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José Antonio Bueno opina sobre la crisis política en España

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Pensamiento

Una bandera rota

"Tenemos una crisis política de primera magnitud. Los dos partidos de Estado se empeñan en enfrentarse y en elevar un muro de incomprensión entre ellos. Esto hace que los extremos crezcan"

Publicada

Se ha hecho viral el desgarro de la bandera nacional en Plaza Colón cuando se estaba izando el pasado 18 de febrero. Es todo un símbolo de cómo tenemos al país.

El anterior jefe del Estado autoexiliado, parlamentarios de un buen número de partidos que no acuden a prácticamente ningún acto institucional, un fiscal general del Estado condenado, el máximo jefe operativo de la Policía Nacional teniendo que hacer frente a graves acusaciones, dos secretarios de organización del partido del Gobierno en prisión preventiva, sucesión de casos abiertos por presunta corrupción, mandatos de instituciones muy relevantes caducados, presupuestos sin aprobar desde 2023… “aderezan” una realidad pésima en nuestras infraestructuras donde tren y carreteras se caen a pedazos y rezamos para que las presas, construidas en su gran mayoría hace más de 50 años, aguanten. Y, de vez en cuando, tragedias a las que las administraciones no suelen responder con la diligencia debida.

Pero esa realidad, triste y oscura, se confronta con otra: la economía crece, la prima de riesgo baja y los extranjeros, tanto privados como institucionales, invierten en nuestro país.

La realidad siempre está llena de matices, es cierto, pero en nuestro caso hay demasiados matices o, tal vez, hay que tomar distancia para entenderla un poco.

Tenemos, sin duda, una crisis política de primera magnitud. Los dos partidos de Estado se empeñan en enfrentarse y en elevar un muro de incomprensión entre ellos. Esto hace que los extremos crezcan y, por un mero cambio de ciclo, ahora toca que crezca la derecha.

La eclosión de la nueva izquierda con el movimiento del 15M de 2011 ya ha tenido tiempo para gobernar, y el globo se ha deshinchado. Los intentos por unir a las 14 izquierdas probablemente queden en nada, porque ERC no cederá a los Comuns sus escaños en Barcelona, ni Podemos querrá saber nada de IU o de Sumar: primero los sillones, luego las ideas.

Al otro lado, a pesar de las serias crisis dentro del partido, no les hace falta ni programa ni líderes, que no sea el nacional. Son un imán para el voto protesta y con tres ideas fuerza tienen bastante. El frentismo nos lleva a la parálisis, que ahora se traduce en la incapacidad de elaborar presupuestos, haciendo de la supervivencia en el Gobierno un fin en sí mismo.

Estamos, probablemente, ante un fin de ciclo. Y, lo mismo que el felipismo no acabó nada bien con sucesivos escándalos, o el PP tuvo que tragarse el sapo de Gürtel --digestión aún no finalizada porque en primavera se vienen juicios pendientes--, el sanchismo se ve envuelto ahora en escándalos de todo tipo y condición, resultado de su longevidad en el poder y, también, de su manifiesta debilidad, que facilita que se publiquen día sí, día también, noticias negativas.

Independientemente de esta crisis política, tenemos una crisis en infraestructuras. Hemos construido como si no hubiese un mañana, pero ese mañana ha llegado, y nos ha pillado sin los deberes hechos. Hay que dejar de inaugurar y hay que mantener. Es menos agradecido, salvo cuando como ahora hay una tragedia y se evidencian carencias de lustros de no haber hecho los deberes, ni unos ni otros.

Pero ante ese espectáculo sombrío, la economía, la macroeconomía, no va mal. El incremento de población por una inmigración desatada, unido al desajuste de precios de varios años de inflación, nos llevan a una realidad estadística que no siempre se corresponde con la realidad social. Es cierto que España crece más que la media, pero también lo es que los salarios medios pierden poder adquisitivo y las desigualdades sociales crecen.

Y, para acabar la foto, el crecimiento del PIB “disuelve” la ratio de deuda, porque la deuda sube, pero también lo hace el PIB. Además, el no deflacionar el IRPF hace que el Estado recaude más sin hacer nada, por lo que la deuda es menor. Hemos pasado del 124% de deuda sobre PIB en 2021 a poco más del 100% en 2025.

Eso, unido al crecimiento del PIB, hace que nuestra deuda soberana baje de precio, porque ha mejorado la calificación crediticia del Estado. Recientemente, la prima de riesgo llegó a un mínimo de 36 puntos básicos, cuando en 2012 superó los 600. Para los inversores, invertir en deuda de España tiene menos riesgo que hacerlo en deuda de Francia, Italia, Reino Unido o Estados Unidos.

Así tenemos la macro bien, lo micro regular y lo institucional, fatal. Podemos acostumbrarnos a vivir de espaldas al Estado, como durante muchos años ha hecho Italia, o desde siempre México, pero ni estamos acostumbrados ni nuestras empresas son tan sólidas y grandes.

Además, las pensiones, la sanidad, la educación, el transporte, son materias donde el Estado tiene mucho que decir. España tiene un potencial que nuestros políticos nos roban con sus acciones o sus omisiones. Podíamos ser un referente, y somos un país que simplemente sobrevive.