay forma de cerrar un acuerdo definitivo entre el Govern y Oriol Junqueras, porque el líder republicano utiliza el ascetismo cristiano para mejorar su condición física.
ERC se estrelló en Moncloa ante Sánchez, y no mueve un dedo a favor de los Presupuestos de la Generalitat si no tiene ligado el traspaso a Cataluña del IRPF, en su totalidad, un imposible regulatorio.
Esquerra siempre ha jugado con dos barajas; la que muestra en Madrid condiciona los plantes que exhibe con la baraja catalana. Participa, eso sí, en los análisis rigurosos de las cuentas públicas: servicios básicos en estado crítico, política de vivienda, revitalización tecnológica y mejora del modelo de Bienestar.
Junqueras acepta el fondo de complicidad intelectual que le ofrece Illa, pero cuando todo parece preparado para el pacto, el líder de Esquerra se levanta de la mesa. Arrastra el peso de la década de desgobierno indepe; no olvidemos que él fue el vicepresidente del Govern entre enero de 2016 y octubre de 2017, en el Ejecutivo más frentista e inoperante de nuestra historia.
Las cuentas de la Generalitat se aprueban casi siempre tarde; algunas veces son rechazadas en el Parlament y en otros casos no llegan a presentarse. Si 2026 tiene Presupuestos, Illa gobernará y quizá algunos tengan miedo de que el president gobierne, porque se verán por primera vez nítidamente las enormes costuras dejadas por los nacionalistas, expertos en el manejo de la imagen, pero nulos en la senda institucional.
Para debatir a fondo, los dos políticos se alejan un poco de la ciudad como lo hicieron Fedro y Sócrates para hablar del amor, el sexo, la muerte el bien y el mal, como lo cuenta Platón.
Mientras la política se ensombrece, Barcelona palpita entre dos épocas refulgentes, separadas por un siglo de distancia: los actuales humanoides del Mobile World Congress 2026 y los autómatas del Tibidabo que, hace 100 años, entusiasmaron a las vanguardias de la Europa danubiana.
La ciudad da para estos dos líderes con calado historiográfico y fuelle doctrinal. Están de acuerdo en los números y las partidas presupuestarias, pero no se comprometen, supongo, a causa de su ordenación presbiteriana. Nada que ver con los números ni con la política económica; cuestión de fe.
Mientras Illa y Junqueras mantienen sus posturas, llega el lobo: S&P advierte que el nuevo modelo de financiación autonómica elevará el déficit del Estado. El edificio se desploma acelerado por la crisis de Oriente Próximo; el Gobierno pierde margen de maniobra y el BCE endurece la política monetaria. El ascetismo de Junqueras se va al garete; el Govern pierde la paciencia. Solo Platón aguantará el tipo entre ambos, si son capaces de inventar un nuevo escenario, conducidos por un auriga equidistante.