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Ramón de España opina sobre el burka

Ramón de España opina sobre el burka

Pensamiento

El burka es una salvajada

"Con su peculiar sentido de la coherencia, Rufián votó dos días antes en el Congreso, del que pensaba huir a los 18 meses y lleva ya diez años, en contra de la prohibición del burka en el espacio público"

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Y no lo digo yo (que también), sino Gabriel Rufián, el hombre llamado (aunque no se sabe por quién, a tenor del éxito de su iniciativa, que no respalda ni su propio partido) a unir a todas las izquierdas españolas situadas a la izquierda del PSOE. Nuestro hombre soltó esta perla en su puesta de largo junto a un comunista y una chica que, según dicen algunos, es mitad tonta y mitad tetas (mucho fascista suelto es lo que hay).

Con su peculiar sentido de la coherencia, Rufi votó dos días antes --en ese Congreso del que pensaba huir a los 18 meses de estancia, y en el que ya lleva diez años-- en contra de la prohibición del burka en el espacio público. Probablemente porque la propuesta era de Vox y a la extrema derecha no hay que darle la razón ni cuando, sorprendentemente, la lleva. A ver qué hace cuando Junts, partido progresista e izquierdista donde los haya, le salga con las mismas.

Como podemos ver, Rufi opina una cosa y la contraria, dependiendo del día. Y aunque ya no es independentista, se esfuerza en seguir pasando por tal para que no se le acaben de rebotar los mandamases de ERC en Barcelona.

Dada su línea de pensamiento, supongo que también está a favor y en contra de los mal llamados crímenes de honor, la ablación del clítoris, los matrimonios arreglados y todos esos asuntos que ocupan la mente de un ciudadano de bien.

Por lo menos, Rufi ha dicho que el burka le parece una salvajada, aunque lo haya hecho en un mitin y no en sede parlamentaria. Pero el resto de nuestra (presunta) izquierda alternativa se ha limitado a condenar la propuesta de Vox por racista, aportando incluso argumentos seudo feministas (ya saben, la vieja trola de que las mujeres musulmanas disfrutan yendo por la calle disfrazadas de bolsa de basura).

Las belarras, las monteros y las colaus de ese inframundo han llegado a comparar a las mujeres encerradas en un burka con los nazarenos de nuestra Semana Santa (o con Uclés y su boina, ya puestos). Hay que ver lo que les cuesta reconocer lo evidente: que el burka es un invento machista a más no poder que denota, además, el miedo que el mundo árabe le tiene a la hembra de la especie y que conduce inevitablemente al maltrato que ésta sufre en nombre del Islam.

El argumento más peregrino que he oído al respecto es el de que si prohibimos el burka, la pobre mujer musulmana no podrá salir de casa por prohibición expresa del cazurro de su marido. Es decir, que hay que optar por el mal menor (cruzarnos por nuestras calles con bolsas humanas de basura) para que las mujeres islámicas puedan disfrutar de la luz del sol (que tampoco les llega mucho, con tanto refajo). ¿Y no sería mejor detener y deportar a esos maridos infames para que dejen de amargarles la existencia a sus sufridas esposas?

El burka es indefendible en todas partes, no solo en Occidente. Todos los países árabes que lo imponen deberían ser bombardeados de manera inmediata en nombre de la humanidad. Pero, como tal cosa plantea ciertos problemas diplomáticos y de derecho internacional, lo menos que podemos hacer es plantar cara a las prohibiciones absurdas del Islam en nuestros territorios, en vez de optar por una supuesta tolerancia que solo sirve para envalentonar a lo peor de nuestra inmigración.

No hace falta ser una matamoros de extrema derecha como la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, para darse cuenta de que hay ciertas cosas del Islam que no tienen cabida en la sociedad occidental. Y habría que decirle con educación al islámico medio que, si quiere llevar a su señora disfrazada de bolsa de basura, le bastaría con regresar a su país de origen, donde podría volver a morirse de hambre, pero con la alegría que causa saber que es un musulmán como Alá manda, y que la vida eterna rodeado de huríes no se la va a quitar nadie.

Que se denuncie (con razón) la xenofobia, la homofobia y demás lacras sociales, pero se haga la vista gorda con el burka es algo que resulta difícil de entender, como reivindicar un feminismo al que se la soplan las matanzas en Irán o Afganistán.

Tal vez por eso, nuestra (presunta) extrema izquierda cuenta cada día con menor apoyo social, mientras contribuye con su estupidez a engrosar la bolsa de votantes de Vox y la de los abstencionistas (que es el nuevo partido en el que militaré a partir de ahora, tras el éxito alcanzado con el PSOE o Ciudadanos).

Si Rufián ha tenido la brillante idea de aglutinar a todo el pogresismo español es porque éste, si se me permite la catalanada, va por el pedregal (aparte de para medrar, claro está). Pero Rufi, por lo menos, acierta una vez de cada dos, lo que le convierte en el tuerto en el país de los ciegos.

Si eso le va a servir de algo, no lo tengo tan claro. Y si el PSOE es una vergüenza para los cuatro socialdemócratas que quedamos en España, lo que tiene a la izquierda es el ejército de Pancho Villa o, directamente, la Banda del Empastre.