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Ignacio Vidal-Folch y una 'senyera'

Ignacio Vidal-Folch y una 'senyera'

Pensamiento

Harto del catalán

"Pago mis impuestos. El 15% del IRPF. Cuido de mi madre. No me vengáis pidiéndome que, además, defienda el catalán. O el sánscrito"

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Desde 1980, o sea, desde el momento en que Jordi Pujol asumió la presidencia de la Generalitat, oigo hablar de que hemos de defender la lengua catalana, yo creo que ya está bien. Son casi 50 años con la misma matraca.

Si la lengua catalana está viva, que se defienda sola.

Las monsergas inacabables sobre la pobre lengua aplastada han servido para dos cosas, una buena y otra mala:

La buena: para financiar y crear una literatura catalana que estaba prácticamente extinguida. Ahora es indiscutible que hay autoras —más que autores— extraordinarias en lengua catalana.

Ahora bien, nadie podrá discutir que la ambición de todas esas autoras es ser traducidas al castellano, por no decir al inglés. Esto es así.

¿Entonces, por qué no escriben directamente en español, o en inglés? Pues por una adhesión sentimental o moral a la lengua de sus ancestros. Lo cual es muy respetable, desde luego.

Luego hay otro motivo: hay 100.000 personajes que viven a cargo de los presupuestos del Estado y que se dedican a proteger el catalán y a denunciar y multar a quien prefiere expresarse en otra lengua.

Todo me parece bien. Vivid de eso, pringados. Yo soy el primero que, cuando alguien me habla en catalán, respondo en la misma lengua.

Ahora bien, que desde hace casi 50 años —¡50!— me vengáis con la matraca de que “hay que defender el catalán” me parece ya excesivo, y un truquito para alimentar a una pandilla de aprovechateguis y de escritores fracasados.

Pago mis impuestos. El 15% del IRPF. Cuido de mi madre. No me vengáis pidiéndome que, además, defienda el catalán. O el sánscrito.