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Jan Morris

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Pensamiento

Volver atrás

"A veces me preguntan si, en el caso de poder viajar atrás en el tiempo, cambiaría algo en mi vida: la respuesta es que sí"

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A veces me preguntan si, en el caso de poder viajar atrás en el tiempo, cambiaría algo en mi vida. La respuesta es que sí: hubiera postergado mi retorno a Barcelona y alargado unos años más la aventura de vivir en el extranjero.

Me hubiera gustado seguir siendo corresponsal o dedicarme a la literatura de viajes, una especialidad con escasa salida comercial, pero que a mí, creo, se me daba bastante bien.

El caso es que no fue así. Regresé a casa y busqué otras maneras de ganarme la vida escribiendo sin necesidad de deambular. Y me salió más o menos bien, aunque, hoy por hoy, sigo sintiendo envidia sana cuando leo las crónicas de mis compañeros periodistas esparcidos por el mundo o los posts en Instagram de mis amigos expatriados.

Incluso he llegado a sentir envidia de un personaje de ficción, Chiamaka, una de las tres amigas de treinta-y-largos que protagonizan la última novela de Chimamanda Ngozi Adichie, Unos cuantos sueños (Penguin Random House, 2025).

Chiamaka es una nigeriana de familia acomodada residente en Estados Unidos que decide convertirse en escritora de viajes y contar sus aventuras desde la perspectiva de una “pija” africana.

No obstante, sus crónicas, algo frívolas, no convencen a las editoriales de Nueva York o Londres: como autora nigeriana, el mundillo intelectual de Occidente solo quiere publicarle historias con el foco puesto en victimizar a los africanos o denunciar injusticias y conflictos.

“Yo lo que quiero es escribir anécdotas de viaje ligeras y divertidas, y para mi editora solo soy una africana que debería escribir sobre luchas”, se queja Chiamaka a uno de sus novios frustrados (la novela también va de la dificultad de las mujeres inteligentes y formadas para encontrar pareja).

Gracias a Chiamaka he descubierto además a la escritora de viajes británica Jan Morris (Clevedon, Somerset,1926-Pwllheli, Gales, 2020), que tuvo una vida fascinante y ya tengo ganas de leer.

Además de ser una periodista y escritora prolífica, Morris, nacida James Humphry Morris, fue también soldado del ejército británico y una de las primeras figuras de alto nivel en cambiar de sexo y reconocerlo públicamente (escribió un libro sobre ello, Conundrum, publicado en 1974). 

“Cuando era pequeño, los barcos me fascinaban, quería ver adónde iban. Pero el viajar en realidad empezó con el ejército y la guerra. Así comenzó todo. A los 17 años ya estaba en el ejército, y el ejército me hizo viajar, todo un Grand Tour de uniforme: Italia, Egipto, Palestina, Malta, Austria. Era oficial de inteligencia en mi regimiento y tenía que observar y escribir informes”, dijo Morris al periodista Jacinto Anton en una entrevista con El País, en julio de 2007.

Luego llegó el periodismo: como corresponsal siguió viajando —obtuvo su primera gran fama como corresponsal de The Times cuando fue la única periodista acompañante de la histórica expedición británica al Everest en 1953, enviando la primicia de la conquista de la cumbre el mismo día de la coronación de la reina Isabel II —y escribiendo no ficción: sus más de 40 libros publicados abarcan ensayos, historia, memorias, ficción y retratos de ciudades como Venecia, Oxford, Trieste o Hong Kong, muchos de ellos considerados clásicos del género, y su trilogía Pax Britannica es una de las mejores historias del Imperio británico que se han escrito.

“No tengo ninguna filosofía del viaje como algunos colegas escritores. Viajar es simplemente parte de mi vida, como respirar. Es un gran placer, uno de los mayores. Pero siempre escribo, no viajo sin escribir”, dijo a El País.

Ella misma decía que prefería el término “writer who travels” (una escritora que viaja) porque su obra iba más allá de describir itinerarios: su objetivo era captar el espíritu y la vida de los lugares y las personas que encontraba.

Y una de las conclusiones a las que llegó me parece de lo más acertada: “El patriotismo, el amor de uno por su propia gente o por el propio país, me sigue pareciendo una emoción noble, pero, a mi juicio, el nacionalismo no se ha convertido más que en un estrecho y ofensivo chovinismo basado en tonterías”, escribe en su libro Trieste, o el sentido de ninguna parte (Gallo Nero editorial, 2017).

Ojalá un día se convierta en un superventas.