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Un electricista

Un electricista Europa Press

Pensamiento

Cuando la IA lo sabe todo, el valor vuelve a estar en quien arregla lo que se rompe

"El trabajo con futuro no es necesariamente el más intelectual, sino el más real"

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Intente encontrar un electricista con poca antelación. O alguien que le cambie el pistón de la puerta del garaje. La escena es conocida: llamadas sin respuesta, agendas llenas durante semanas y un precio por hora que ya no se discute. Se acepta. Porque la alternativa es convivir con el problema. 

En ese mismo país, un docente con doctorado, años de formación académica y una trayectoria impecable cobra —si se mide por hora efectiva— menos que muchos profesionales manuales.

No es una crítica ni una reivindicación corporativa. Es una constatación económica. Y no es una anomalía puntual, sino una señal de fondo

La inteligencia artificial está acelerando un reajuste profundo del valor del trabajo de forma abrupta. En pocos años, ha aprendido a escribir textos coherentes, analizar datos, generar informes, preparar campañas de márketing, programar código funcional y resolver tareas.

Hoy, una sola persona apoyada por herramientas de IA puede realizar tareas que antes ocupaban a varios trabajadores.

La tecnología no sustituye al talento sénior ni al criterio estratégico. Pero elimina gran parte del trabajo intermedio y repetitivo sobre el que se construían muchas carreras profesionales.

Cuando una habilidad se vuelve abundante, su valor cae. Eso es lo que está ocurriendo con gran parte del trabajo intelectual estandarizado. 

Mientras tanto, ocurre lo contrario con aquello que no se puede automatizar ni deslocalizar.

El mercado ya ha hecho su propio ranking, aunque incomode.

Las profesiones con mayor poder de negociación son las que hoy presentan escasez, listas de espera y precios crecientes.

Los electricistas, fontaneros, carpinteros, técnicos de mantenimiento, instaladores, personal sanitario o cuidadores trabajan en entornos físicos, imprevisibles y profundamente humanos. No se escalan con un algoritmo. No se sustituyen con una actualización de software

En España, muchos de estos profesionales superan con facilidad los 2.500 euros mensuales cuando trabajan por cuenta propia o en sectores especializados.

Los datos del mercado laboral confirman esta tendencia: los oficios cualificados manuales se sitúan entre los perfiles con mayor salario medio ofertado y mayor tensión por falta de candidatos.

Su precio por hora compite, y a menudo supera, al de ingenieros, informáticos o perfiles de márketing con titulación universitaria.

No porque unos valgan más que otros, sino porque la escasez manda y la utilidad inmediata se paga

Esa escasez no afecta solo al día a día doméstico. Compromete también la transición energética y la digitalización.

Sin profesionales capaces de adaptar edificios e infraestructuras, ningún plan verde ni estrategia digital puede ejecutarse de verdad. 

Durante décadas se construyó un relato que identificaba progreso con universidad y fracaso con oficio.

Ese relato ha generado una inflación de títulos y una frustración silenciosa entre muchos profesionales. Además de una falta alarmante de trabajos esenciales para el funcionamiento cotidiano de la economía.

Desde el punto de vista de la sostenibilidad del sistema, el desequilibrio es evidente. 

Una economía no se sostiene solo con conocimiento abstracto, ni con presentaciones impecables o código elegante.

Se sostiene con capacidad real para mantener infraestructuras, reparar lo que falla, cuidar a las personas, adaptar lo existente y responder ante lo imprevisto.