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Jordi Mercader opina sobre los acuerdos de PSC y PSOE con ERC

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Pensamiento

Junqueras, el aliado hiperbólico de los socialistas

"Salvador Illa no es un ingenuo, y tendrá plena conciencia del efecto transitorio y limitado de la cooperación de Junqueras. A menos que él y Pedro Sánchez descubran el secreto de la misteriosa lógica del presidente de ERC"

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Oriol Junqueras exhibe una lógica política misteriosa que, sin duda, Salvador Illa y Pedro Sánchez están intentando descifrar. El presidente de ERC es un adicto a la hipérbole, y los socialistas pretenden explotar el hábito por esta figura retórica de su heterodoxo socio.

El Gobierno de la Generalitat ha cumplido un puñado de los acuerdos recogidos en los 25 folios que aprobaron las bases de ERC para apoyar la investidura de Salvador Illa. No todos, porque la reclamación estrella de Junqueras (financiación singular y gestión integral del IRPF) no estaba al alcance del PSC sin el concurso del PSOE.

Estas exigencias ahondaban la tendencia sucursalista de la política catalana que el mismo Junqueras había denunciado con anterioridad, y el PSC las asumió a pesar de conocer los riesgos implícitos. Porque a la tradicional resistencia del PSOE ante cualquier “singularización” de la autonomía catalana, especialmente si se la pedía el PSC, en esta ocasión había que sumarle la debilidad política de Pedro Sánchez en el Congreso.  

Resultaba evidente que no podía salir del todo bien y así los presupuestos de la Generalitat siguen en el aire. La singularidad financiera de Cataluña, que “debía avanzar hacia la plena soberanía fiscal”, se ha convertido en una propuesta singular en el seno del sistema de financiación común. Una mejora indiscutible que, gracias a la interpretación republicana, se ha podido celebrar como un avance histórico.

El acierto de los socialistas de aquí y de allí es haber entendido que debían aplaudir las hipérboles de Junqueras, aún sabiendo que la matización será inevitable en el trámite legislativo, y que la oposición no les critica ferozmente por lo que dicen los papeles, sino por lo que proclama ERC en su objetivo de afianzarse ante Junts.

Después de aquel hito histórico pendiente de confirmar, queda por solventar el traspaso de la gestión del IRPF a la Generalitat. Esta delegación deberá superar el obstáculo legislativo que la impide y, de conseguirse, la gestión del IRPF pasaría de ser un objetivo singular catalán a una opción para todas las comunidades. Una repetición de la jugada que fortalecería el sistema autonómico, gracias a la colaboración del independentismo pragmático.

De todas maneras, y precisamente por la obviedad de este procesismo autonomista, cualquier día, por cualquier motivo, todo lo conseguido le parecerá poco a ERC; entonces, subrayarán aquello a lo que han renunciado, empezando por la congelada Convenció Nacional per a la Resolució del Conflicte Polític, y reanudarán el baile independentista.  

Salvador Illa no es un ingenuo, y tendrá plena conciencia del efecto transitorio y limitado de la cooperación de Junqueras. A menos que él y Pedro Sánchez descubran el secreto de la misteriosa lógica del presidente de ERC.