Vistas de Barcelona
Del Port Vell al Florida
"Puigdemont es como el Barça de Hansi Flick, veloz en el contrataque y habsbúrgico en la construcción"
Barcelona no tiene distrito financiero. Los astilleros del Port Vell rebosan de embarcaciones de recreo a la espera de que escampen las nieblas y las granizadas, para retozar bajo el sol de invierno.
La política encalla en las redes ferroviarias y solo llegan ecos del desahucio socialista aragonés, cita electoral victoriosa del bloque PP-Vox, 2026.
La candidata del PSOE, Pilar Alegría, vende humo ante Mazón, linaje baturro y poco más; señora de virtud analítica sin mala gaita; dama de adentros sin adornos innecesarios, despierta en Teruel y Huesca, pero sumisa en Zaragoza, la capital de la Vieja Corona de Caspe que inventó España con la ayuda del mejor de los Trastámara, Fernando.
Mientras Moncloa dirige una amplísima arquitectura de justificaciones nacionales sobre el desastre viario, el Congreso ve pasar bajo un puente la regularización de 600.000 inmigrantes. ¡Felicidades, hermanos! Pero el último vagón del Bienestar se estoza cuando el PSOE propone en el Congreso un incremento de las pensiones rechazado por el PP y refutado por Junts.
Feijóo jura por tercera vez, como Judas, que su partido nunca ha bloqueado las subidas y que el PP siempre ha propuesto incrementar los subsidios de la tercera edad con arreglo al crecimiento del IPC. Una mentira tan larga y puntillosa como la nariz de Pinocho.
La posverdad de siempre en manos del político natural de la Ribera Sacra, dispuesto a defender el margen derecho de los cayos atlánticos; paladar de buen centollo y mejor ribeiro, en plena muerte de la ostra gallega, antaño tempranera en el Madrid-ombligo de Recoletos, San Martín, O’Pazo y Magdalena.
Puigdemont tampoco está por la subida de las pensiones. Será que no ha cotizado en los años del destierro o, no será por eso, ya que a los expresidents les corresponden unas no contributivas de aquí te espero.
Puigdemont es como el Barça de Hansi Flick, veloz en el contrataque y habsbúrgico en la construcción. Le cuesta menos hablar que pensar lo que le conviene decir.
Muy pronto, en carnaval, volverán a la calle las miradas opalinas de párpados caídos, y la panda de Junts asaltará el Eixample de pedrería y tamiz, con blasones de la Cataluña milenaria y banderitas esteladas colgadas de la charretera, a costa de sudor, vigilia y escozores.
El mar se come los vetustos adoquines que sostienen la Torre de Jaume Primer, el puente levadizo del exalcalde Joan Clos y el antiguo gasómetro del paseo Nacional. La Diagonal atraviesa ínsulas pobladas de aseguradoras, o editoras (Planeta); sostiene el edificio Atlantic del Banco Sabadell, las Torres Negras de La Caixa o la pieza noucentista de Mediolanum, muy cerca de la noble puerta gaudiniana de la Finca Güell.
Hay actividad, pero nos falta un skyline concentrado, compatible con la Sagrada Família, vista desde el ojo del águila del Tibidabo, la soberbia terraza del Hotel Florida del doctor Andreu. Es la sede del pato, los reservas y otras delicias del lujo sobrio con instalaciones modernas de último grito; muestra el porte veneciano del Reina de Hungría, vencido un día por el sopor del Adriático.