Illa apuesta por la política en mayúsculas. ¿ERC, Comunes y Junts, también?
Illa apuesta por la política en mayúsculas. ¿ERC, Comunes y Junts, también?
"Ahora toca exigir inversiones, retorno a la normalidad y garantizar el músculo de los servicios. Y para hacerlo nada mejor que aprobar presupuestos. Comunes y ERC deben asumir su papel. Los Comunes ya lo han hecho."
Salvador Illa ha vuelto. De hecho, a pesar de la enfermedad que lo ha tenido un mes en fuera de juego, nunca se fue. A las 8 de la mañana de este lunes volvió a ponerse al timón. Sonriente, y sin muletas, lanzó dos mensajes muy claros en su primer día. En el fondo y en la forma.
En la forma, realizando un discurso institucional sin pelos en la lengua. “Sé lo que Cataluña necesita. Sé lo que los catalanes y catalanas reclaman. Sé lo que hay que hacer”. Enfundado en su traje de faena dio su receta: “El Govern está plenamente dedicado a preparar mejor el país, a reforzar todos los servicios y todas las infraestructuras necesarias, a dedicar todos los recursos que sean necesarios”. Es decir, más dinero, más atención y gestión y, sobre todo, determinación. En el fondo, lo vimos en su primer acto oficial.
La vivienda estará en el centro de la agenda. Firmó un acuerdo con la Conferencia Episcopal Tarraconense que cedió patrimonio inmobiliario para vivienda social. Por si fuera poco, el jueves firmó un acuerdo de
presupuestos con los Comunes.
La ausencia de Illa estuvo marcada por el accidente de Gelida, el caos de Rodalies, inundaciones y una ventada de categoría. Ha sido patético ver y oír a la oposición en pleno tirarse al cuello del president.
Más si cabe a Junts y a ERC como si ellos no tuvieran nada que ver. Lo de Puigdemont parecía una tira de comic. Y patético fue oír quejas de quienes protestaron por la precaución desmedida durante el fenómeno de vientos huracanados.
Protestaron porque en su pueblo no hizo aire que justificara el teletrabajo y que las escuelas estuvieran cerradas. Protestaron alcaldes como Lluc Salellas de Girona o Jordi Masquef de Figueres, amén de la patronal Foeg que puso el grito en el cielo por las pérdidas que sufrieron las empresas porque la gente no fue a trabajar.
No escuché, ni consta ninguna protesta, a la patronal Foeg protestar en 2017 y 2018 por las continuadas huelgas y paros de país -una formulación propuesta desde la astucia- para favorecer la independencia. Tampoco consta que Salellas y Masquef se pusieran las manos en la cabeza para lamentar ese absentismo. 86 heridos hubo que lamentar.
Seguro que hubieran sido muchos más si no se hubiera pecado por exceso. Los que abogan por pecar por defecto son unos irresponsables. Si hubiera pasado algo grave señalarían al Govern. Como no ha pasado y se ha controlado la situación, aunque en su calle el aire fuera asumible, también señalan al Govern. Salellas, sobre todo, vive bajo el síndrome Paneque.
Le ganó las elecciones, su gestión es manifiestamente mejorable en la ciudad de Girona y todo vale para atacarla. Eso se llama oportunismo y demagogia. Y lo de Foeg todavía más. Su comunicado era un alegato de su mediocridad.
Al presidente “se li gira feina”. No le debe temblar el pulso. Y no parece. Ni moción de confianza, ni crisis de gobierno. Fue contundente y creo que no le falta razón. Los problemas no los ha generado él, que lleva solo un año y medio, pero a él le toca dar soluciones. Los que más ladran son los que tienen más que callar, pero la política que nos ha tocado vivir es así.
Ahora toca exigir inversiones, retorno a la normalidad y garantizar el músculo de los servicios. Y para hacerlo nada mejor que aprobar presupuestos. Comunes y ERC deben asumir su papel. Los Comunes ya lo han hecho.
No vale ponerse de perfil. No hacer nada da vida y fuerzas a la ultraderecha, la que sea. Da igual en que bandera se envuelva. Hay que escuchar las reivindicaciones y las inquietudes de la ciudadanía e implementar políticas.
No vale ponerse estupendos. Un pacto de mínimos en los presupuestos es posible. No se trata de salvar a Illa, se trata de salvar a Cataluña. En la forma, con los servicios con garantías, y en el fondo para rechazar el populismo neofascista, tanto el catalán como el español.
Illa está dispuesto a llegar a un punto de encuentro. Los Comunes y los republicanos deben estar a la altura. Sino, Illa siempre puede dar un puñetazo encima de la mesa y convocar elecciones, como apuntaba en estas páginas Xavier Salvador. No es lo deseable a mi modesto juicio.
Lo suyo es un acuerdo de las izquierdas y tampoco sería desdeñable que Junts dejará de jugar al cuanto peor, mejor, porque es una tesis falsa. Al final, Junts dejará que se tramite el proyecto de financiación en el Congreso para presentar enmiendas como pide el sector económico y empresarial, incluida la Fira.
Aunque, aprovecho para preguntarme que leches hace la Fira, una institución, opinando como patronales o entidades. Es una institución y debe quedar fuera del debate político. Si su presidente quiere opinar que
opine, pero que deje la Fira. Eso sería lo sensato. No me imagino a Pere Navarro, presidente del Consorci de la Zona Franca, opinando de lo divino y de lo humano.
Y si Junts quiere jugar en Madrid, que juegue en Cataluña. Porque ponerse estupendos no conduce a nada y sino que miren las encuestas. La única fórmula para parar a la ola de ultraderecha es hacer política con mayúsculas. Illa les ha invitado a hacerla. Les toca a Junts y ERC estar a la altura del president. ¿Sabrán hacerlo?